La galaxia comunicativa (8): lenguas en peligro

Muchas lenguas corren riesgo de desaparecer. Se dice que todas las semanas desaparece alguna en nuestro planeta.

Quizá sea exagerado como noticia literal, si nos interesamos en saber cuál caerá esta semana, pero tomando perspectiva y analizando varios años, es lo que resulta de la media. De hecho, desde que el mundo es en buena medida el mundo de los humanos, especie que se caracteriza entre otros rasgos por su refinamiento comunicativo, se han ido creando tantos modos de hablar como han fenecido.

La fuerza de un idioma la dan los hablantes, pero las comunidades de estos están expuestas a múltiples factores que pueden influir en que su roca lingüística se erosione e incluso se resquebraje: política; guerras tribales o entre países; posguerras, con sus pendencias, ajustes de cuentas, recuperaciones del tiempo perdido y reseteos; conquistas; matanzas religiosas, étnicas, tribales, políticas o económicas; migraciones; fusiones poblacionales; enfermedades y epidemias; pobreza; tendencias artísticas; modas; percepción de utilidad…

Hay lenguas sólidas habladas por cientos de millones de personas en el mundo. Otras las hablan decenas de millones, millones, cientos de miles, decenas de miles o miles. Algunas solo cientos. Otras decenas o solo unos pocos. Incluso las hay con un único hablante vivo.

Menos hablantes pueden suponer más peligro, pero no siempre es así. Comentados ya en los dos posts anteriores algunos conceptos como lenguas mimoritarias, lenguas en riesgo, lenguas minorizadas, lenguas protegidas, estimuladas y revitalizadas, vamos a dar un paseíto ahora por los factores de riesgo más amenazantes.

Lenguas amenazadas o en peligro

Este concepto se formula, a menudo con escasa precisión y recurriendo a diferentes expresiones: lengua amenazada, lengua en peligro, lengua en peligro de extinción

Obviamente, no es lo mismo para una lengua estar amenazada pero sin apenas sufrir merma de momento, estar sometida ahora mismo pero desde hace pocos años a una presión, restricción o prohibición, llevar décadas o siglos agredida por algunos de esos posibles factores presionantes y limitativos o hallarse en este momento protagonizando ya una galopante decadencia por la desaparición paulatina de hablantes, sea o no forzada.

danger - peligro
Danger – Imagen de Nick Youngson – thebluediamondgallery

Una amenaza a un idioma puede ser algo real, pero no necesariamente tiene por qué abocar a esta a una extinción rápida. Hay lenguas expuestas a riesgos que deben soportar ciertas presiones pero que de momento gozan de muy buena salud e incluso siguen recuperando potencia en sus territorios, mientras que otras son residuales y están en peligro real de desaparición con la muerte de sus últimos hablantes.

Los factores que pueden debilitar a una lengua son de muy diversa naturaleza. Algunos son externos a los hablantes, mientras que otros tienen que ver con comportamientos y actitudes de estos, aunque muchas veces sus acciones u omisiones vengan motivadas por algunos de esos factores extrínsecos.

Las principales amenazas que pueden cernirse sobre una lengua que aún tiene hablantes son las siguientes:

  • Prohibición general de uso de esa lengua en un territorio.
  • Prohibición educativa (o minoración; se permite la enseñanza, pero restringida o de modo secundario).
  • Debilidad educativa (se enseña el idioma, pero sin convicción de los enseñantes, solo porque es obligado).
  • Regulación de inmersiones lingüisticas obligatorias en la educación que excluyena esa lengua.
  • Restricción de ámbitos de uso (se permite ese idioma solo para usos ceremoniales, litúrgicos, simbólicos o emblemáticos…).
  • Aislamiento físico de esa lengua (solo se habla en una zona concreta del planeta —viajeros o emigrantes al margen—, que no es un estado independiente).
  • Progresiva reducción de la población de hablantes en tribus, aldeas, comunidades, pueblos…
  • Reducción drástica de poblaciones por hechos violentos: matanzas, limpiezas étnicas, guerras, epidemias…
  • Migración progresiva de hablantes de esa lengua a países con otros idiomas.
  • Profusión de matrimonios mixtos lingüísticamente en los que otra lengua se impone como lengua familiar.
  • Fusión de poblaciones, aldeas, pueblos, tribus, comunidades…
  • Modas lingüísticas, que otorgan esplendor a una lengua por encima de otras por razones diversas.
  • Inexistencia de medios de comunicación que usen ese idioma para sus contenidos.
  • Debilidad de la edición de libros en esa lengua en favor de otra oficial.
  • Crecimiento del número de empresas que utilizan en sus actividades internas lenguas de países de origen de la central (multinacionales) u optan por linguas francas.
  • Ausencia de esa lengua en la actividad oficial de instituciones políticas y administrativas, que consagran otra hablada en el territorio o solo una lingua franca.
  • Desinterés de algunos hablantes bilingües, que van optando por una lengua más poderosa internacionalmente por razones de utilidad.
  • Glotofagia: debilitamiento lento de una lengua que en principio no tiene restricciones pero es apisonada por la presencia en el mismo territorio de otra de fuerte implantación, con poderoso atractivo para los hablantes o primada por la Administración (normalmente, la lengua oficial, una lengua colonial o una lingua franca).

También podríamos citar como factor impactante la colonización terminológica de ese idioma por otras lenguas potentes (oficiales, linguas francas…) que se va normalizando en el habla de un país o territorio, pero en este caso la consecuencia suele ser la distorsión léxica y no el debilitamiento de la impantación del idioma, ya que todos los idiomas incorporan extranjerismos y en ocasiones los ajustan a su morfología lingüistica, haciéndolos propios sin que ello merme la presencia de la lengua en el lugar.

Pero, volviendo a los factores que sí pueden hacer peligrar la salud de una lengua, podemos apreciar, poniendo un ejemplo español, que no es del mismo orden la posible amenaza que podamos advertir sobre una lengua hablada y protegida porque la población es pequeña y el territorio esté rodeado por otras lenguas oficiales —como sucede con el euskera, idioma que vive a caballo entre dos países, pero es solo oficial en los territorios vascos españoles— que la que se cierne sobre una lengua minoritaria muy débil porque se habla poco, no tiene carácter oficial y carece de vehículos de comunicación suficientes para ser útil y atractiva para amplias partes de la población (como ocurre con el asturleonés o mirandés).

Esta segunda lengua norteña, aunque no es oficial, la hablan varios cientos de miles de personas en poblaciones españolas de Asturias y León (y en la la zona portuguesa de Miranda do Douro), pero tiene hoy en día menor poder que el euskera en su tierra y su uso actual se limita al ámbito privado, a asociaciones de entusiastas del idioma y al estudio académico.

Diferentes de estas lenguas con mayores o menores factores de riesgo (el euskera hoy en día goza de una buena salud creciente) son aquellas que están realmente en peligro de desaparecer. Se dice que en el mundo cada pocas semanas desaparece alguna lengua (es decir, deja de hablarse ordinariamente porque su último usuario fallece). Si persiste, ya es solo por la memoria y el estudio cultural.

Es cierto que precisar que una lengua pervive o ha desaparecido no es fácil, ya que para ello debe tenerse registro de todos sus hablantes y constatarse el fallecimiento del último. Por ello, hay lenguas tenidas por perdidas que sorprendentemente reaparecen con algunos hablantes de los que no se tenía noticia. INcluso alguna realmente perdida recucita por boca de algún entusiasta.

También hay que tener en cuenta que algunos idiomas que parecen abocados hacia su final se mantienen vivas por los estudios técnicos de lingüistas y por el activismo de asociaciones de apoyo de la sociedad civil que en ocasiones, reforzados por iniciativas políticas, pueden iniciar proyectos de recuperación que en ocasiones prosperen.

A las lenguas revitalizadas ya me referí en el post anterior. Ahora, en el siguiente punto (y en la entrada que sigue a esta) me centro en la clasificación de lenguas en peligro que elabora desde hace años la UNESCO.

El ATLAS de la UNESCO

ATLAS UNESCO - lenguas en peligroEn su ATLAS DE LAS LENGUAS DEL MUNDO EN PELIGRO (versión moderna de lo que hace hasta hace unos se llamó Libro Rojo de las Lenguas Amenazadas), la UNESCO establece una clasificación de idiomas por riesgo. Existe una edición impresa y otra interactiva.

Esta es la primera de las clasificaciones:

  • A SALVO (no corre peligro) — Todas las generaciones hablan esa lengua y la transmisión de esta de generación en generación es continua.
  • VULNERABLE — En esta lengua la mayoría de los niños la hablan, pero su uso puede estar restringido a determinados ámbitos (por ejemplo, al hogar familiar).
  • CLARAMENTE EN PELIGRO — Los niños ya no aprenden esa lengua en sus familias como idioma materno.
  • SERIAMENTE EN PELIGRO — Solo las personas de las generaciones de mas edad en las familias hablan la lengua. Los padres pueden comprenderla, pero no la hablan entre sí ni tampoco con sus hijos.
  • EN SITUACIÓN CRÍTICA — Los únicos hablantes son las personas de las viejas generaciones, pero incluso estas dan un uso muy ocasional a esta la lengua .
  • EXTINTA — Ya no quedan hablantes (los últimos fallecieron).

En realidad, vistas las descripciones sucintas, con esta escala de valoración de situaciones de riesgo apenas se manejaría un factor de los existentes: la transmisión generacional del idioma. Pero se considera que, además de la debilidad en la herencia lingüistica, un idioma está en peligro cuando sus hablantes dejan de usarlo, lo usan cada vez menos, o en menos ámbitos, o se van usando cada vez menos variantes y modalidades del idioma. Por eso se valoran también otros factores.

La UNESCO identifica así los siguientes datos y magnitudes para analizar la salud y el riesgo de un idioma:

  • Transmisión intergeneracional del lenguaje.
  • Número absoluto de hablantes.
  • Proporción de hablantes dentro de la población total.
  • Cambios en los dominios o ámbitos del uso del lenguaje.
  • Respuesta de la lengua ante nuevos dominios y medios.
  • Disponibilidad de materiales para la enseñanza del idioma y la alfabetización en este.
  • Actitudes y políticas lingüísticas gubernamentales e institucionales
  • Caracter de oficialidad y uso de la lengua
  • Actitudes de los miembros de la comunidad hacia su propio idioma.
  • Cantidad y calidad de la documentación sobre el idioma.

Así, otra escala que plantea la UNESCO, con las mismas denominaciones de niveles, es la que atiende a la proporción de hablantes en el conjunto de la población de referencia de potenciales usuarios de ese idioma:

  • A SALVO (no corre peligro) — Todos hablan la lengua.
  • VULNERABLE — Casi todos hablan la lengua.
  • CLARAMENTE EN PELIGRO — La mayoría habla la lengua.
  • SERIAMENTE EN PELIGRO — Una minoría habla la lengua.
  • EN SITUACIÓN CRÍTICA — Muy pocos hablan la lengua.
  • EXTINTA — Nadie habla la lengua.

Al primer nivel y al último, las lenguas sin peligro y las extintas, me referiré no en la entrada siguiente, sino en la posterior.

Conviene decir ya que hasta en la primera categoría de la escala, la de lenguas a salvo (en la que abundan las lenguas oficiales u oficiosas, muy implantadas y con muchos hablantes), podemos encontrar idiomas minorizados, minoritarios e incluso hablados por poblaciones reducidas: se trata de idiomas protegidos desde hace tiempo y por ello revitalizados, que presentan un horizonte claro de sostenimiento y mejora, aunque no por ello dejen de estar expuestos a riesgos futuros. Toda lengua cuya fuerza no crece o se mantiene puede desmoronarse con facilidad.

Vamos a ver ahora unos ejemplos de idiomas incluidos en las cuatro categorías centrales de la escala de la UNESCO, las que encuadran las lenguas expuestas a ciertos riesgos.

Algunos ejemplos de lenguas en peligro

Refrán mapuche
Refrán con texto en mapuche, araucano o mapadungún

Aquí van 16 ejemplos de idiomas por cada uno de los cuatro niveles que presentan riesgo reseñable de la escala de lenguas en peligro de la UNESCO expuesta en el anterior apartado.

Como se verá, los grados crecientes en riesgo no implican siempre un número decreciente de la población hablante, ya que se maneja también como criterio la salud de la transmisión generacional.

Son ejemplos diversos de los cinco continentes, elegidos como muestra pero sin que esta responda a ninguna especial representatividad o a una mayor popularidad en el marco global de las lenguas habladas en el mundo.

Las cantidades son el número de hablantes estimados en fechas distintas (cuando se hicieron los últimos registros fiables de cada idioma), en cifras redondeadas. Puede haber algunas variaciones en la actualidad, ya que aunque algunos datos son de hace pocos meses o pocos años, los de algunas lenguas indígenas de difícil registro pueden tener cerca de una década o incluso algo más.

VULNERABLES

Napolitano-calabrés – Italia — 7.500.000
Siciliano – Italia — 5.000.000
Euskera – España, Francia — 660.000
Galés – Reino Unido — 750.000
Bávaro – Austria, Alemania — 12.000.000
Escocés – Reino Unido — 1.500.000
Veneciano – Croacia, Italia, Eslovenia — 3.800.000
Shelta – Irlanda — 6000
Kalaallisut – Groenlandia — 50.000
Sioux (dakota y lakota o tetón) – EE.UU. — 25.000
Choctaw – EE.UU. — 9500
Cayapó – Brasil — 7300
Güikue – Botsuana — 1000
Birahuí – Pakistán — 500.000
Anga o angika – Nepal — 740.000
Arguni – Indonesia – 150

SERIAMENTE EN PELIGRO

Bretón – Francia — 250.000
Languedoc (occitano) – Francia — 500.000
Casubio – Polonia — 53.000
Istro-rumano – Croacia — 300
Griko salentino – Italia — 20.000
Kutenái – Canadá — 150
Chickasaw – EE.UU. — 600
Comanche – EE.UU. — 100
Mapuche o araucano – Argentina —100.000
Judeo-árabe marroquí – Marruecos — 5000
Taznatit – Argelia — 80.000
Gura – Nigeria — 3000
Chukoto – Rusia — 7700
Semái – Malasia — 15.000
Turoyo – Siria, Turquía — 50.000
Kitja – Australia — 60

CLARAMENTE EN PELIGRO

Asturleonés – España — 150.000
Aragonés – España — 10.000
Gascón – Francia, España — 250.000
Corso – Francia, Italia — 160.000
Ligur – Italia — 1.000.000
Sardo – Italia — 1.300.000
Gaélico-irlandés – Irlanda — 44.000
Romaní – Varios países — 3.500.000
Rutenio de Voivodina – Serbia, Croacia — 30.000
Dené suliné – Canadá — 11.000
Cheyenne – EE.UU. — 1700
Cocopa – México — 206
Quechua de Ayacucho – Perú — 850.000
Tamacheq tahoua – Mali — 800.000
Malto – India — 225.000
Djinang – Australia — 100

EN SITUACIÓN CRITICA

Saamí de Ume – Suecia — 20
Tsakoniano – Grecia — 300
Fox – EE.UU. — 200
Apache kiowa – EE.UU — 3
Omaha – EE.UU. — 50
Hawaiano – EE.UU. — 1000
Paraujano – Venezuela — 20
Muniche – Perú — 8
Taushiro – Perú — 1
Tidikelt – Argelia — 30.000
Sokna – Libia — 6000
Omótico – Kenia — 50
Mandeo – Irán — 300
Koraga – India – 16.600
Saaroa – Taiwán — 25
Mogol – Afganistán — 200


Se considera, aproximadamente (y redondeando porcentajes), que más del 90 % de la población mundial es usuaria de un 5% de los idiomas existentes en el mundo, mientras que más del 90 % de las lenguas habladas en el mundo corresponden a un 5% de los habitantes del planeta.

En todo caso, la propia UNESCO ha mostrado cierta ambigüedad a la hora de definir lo que es una lengua en peligro. En algunos de sus dosieres se refiere a estas como las que se encuentra en vías de extinción. Eso no casa bien con muchas lenguas insertas en las categorías vulnerables y en peligro que tienen aún unas cantidades de hablantes nada desdeñables.

Por poner dos ejemplos, el picardo (de Bélgica y Francia) lo hablan unas 700.000 personas y ello no impide que la UNESCO lo clasifique como lengua seriamente en peligro, quizá porque aprecia que no se está transmitiendo a nuevas generaciones y su vulberabilidad a las lenguas dominantes en esos países es máxima, aunque no suficiente para ponerla al mismo borde de la extinción.

Por otro lado, el navajo, en Estados Unidos, es clasificado en un nivel de menos riesgo, como vulnerable, a pesar de que se estima que hay solo entre 120.000 y 180 .000 hablantes (según se precise el dominio del habla). El motivo es que lo utiliza habitualmente una buena parte de la población de ese pueblo y es una de las lenguas indígenas de ese país que mantiene más vitalidad, a pesar de que resiste a la sombra del poderoso idioma inglés.

Por tanto, como se deduce tan solo con examinar estos ejemplos —que he seleccionado para mostrar su diversidad (la lista completa sería larguísima en cada categoría)—, podemos extraer algunas conclusiones:

  • Son niveles de menor a mayor riesgo, pero no de menor a mayor número de hablantes. El número de usuarios no es directamente proporcional al riesgo de debilitamiento y desaparición. Así, se consideran con riesgo bajo o medio lenguas que tiene muy pocos hablantes (incluso solo varios cientos), y con riesgos más extremos idiomas que tienen más hablantes (incluso varias decenas de miles).
  • Entre las lenguas de más riesgo, las que podríamos cercanas a la extinción si no se pone remedio, abundan aquellas que usan ya muy pocas personas.
  • Algunas lenguas pueden calificarse como de muerte segura, al existir ya solo uno, dos o tres hablantes registrados y no haber nuevas generaciones que los vayan a utilizar.

Sucede que hay lenguas que mueren por desaparición paulatina de hablantes que lo usan como lengua preferente, mientras que otras se extinguen por desvanecimiento: las siguen hablando muchos, pero cada vez menos, peor y en menos ocasiones, y puede acabar desapareciendo sin que hayamos llegado a un mínimo llamativo de hablantes registrados.

Otra escalas de la UNESCO de lenguas en peligro

Además de la escala que hemos visto, que atiende por un lado a la transmisión generacional y, por otro, con los mismos niveles, a la proporción de hablantes entre el censo de usuarios de referencia, la UNESCO propone otras tablas de categorías en función de la mayoría de los otros ocho factores que permiten analizar la salud y el riesgo de un idioma, antes citados.

Para no alargar esta entrada en esceso, muestro todas las escalas de la UNESCO, sin más comentarios, en el post siguiente. Puedes echarle un vistazo si quieres antes de concluir este post, pulsando en este enlace que abre el contenido en ventana aparte.

La galaxia comunicativa (9): escalas de peligro de las lenguas

 

Aquí, para finalizar esta entrada, voy a hacer un breve apunte sobre las llamadas lenguas residuales, otro concepto con lindes difusas.

Lenguas residuales

No existe una definición oficial del concepto lengua residual, y ni siquiera una oficiosa que sea bastante pacífica en la doctrina. Podríamos considerar así, con sentidos diferentes, que un idioma es residual si:

  • Lo utilizan pocos hablantes en el mundo.
  • Es usado con pleno dominio por pocos habitantes de una población (aunque se hable más en otros países).
  • Ha quedado marginado en un territorio a ciertos usos funcionales (litúrgicos, de estudio, solemnes o simbólicos…).
  • Ha perdido fuerza su uso en un determinado ámbito, en favor de otro idioma oficial o protegido.
  • Parece marginado en algún ámbito por la moda de usar alguna lingua franca extranjera (como el inglés).
  • Es el derivado actual de lenguas antiguas que han perdido fuerza o incluso se han extinguido.
  • Es una lengua que tuvo mucha importancia en un territorio pero ahora pervive con mucha menos implantación en comparación con otra que ha incrementado o mantenido su uso.
panel euskera
Panel informativo bilingüe castellano-euskera

En la actualidad, podemos comprobar fácilmente como se usa la expresión lengua residual de modos muy distintos con un simple vistazo a la prensa, tirando de hemeroteca. Estos son algunos ejemplos sacados de artículos y dosieres temáticos y divulgativos:

  • La anulación de varios puntos de un plan de normalización del euskera es tildada por algunos como un modo de convertir a esta lengua en residual.
  • El catalán es calificado como residual porque se despide a traductores en varios periódicos que tienen versiones bilingües, para utilizar traductores automáticos.
  • El catalán es calificado como residual en la justicia porque no progresa su uso e incluso va en descenso.
  • Si se elimina la inmersión lingüistica obligatoria en catalán, esta lengua acabará siendo residual en Catalunya 30 años.
  • El castellano es considerado ya residual en la educación en Catalunya, al limitarse su estudio a dos horas semanales y no aceptarse que sea lengua vehicular en ningún caso.
  • El neerlandés, hablado en los Países Bajos, es identificado como una lengua residual del frisón y el franco.
  • Se discute en Cuba si determinadas lenguas africanas que hablaron poblaciones de esclavos en el pasado (como el kituba, el lari, el lingala, el kiyombe, el kikongo, el kiluango…) solo quedan ahora como lenguas residuales limitadas a rituales y cultos religiosos (como el abakuá, el yoruba o el arará) o fueron lenguas pidgin surgidas a partir del comercio con Africa de las que ahora únicamente se mantienen algunos residuos léxicos en las lenguas dominantes en la isla.
  • Se afirma que el judeo-español, del Norte de África, llamado jaketía y hablado por sefardíes, tiene actualmente carácter residual y es inminente su extinción.
  • El español es tenido por una lengua residual en la Isla de Guam y en las islas Marianas del Norte, y hay quién también lo considera residual en Filipinas.

Estos ejemplos nos dan una idea de la diferente consideración que se da al adjetivo residual. A eso, para complicar el sentido de la expresión, podemos unir los muchos ejemplos de la clasificación de la UNESCO de lenguas en peligro que nos hacen deducir que un idioma puede considerarse más en riesgo teniendo cientos de miles de hablantes que otro que apenas pasa de unos miles, cientos o decenas.

Si no podemos cuantificar la solidez de un idioma por el número de hablantes o la proporción sobre el total de hablantes de un territorio, la dificultad de considerar o no residual una lengua se revela notable, por lo que deberíamos incidir en otros factores, como los ámbitos de utilización, su presumible horizonte transmisivo, su protección…

Por sentido común, huyendo del oportunismo expresivo, y con el fin de aprovecharla con cierto rigor (aunque sin asegurar su precisión técnica filológica), podemos dedicar este calificativo solo a los casos en que una lengua ha quedado notoriamente reducida en su uso en un territorio, bien porque la habla un porcentaje ínfimo de habitantes de ese lugar que la conoce (y motivos puede haber muchos), bien porque, aunque la usan bastantes ciudadanos, solo se utiliza ya para actos concretos o en ocasiones especiales (es decir, está circunscrita a ámbiitos muy limitados).

En este sentido, tanto podemos decir que el muniche en Perú es una lengua residual, porque lo habla apenas una decena de personas, como que lo es el copto, limitado a la liturgia en tierras de Oriente, que lo hablan más personas pero solo en solemnidades especiales.

A estas dos opciones deberíamos sumar como factor que sostiene el carácter residual que la situación de ese idioma no haya evolucionado de modo positivo en los últimos años en su uso y protección encaminñandose hacia una decidida recuperación.

Pero, como ya he comentado, no es solo la dimensión de la población hablante la que marca el que sea o no residual un idioma. Tengamos en cuenta que si una lengua es hablada, por ejemplo, por pocas tribus africanas desde hace siglos, y actualmente quedan pocos hablantes porque las tribus son ya pequeñas, o se mantiene una cifra similar a la media del pasado, pero ellos, los usuarios, siguen utilizando vigorosamente ese idioma para comunicarse dentro de las aldeas o grupos, no podremos decir que esa lengua sea residual porque el número de usuarios actual sea pequeño. Siempre lo fue. Para sus usuarios, su idioma estará tan vivo como siempre lo ha estado, al menos para sus relaciones dentro de la comunidad, y no habrá riesgo relevante de que desaparezca.

Un ejemplo sería el idioma bassari o basarí (tambien conocido como oniyan o tenda), hablado desde hace siglos en varias aldeas de Senegal, Guinea y Guinea-Bissau por el pueblo bassari y actualmente por entre 20.000 y 30.000; en los últimos años incluso ha experimentado un ligero crecimiento del número de hablantes. La UNESCO lo considera vulnerable por tener pocos hablantes, un entorno con muchas otras lenguas (con cercanía a movimientos turísticos), pero no como expuesto a un gran peligro.

Caso diferente sería el de un poblado indígena, por ejemplo, en reservas de Estados Unidos, en el que apenas algunos miembros de la comunidad mantuvieran el habla sin que hubiera institución alguna ni grupo que de manera decidida pugnara porque esa riqueza cultural se sostuviera y se perpetuara, ni grupo humano confabulado para que en sus descencientes ese idioma perviviera como herramienta útil de comunicación. Por eso, por ejemplo, la lengua omaha en Estados Unidos (del grupo de lenguas siouan), considerada por la UNESCO idioma en situación crítica, y hablada por no más de 50 personas, puede considerarse residual.

Por supuesto, podríamos citar muchos otros ejemplos extremos en situación crítica de lenguas ya residuales, encuadradas por la UNESCO sobre todo en las categorías seriamente en peligro y en situación crítica, todas con muy pocos hablantes: el Kaizana de Brasil, con un único hablante, el lemerig de Vanuatu, asociado a dos hablantes, o el kusunda de Nepal, con unos tres hablantes, son tres ejemplos.

Lenguas como estas, con tan pocos hablantes, sí están seriamente en riesgo elevadísimo de desaparición, porque aunque el reducido censo de hablantes las siga utilizando, no hay horizconte para su supervivencia.


En los dos próximos posts, como ampliación de este, se muestran las escalas que utiliza la UNESCO para clasificar las lenguas por su grado de riesgo, en función de varios criterios, alguna ya expuesta aquí con ejemplos en cuatro de sus niveles. En cuanto a la entrada posterior a las citadas, contendrá un apunte sobre los dos niveles extremos de esa escala que aquí no he detallado: las lenguas a salvo y las extintas, que completan el contenido de estos posts sobre las lenguas en riesgo.