La galaxia comunicativa (2): códigos y lenguajes

Gruñidos, ladridos, aullidos, gañidos. Sonidos bucales. Gritos y alaridos. Descargas eléctricas. Emisiones olorosas. Pitidos, tañidos, timbres y toques. Luces de colores y destellos. Humo. Dibujitos. Roces y movimientos corporales. Braceos con palas y banderolas. Gestos oculares, bucales, nasales. Objetos que están o que se mueven. Iconos y pictogramas. Símbolos y señales. Banderas y gallardetes. Escudos, galones, estrellas, emblemas. Voces y fonemas. Vocales y consonantes. Parejas y tríos de letras. Tildes. Palabras y expresiones. Números y numeraciones. Acrónimos. Signos minimalistas. Notas y claves. Flores, plantas, árboles. Puntos, recuadros y espacios. Signos disfrazados de signos. Líneas, flechas y formas. Diagramas. Silencios, tonos y volúmenes. Vestimentas. Movimientos de cámara. Pinceladas. Ángulos y enfoques… Y reglas. Y normas, muchas normas. Y orientaciones. Y criterios de uso. Y referencias… Porque de signos y reglas se componen los códigos, y con códigos, normas, consejos y referentes se conforman los lenguajes. En esta entrada, segunda de esta galaxia comunicativa, se enumeran tipos de códigos y lenguajes, con una rebosante guarnición de ejemplos.

La galaxia comunicativa (1): comunicación y signos

La comunicación, como acto humano, pero también realizado por animales e incorporado por la mente humana a las posibilidades de ciertas máquinas, es observada y estudiada desde múltiples ángulos, protagoniza numerosas situaciones y da lugar a actuaciones muy diversas. Pocos fenómenos generan tantos conceptos, son miradas desde su órbita por tantas disciplinas, dan lugar a mayor cantidad de campos de estudio, son objeto de tal número de normas, reglas y pautas de orientación, se apoyan en tan amplio y variado repertorio de recursos, habilitan un número tan alto de actividades y llenan de contenido tanta literatura deseosa de explicar sus modos y  funcionamientos. Y es lógico, porque la comunicación es la base de la la expresión, la relación y la interacción, ni más ni menos que lo que da sustancia a nuestro empeño, tan voluntario como necesario, de crear y compartir información, opiniones, visiones, reflexiones y diagnósticos, de dar y buscar apoyo, de ofrecer y obtener colaboración. Este post inicia una lista de casi todo lo que estudia y es estudiado a propósito de la comunicación, empezando por los conceptos, las modalidades y la materia prima: los signos.

El acto comunicativo: elementos

La comunicación se produce en situaciones distintas y de modos diferentes. Un esquema habitual es este: una persona, que desea transmitir una idea a otra, elabora un mensaje combinando unos signos (verbales o no verbales), lo lanza por algún canal adecuado (hablando, por correo, por teléfono, por mensajería…) y espera hasta que el receptor lo descifra e interpreta, lo que puede suceder en el mismo momento o de modo diferido. Pero no siempre sucede así. También los animales se comunican, y a veces las máquinas. Puede que no haya receptor, o que el previsto no entienda el mensaje —porque no conoce el código o no lo interpreta correctamente—, o que sea uno imprevisto, o que haya más de uno. Incluso es posible que el receptor sera el propio emisor, y no solo porque desde el medio le devuelvan el mensaje por no haber encontrado destinatario, sino incluso porque el mismo emisor lo escuchará y procesará siempre, y  hasta es posible que lo emita solo para sí mismo, para escucharse, reflexionar, divertirse o ensayar. Por ello, podemos decir que la esencia de la comunicación estriba en la intención. Si alguien quiere comunicarse, construye un mensaje y lo pone a disposición de alguien, ya estará creando un acto comunicativo. Tanto si tiene éxito como si fracasa.

Gramática, ortografía, tipografía, ortotipografía, diseño…

¿Cuando decidimos presentar una palabra en cursiva o escribirla en mayúsculas estamos tomando una decisión ortográfica, una tipográfica o una caligráfica? ¿Cuál es el ámbito de la decisión si se coloca un fragmento de texto entre comillas o se marca una expresión en negrita?: ¿estaremos haciendo diseño editorial, metiéndonos en la ortografía, moviéndonos solo dentro de las posibilidades de la tipografía u horadando ya los territorios de la gramática? ¿Y donde ubicamos aquí la ortotipografía? ¿Es la suma de ortografía y la tipografía o se trata de una norma que planea sobre esos dos ámbitos con pretensiones normativas? ¿Y qué pasa con otros signos, como los guiones, las rayas, los cuadritos o los circulitos de las enumeraciones, o con los iconos y pictogramas, los gráficos y las imágenes? ¿O con los emoticonos, tan de moda actualmente especialmente entre los ‘escritores’ más perezosos?…  Aquí no doy respuestas: solo planteo preguntas, abriendo camino para el contenido de la entrada que vendrá después de esta, que estará llena de definiciones sobre diferentes disciplinas y campos de estudio y regulación en el mundo de la comunicación (hablada y, sobre todo, escrita).

Modos de resaltar, enmarcar y enfocar texto

Desde tiempo inmemorial se ha recurrido en la escritura a modos diferentes de presentar texto con el propósito de destacarlo en el espacio en el que aparece. Ello se ha logrado mediante variedad de formas en el diseño caligráfico, alterando el tamaño de las letras, optando por letras de caja alta o baja, practicando inclinaciones diferentes en la línea, variando el grosor del trazo (en todo un signo o solo en ciertas zonas de este, en letras, palabras, frases…), eligiendo diferentes fuentes de letras y números (variedades tipográficas), modificando su color, insertando signos auxiliares, habilitando fondos, tablas y pequeños contenedores… Esos recursos nos han servido y nos sirven para que letras, palabras, expresiones, enunciados y párrafos llamen la atención, se lean con más facilidad, expresen su jerarquía informativa o destaquen de las que le rodean…, pero también para resaltar o enfocar esos elementos textuales a fin de que su lectura nos sugiera matices añadidos o interpretaciones alternativas. En esta entrada repaso algunos de esos modos de destacar fragmentos de texto en los escritos y ubicarlos con criterio junto a otros elementos.

Punto y coma: funciones, reglas y criterios de uso

El punto y coma es un signo delimitador con funciones que están a medio camino entre las asociadas al punto y las que corresponden a la coma. Generalmente marca una pausa mayor que la de la coma y menor que la del punto; no separa como este enunciados, pero sí ordena oraciones; y, al igual que la coma, clarifica grupos gramaticales dentro de las frases. Es muy útil, podríamos decir que incluso necesario, cuando se coordinan o enfrentan elementos complejos, que incluyen incisos con comas (rayas, paréntesis…), ya que así clarifica en la lectura qué componentes pertenecen a cada idea expuesta y ayuda a frasear correctamente. Pero tiene también otros usos. A pesar de que admite mayor subjetividad en su gestión que otros signos, es menos flexible que la coma y el punto en la escritura creativa que bordea las reglas. Y aunque en algunos supuestos es estilísticamente alternativo del punto, de la coma o incluso de los dos puntos, hay lugares en las frases en los que tiene reservado un sitio y ninguna otra puntuación puede ofrecer lo que aporta. Y es que, aunque un buen escritor armado de una paleta llena de puntos podría prescindir con facilidad de este signo, si lo utiliza, lo hará solo donde proceda.

Puntos suspensivos (2): casi todos los usos y funciones

De las funciones que pueden cumplir los puntos suspensivos, algunas son de ajuste normativo o de estilo, a la búsqueda de agilizar la lectura o limpiar lo expuesto para así conseguir concisión o adecuación del mensaje, mientras que otras responden a una decisión comunicativa del autor, cuando se expresa directamente o a través de un narrador, o en escritos en los que refleja el habla de personajes. En estas funciones creativas, los puntos suspensivos pueden encerrar, incitando a que se descrifren, o exhibir de modo tácito, económico, sin mención alguna, muchas ideas, sentimientos, emociones, dudas, reacciones, reflexiones, decisiones comunicativas, modos de expresión, recursos retóricos, tiempos reales o simulados, consecuencias… Incluso a veces nos ayudan a vislumbrar indicios de la comunicación no verbal. Los puntos suspensivos son algo más que una puntuación en el texto: funcionan como pequeños contenedores que pueden ocultar y sugerir más de lo que en una primera impresión supondríamos.

Puntos suspensivos (1): criterios de inserción

Este signo de puntuación es muy utilizado en todo tipo de textos. Sirve para omitir una parte de este, sugiriendo que hay más información, aunque no se exponga, y para reflejar pausas del habla. Se trata de un recurso, el de esconder texto, que puede responder a intenciones muy diversas. Algunas son expresivas y otras solo se vinculan a reglas de presentación y estilo. Esta entrada, la primera (de dos) dedicada a este signo, da cuenta de los criterios que se siguen para insertarlo en los textos junto a palabras y a otros signos. Su ubicación en el texto puede ser muy diversa, al inicio, en medio o al final de oraciones, enunciados o párrafos, pero también entre párrafos distintos, y puede aparecer solo, pegado a palabras o adherido a otros signos, pero también flanqueado por dos escoltas en forma de corchetes o paréntesis. Dominar su uso es muy importante para cualquier redactor, tanto como resistir la tentación de sembrarlo en los escritos de modo arbitrario, incurriendo en el abuso.