La galaxia comunicativa (6): lenguas en uso

De dominar una lengua alardean muchos, pero… ¿qué supone ello en realidad? ¿Hablarla, pronunciarla correctamente, entender a hablantes nativos, leerla, escribirla…? Aunque hay cada vez más gente que en su perfil profesional asegura dominar varios idiomas, la mayoría nos manejamos bien en uno, por ser generosos. Generalmente, es cierto, atesoramos conocimientos de otros idiomas diferentes al propio por afinidad o cercanía, por haberlos aprendido hasta cierto nivel en el colegio o haber ahondado en ellos en cursos posteriores, por estancias formativas o profesionales, por cambios de residencia… Y, por supuesto, existen personas que se conducen con soltura en más de una lengua e incluso hay hablantes y escritores multiilingües que utilizan varias idiomas en un grado que supera con creces la mera suficiencia comunicativa. Y es que las lenguas se hablan más o menos por diferentes factores: tratarse de nuestros idiomas maternos; ser dominantes o minoritarias en un territorio; estar más o menos extendidas en el mundo; sufrir amenazas, estar aisladas o hablarse en territorios vecinos; mantener parentescos con otras lenguas vivas; tener en algún ámbito carácter vehicular; evidenciar su utilidad como herramienta comunicativa…

La galaxia comunicativa (5): lenguas o idiomas

Los idiomas son el lenguaje humano por antonomasia. Progresan o se mantienen, y a veces declinan o desaparecen. Todo depende de sus dueños, los hablantes, pero también de cómo las traten los poderes públicos. Todos hablamos al menos una lengua. No siempre con fluidez y perfección técnica, porque no todo hablante tiene habilidades oratorias y suficientes conocimientos gramaticales, pero con ella nos comunicamos. Y casi todos —salvo quienes son analfabetos, algo que por desgracia aún ocurre en sociedades poco desarrolladas— escribimos en un idioma, aunque sean legión los que lo hacen con dificultades. También hay quienes hablan dos lenguas: una principal y otra secundaria. Es más frecuente que se domine una y se use dignamente la otra, pero podemos encontrar en ocasiones a algún bilingüe perfecto. Asimismo, hay hablantes de más de dos lenguas, aunque, sin negar la existencia de auténticos dominadores lingüisticos, sabido es que muchas promesas de poliglotía tienen más de pose que de realidad. Como también, en cuanto a los escritos, que los Beckett, Kundera, Cioran, Nabokov o Vázquez Montalbán, fabricantes de textos de calidad en lenguas distintas, no abundan.

La galaxia comunicativa (4): tipos de lenguajes

Aquí, más tipos y más ejemplos, ahora de lenguajes, esos sistemas de comunicación que manejan códigos, normas, recomendaciones… y son algo más que repertorios de signos con unas reglas sencillas de uso. Hay lenguajes visuales y sonoros, técnicos y artìsticos, principales y de réplica, humanos y animales… Algunos lenguajes tienen instrucciones de uso a partir de normas y reglas complejas registradas, mientras que otros son usados por los creadores con criterios libérrimos, por lo que su registro siempre es a posteriori, en forma de doctrinas y teorizaciones. Y, por supuesto, algunos de los lenguajes que utilizamos los últimos representantes del llamado homo sapiens sapiens constituyen lo que denominamos lenguas o idiomas. Son los instrumentos primordiales de nuestra comunicación, los que se superponen a muchos otros lenguajes y nos permiten entablar relaciones plenas con nuestros semejantes, directamente, a través de escritos que nos enviamos e intercambiamos o con la mediación de máquinas, que pueden ser parlantes, generadoras de textos o simples ingenios funcionales gobernados por códigos que no son sino lenguajes internos basados también en signos escritos.

La galaxia comunicativa (3): tipos de códigos

Gruñidos, ladridos, aullidos, gañidos. Sonidos bucales. Gritos y alaridos. Descargas eléctricas. Emisiones olorosas. Pitidos, tañidos, timbres y toques. Luces de colores y destellos. Humo. Dibujitos. Roces y movimientos corporales. Braceos con palas y banderolas. Gestos oculares, bucales, nasales. Objetos que están o que se mueven. Iconos y pictogramas. Símbolos y señales. Banderas y gallardetes. Escudos, galones, estrellas, emblemas. Voces y fonemas. Vocales y consonantes. Parejas y tríos de letras. Tildes. Palabras y expresiones. Números y numeraciones. Acrónimos. Signos minimalistas. Notas y claves. Flores, plantas, árboles. Puntos, recuadros y espacios. Signos disfrazados de signos. Líneas, flechas y formas. Diagramas. Silencios, tonos y volúmenes. Vestimentas. Movimientos de cámara. Pinceladas. Ángulos y enfoques… Y reglas. Y normas, muchas normas. Y orientaciones. Y criterios de uso. Y referencias… Porque de signos y reglas se componen los códigos, y con códigos, normas, consejos y referentes se conforman los lenguajes. En esta entrada y en la siguiente, que prosiguen esta galaxia comunicativa, se enumeran tipos de códigos y lenguajes, con una rebosante guarnición de ejemplos.

La galaxia comunicativa (2): códigos y lenguajes

Un perro sabe como infundir miedo arrugando sus labios para enseñar su dentadura, sabe ser insistente ladrando para avisar y alertar y sabe hipnotizar al amo humano de su manada —del que conoce su poder pero también sus debilidades— con gestos faciales suplicantes para obtener alimento. El morse son sonidos cortos y largos, o haces de luz cortos y largos, o movimientos de cejas cortos y largos: en la era de la tecnología todavía podría salvarnos la vida. Con humo pueden enviarse mensajes sencillos, pero no podríamos recitar Shakespeare manteando una hoguera. Con combinaciones de letras, sonidos, luces, colores o banderolas pueden articularse enunciados de cierta complejidad, o asociarse significados en repertorios semánticos de fácil uso, a veces estáticos y otras apoyados en movimientos: nada menos que la navegación aérea y la marítima siguen usando esos sistemas. Y la mímica no solo es teatro: es comunicación en toda regla, el modo de hablar sin usar la lengua. Y, por supuesto, para cotillear, dar noticias o recitar Shakespeare, tenemos las lenguas, el modo de transmitir los mensajes más complejos. Códigos y lenguajes. Materia prima, manufactura e ingeniería.

La galaxia comunicativa (1): comunicación y signos

La comunicación, como acto humano, pero también realizado por animales e incorporado por la mente humana a las posibilidades de ciertas máquinas, es observada y estudiada desde múltiples ángulos, protagoniza numerosas situaciones y da lugar a actuaciones muy diversas. Pocos fenómenos generan tantos conceptos, son miradas desde su órbita por tantas disciplinas, dan lugar a mayor cantidad de campos de estudio, son objeto de tal número de normas, reglas y pautas de orientación, se apoyan en tan amplio y variado repertorio de recursos, habilitan un número tan alto de actividades y llenan de contenido tanta literatura deseosa de explicar sus modos y  funcionamientos. Y es lógico, porque la comunicación es la base de la la expresión, la relación y la interacción, ni más ni menos que lo que da sustancia a nuestro empeño, tan voluntario como necesario, de crear y compartir información, opiniones, visiones, reflexiones y diagnósticos, de dar y buscar apoyo, de ofrecer y obtener colaboración. Este post inicia una lista de casi todo lo que estudia y es estudiado a propósito de la comunicación, empezando por los conceptos, las modalidades y la materia prima: los signos.

El acto comunicativo: elementos

La comunicación se produce en situaciones distintas y de modos diferentes. Un esquema habitual es este: una persona, que desea transmitir una idea a otra, elabora un mensaje combinando unos signos (verbales o no verbales), lo lanza por algún canal adecuado (hablando, por correo, por teléfono, por mensajería…) y espera hasta que el receptor lo descifra e interpreta, lo que puede suceder en el mismo momento o de modo diferido. Pero no siempre sucede así. También los animales se comunican, y a veces las máquinas. Puede que no haya receptor, o que el previsto no entienda el mensaje —porque no conoce el código o no lo interpreta correctamente—, o que sea uno imprevisto, o que haya más de uno. Incluso es posible que el receptor sera el propio emisor, y no solo porque desde el medio le devuelvan el mensaje por no haber encontrado destinatario, sino incluso porque el mismo emisor lo escuchará y procesará siempre, y  hasta es posible que lo emita solo para sí mismo, para escucharse, reflexionar, divertirse o ensayar. Por ello, podemos decir que la esencia de la comunicación estriba en la intención. Si alguien quiere comunicarse, construye un mensaje y lo pone a disposición de alguien, ya estará creando un acto comunicativo. Tanto si tiene éxito como si fracasa.

Gramática, ortografía, tipografía, ortotipografía, diseño…

¿Cuando decidimos presentar una palabra en cursiva o escribirla en mayúsculas estamos tomando una decisión ortográfica, una tipográfica o una caligráfica? ¿Cuál es el ámbito de la decisión si se coloca un fragmento de texto entre comillas o se marca una expresión en negrita?: ¿estaremos haciendo diseño editorial, metiéndonos en la ortografía, moviéndonos solo dentro de las posibilidades de la tipografía u horadando ya los territorios de la gramática? ¿Y donde ubicamos aquí la ortotipografía? ¿Es la suma de ortografía y la tipografía o se trata de una norma que planea sobre esos dos ámbitos con pretensiones normativas? ¿Y qué pasa con otros signos, como los guiones, las rayas, los cuadritos o los circulitos de las enumeraciones, o con los iconos y pictogramas, los gráficos y las imágenes? ¿O con los emoticonos, tan de moda actualmente especialmente entre los ‘escritores’ más perezosos?…  Aquí no doy respuestas: solo planteo preguntas, abriendo camino para el contenido de la entrada que vendrá después de esta, que estará llena de definiciones sobre diferentes disciplinas y campos de estudio y regulación en el mundo de la comunicación (hablada y, sobre todo, escrita).