La galaxia comunicativa (7): lenguas con problemas

En el post anterior me referí a las lenguas amenazadas, dejando un mayor detalle para las dos siguientes entradas.

Vamos allá.

Lenguas en riesgo

Una lengua puede tener problemas en un territorio o en su presencia global en el mundo porque:

  • Esté completamente prohibido su uso.
  • Se proscribe totalmente en determinados espacios o ámbitos de actividad del país o territorio.
  • Está limitada (restringida) en algunos usos o en algún ámbito de actividad por factores externos a la decisión de los hablantes.
  • Ha sufrido presiones, restricciones o prohibiciones en el pasado, y aunque ya cesaron, no se ha recuperado todavía de las consecuencias negativas de esas limitaciones.
  • Sus hablantes eligen en este momento como preferentes otras lenguas instados por presiones y promociones de las autoridades políticas o culturales (sin que haya prohibiciones o restricciones legales).
  • Sus hablantes, en uso de su libertad, prefieren usar preferentemente otras lenguas y dejan paulatinamente de usarla.
  • Se reduce o extingue su comunidad de hablantes por falta de protección y promoción (en el uso y la transmisión).

Estos problemas pueden tener como consecuencias, poniéndonos en los peores escenarios, que ese idioma:

  • Decline en el territorio en el que podría ser fuerte o preponderante.
  • Llegue al borde de la extinción
  • Se extinga.

Diferencio aquí, usando terminología sobre la que hay bastante consenso, dos conceptos: lengua minorizada y lengua amenazada o en peligro.

Panneau en français et occitan
Foto de Père Igor – Gouts-Rossignol – Dordogne, France

Se trata de dos conceptos difíciles de deslindar completamente. Podríamos considerar que todas lenguas con problemas, en peligro o no, están minorizadas, porque si no fuera así, solo hablaríamos de riesgo no materializado o de amenazas solo manifestadas, pero no de problemas actuales. También podríamos considerar que será lengua amenazada o en peligro (sea este mayor o menor) todo idioma sometido a presiones intensas y limitaciones efectivas que siga sufriendo consecuencias de los percances ya experimentados en el pasado. Asimismo, podríamos diferenciar entre amenazas (problemas potenciales) y situaciones de peligro (problemas reales), o referir las amenazas no a los factores de presión sino al riesgo ya materializado de debilitamiento y desaparición.

Yo me inclino por establecer esta diferencia:


  • La lengua minorizada es la que sufre las consecuencias de restricciones y prohibiciones, sean actuales y/o pasadas, o está presionada por la fuerza de otra lengua con más éxito o más fortalecida por su oficialidad, pero no necesariamente se halla en este momento expuesta a un peligro inminente o cercano de desaparición o de fuerte emprobrecimiento.
  • Un idioma amenazado o en peligro mantiene una fierte presión de los factores limitadores que la han minorizado —pueden deberse a múltiples causas, promovidas por autoridades o voluntarias de los hablantes—, lo que la ha llevado a aumentar su vulnerabilidad y la expone a un serio peligro de debilitamiento que puede precipitar su desaparición.

En todo caso, aunque sean términos cargados de cierta ambigüedad y no exentos de detractores (contra el de lengua minorizada algunos aportan argumentos muy interesantes), los manejo a continuación, cada uno por separado, dado su uso habitual en estudios lingüísticos recientes. En el punto referido a las lenguas amenazadas se verá, en todo caso, como existe un baremo de la UNESCO que desglosa el peligro en varios grados.

Dejo para el post siguiente, para no alargar este en exceso, un apunte sobre las lenguas amenazadas o en peligro, las residuales y las extintas. En la presente entrada me fijo solo en las minorizadas, y lo acompaño con una referencia muy breve a las protegidas y las revitalizadas, siempre sin perder la síntesis de esta serie de contenidos que vienen a ser un simple esbozo inicial de inventario.

Lenguas minorizadas

Esta expresión nos indica que una determinada lengua ha sido objeto de marginación, restricción, persecución e incluso prohibición y sustitución en algún momento de su historia, a pesar de lo cual sigue existiendo. Puede seguir sufriendo presiones y restricciones o no, puede estar recuperándose o no, pero su salud es (o sigue siendo) algo más débil de lo que debería o podría ser.

Panneau bilingue - Bretagne.
Foto de Rimael – Kastell-Nevez-ar-Faou – Bretagne, France

Las conocidas como minorizadas son normalmente lenguas minoritarias (con todo el margen amplio de número de hablantes que ese concepto admite), aunque también pueden ser oficiales o consolidadas. De hecho, puede haber lenguas minoritarias que tengan más derechos y presencia en algunos ámbitos de actividad que otras mayoritarias.

También hay lenguas minoritarias en el mundo que son mayoritarias en un determinado lugar (las lenguas de los países bálticos, por ejemplo). Asimismo, hay lenguas mayoritarias en un país que en otros no son las oficiales, pero no por ello son minoritarias (como el francés en los países del Magreb). Y encontramos incluso lenguas oficiales en un país que a pesar de ello son minoritarias e incluso minorizadas en ese mismo estado, como el gaélico irlandés en Irlanda o el galés en el País de Gales. Esto último ocurre porque, como ya cité en entradas anteriores, la oficialidad no siempre implica la preponderancia ni asegura el éxito entre los hablantes.

No hay que confundir, por tanto, lengua minoritaria con lengua minorizada. La minorizada no vive una plena normalidad lingüistica, mientras que la minoritaria la hablan en un territorio menos hablantes que otra u otras, pero tanto puede estar viviendo su esplendor como experimentar una decadencia. Aunque la mayoría de las lenguas minorizadas son minoritarias, hay también idiomas mayoritarios minorizados en algún ámbito de habla o escritura.

Así, en el panorama internacional es posible encontrar:

  • Lenguas minorizadas hace ya muchos años (o hace varias décadas) que aún siguen sufriendo las consecuencias de algunas restricciones y limitaciones y siguen aún débiles, aunque su existencia ya no esté en peligro.
  • Lenguas con problemas en unos países o territorios pero no en otros en los que están consolidadas e incluso son oficiales.
  • Lenguas mayoritarias en un país o territorio que son minoritarias (e incluso minorizadas) en zonas o países limítrofes que albergan comunidades con origen en la colindante o con relaciones de estirpe en lo linguïstico (por ejemplo, alemanes en Polonia, portugueses en España, suecos en Noruega, catalanes y vascos en Francia…).
  • Lenguas consolidadas, protegidas e incluso incentivadas, pero que, tras la minorización sufrida en el pasado, aún tienen ámbitos muy concretos pendientes de conquistar.
  • Lenguas oficiales en un país que están restringidas en algún ámbito en ciertas regiones del mismo país (con lengua cooficial) a pesar de que en estas haya numerosos hablantes de ese idioma común.
  • Lenguas mayoritarias que pasan a segundo plano en derechos por la imposición de otra lengua que es allí minoritaria (algo que, por ejemplo, se dio en muchos casos de colonialismo en la primera mitad del siglo XX, en todos los continentes).
  • Lenguas autóctonas habladas por una parte de la población de un territorio que mayoritariamente también domina la lengua común del estado, cooficial, pero que convive rodeada por otra amplia parte de esa población que solo domina la común y apenas maneja la local (se da en algunos territorios bilingües en países con una lengua oficial común y otras oficiales territoriales).

Este es un pequeño y variopinto puñado de ejemplos de lenguas europeas que permite ver que la minorización no responde siempre los mismos factores ni tiene siempre el mismo calibre:

  • CATALÁN y EUSKERA — Estos dos idiomas fueron postergados en sus territorios durante la dictadura franquista en favor del castellano, básicamente por la prohibición de su enseñanza, solo levemente tolerada con el catalán ya muy avanzado el régimen. No se trató de una eliminación completa, ya que pervivieron como habla familiar, de calle, de encuentros sociales privados, de patio de colegio…, e incluso en publicaciones de tirada reducida (tebeos, revistas culturales…), pero esos idiomas si carecieron del alimento formativo y la presencia oficial que son fundamentales para su subsistencia completa y el mantenimento de la calidad debida en el habla y la escritura. Actualmente, son lenguas protegidas y revitalizadas, pero aún se mantienen algunos ámbitos concretos en los que les cuesta prosperar (administrativos, judiciales, de cuerpos de seguridad, doblaje de cine…). El catalán, valenciano y balear (tres variantes de la misma lengua), con mayor o menor dominio, lo hablan actualmente unos 8.000.000 de ciudadanos de esos territorios, más algunos residentes en el extranjero con ese origen, mientras que el euskera lo hablan unos 700.000 en los territorios vascos de España y Francia y en el Norte de Navarra, aunque no todos, ni mucho menos, con una competencia plena (al ser una lengua más difícil para los latinos).
  • CASTELLANO — A pesar de ser lengua oficial en toda España, no posee todos los derechos lingüisticos en Catalunya, al estar su enseñanza fuera de la opción vehicular y estudiarse solo dos horas a la semana en los sistemas de inmersión en catalán en la escuela pública y concertada. Por lo demás, es una de las grandes lenguas mundiales, mayoritaria en casi todos los territorios en los que es oficial (España y varios de Sudamérica) y creciente en otros en lso que no lo es (como diversos estados de EE.UU.).
  • ALEMÁN — Fue reducido en Alsacia tras los acontecimientos de las dos guerras mundiales del siglo XX, lo que dio en este territorio preponderancia al francés, algo que se ha acrecentado con el paso de los años. Es, por otra parte, una de las lenguas más poderosas del continente europeo, hablada en Alemania y Austria y en algunos territorios adyacentes de otros países, como la República Checa o Suiza.
  • LANGUEDOC u OCCITANO — Con muchas variantes dialectales, es una lengua de raíz latina que hasta finales del siglo XIX ha tenido gran presencia en la población de ciertas regiones francesas (sobre todo del centro sur y del sureste), pero que en el XX va perdiendo protagonismo en los ámbitos de uso oficiales y educativos. Actualmente tiene una presencia notable: lo hablan con algún grado de dominio casi 2.000.000 de personas y goza de cierta protección (como su variante española, en la Val d’Aran), pero no ha recobrado la fortaleza que tuvo en siglos pasados. También tiene algunos hablantes en Mónaco y en el noroeste de Italia.
  • BRETÓN — Es un idioma de raíz céltica que se habla en la región francesa de Bretaña, actualmente sobre todo en su zona Oeste. Como ocurre con otras lenguas de Francia, ha perdido fuerza por su escasa presencia en la educación, ya que en ese país en la enseñanza y en otros á,bitos de actividad públicos solo es vehicular el francés. Lo hablan —aunque es raramente ya una primera lengua o lengua materna— algo menos de 300.000 personas de una población de más de 3.000 000.
  • CORSO — Se trata de una lengua actualmente más unificada que ha recinido un impulso para su estandarización en el siglo XX, aunque este habla fue configurándose desde hace siglos a partir de distintos dialectos de origen latino con bastantes conexiones con el idioma italiano. Aunque está protegido y se fomenta su conocimiento, no tiene la fuerza de una lengua plena ya que en Francia solo el francés es vehicular en la educación y en los asuntos oficiales. Se estima que lo hablan algo más de 100.000 personas entre los habitantes de la Isla de Córcega (aproximadamente un tercio de la población) y la isla sarda de La Maddalena (al norte de Cerdeña, cerca de la costa corsa).
  • FRISÓN — Se habla en Los Países Bajos, en Alemania y en Dinamarca (en las zonas continentales y insulares de Frisia y las Islas Frisonas), pero solo es oficial en la provincia neerlandesa de Friesland (Frisia). En todos esos países y territorios tiene menos presencia de la que tuvo, apisonada por la potencia de la lengua alemana, del neerlandés y del danés, e incluso del inglés, muy presente en Dinamarca y lingua franca mundial. A pesar de ello, en poblaciones bilingües lo hablan con mayor o menor dominio unas 500.000 personas. También en algunos de esos territorios hay hablantes del idioma bajo sajón, lengua que allí, como en otros ligares de Centroeuropa, es una de las muchas a las que se considera minorizadas.
  • GAÉLICO MANÉS — Es la lengua propia de la Isla de Man, en el Mar de Irlanda, sometida a la corona británica (aunque fuera del Reino Unido), que tiene una población de algo más de 80.000 personas. Es una lengua de origen irlandés, con influencia de algunas lenguas nórdicas, que actualmente es secundaria respecto del inglés. La dominan actualmente, en mayor o menor medida, unas 2000 personas, gracias a los esfuerzos de protección y revitalización de las autoridades, ya que hace unos años llegó a considerarse extinta.

Y lo mismo sucede en idiomas de otros continentes. Por ejemplo, en México, el maya yucateco experimentó una decadencia paulatina desde el siglo XVI, aunque actualmente está siendo objeto de protección y promoción en ciertas regiones mexicanas, como la península de Yucatán. A pesar de que lo hablan en la actualidad casi un millón de personas y es la segunda lengua indígena más hablada del país, (tras el náhuatl), sigue siendo una lengua minorizada.

Otro ejemplo (de los muchos posibles) es el de las lenguas africanas tuareg —como el tamahaq de Argelia o de Níger, el gadamés el LIbia, el figuig en Marruecos, el tamazight en su versión tunecina—, muchas también minorizadas, entre otros motivos, por la fortaleza de las lenguas oficiales y oficiosas (el árabe, el francés, el inglés…) de los países norteños de ese continente en los que perviven.

Aún así, dentro de un mismo grupos de lenguas, como el de las citadas tuareg (dentro de las bereber), podemos advertir diferencias notables: así, por ejemplo, en la tierras de Níger, es mucho más sólida la presencia del tamahaq (con unos 800.000 hablantes y una aceptable transmisión a nuevas generaciones) que la del tetserret, hablada solo por escasas tribus.

Una minorización persistente puede derivar en que una lengua se convierta en amenazada (pérdida notable de hablantes) e incluso entre en peligro de extinción (pérdida casi total de hablantes). Hasta puede abocarla a que acabe siendo un idioma extinto. Pero ha de quedar claro que el carácter minoritario, aunque no ayudará precisamente a reforzar la plenitud de una lengua en todos sus usos, no ha de implicar necesariamente una minorización progresiva. Hay grupos minotitarios e e incluso comunidades muy reducidas de hablantes que mantienen su idioma con ímpetu y dedicación, que la protegen en todos los aspectos posibles (incluyendo el educativo) y aseguran así su transmisión y su uso, aunque no por ello crezca el censo de usuarios si no lo hace el de la población.

Las decisiones políticas —especialmente las represivas, generalmente en dictaduras, pero también en pseudodemocracias o en democracias con un ramalazo autoritario en ciertos mandatarios—, los flujos migratorios intensivos y la propia influencia de las lenguas mayoritarias y linguas francas son los factores principales que coadyuvan a estas eventuales reducciones de fuerza de algunas lenguas.

A las causas justas o injustas de las lenguas — casi todas tienen una injusta para alguien: recordemos, yéndonos algo lejos en el tiempo, la conquista europea de America (inglés, francés, español…) o el sitio de l’Alguero (con la purga total de nativos de la zona y residentes recientes para repoblarla con catalanes)— les dedicaré en el futuro un post específico.

Lenguas protegidas, estimuladas y revitalizadas

La recuperación de las lenguas minorizadas y la defensa de las minoritarias se ha llevado a cabo en algunos países mediante medidas de protección y fomento de su uso y de su enseñanza, aunque también con la postergación de otras lenguas ya consolidadas en importantes capas de la población (con varias generaciones) a través de sistemas de inmersión lingüistica obligatorios no exentos de polémica (por lo que pueden suponer de cambio de posición de péndulo o de revancha).

Así, ha contribuido a dar fuerza a las lenguas el que se haya considerado a alguna como cooficial en el país, como oficial secundaria o como públicamente protegida, lo que siempre supone para esos idiomas una serie de privilegios y usos en diversos campos de actividad: enseñanza, comunicación institucional, información a la ciudadanía, funcionamiento de los niveles del Estado a los que acuden los ciudadanos (justicia, policía, organismos…), ayudas a la prensa y edición, campañas de concienciación, suvbvenciones a asociaciones que velen por la recuperación lingüistica…

La protección de una lengua minoritaria o en riesgo, o la defensa de una lengua aislada (en su sentido de distancia física), aunque en su territorio no sea minoritaria, puede llevarse a cabo siguiendo tres líneas diferenciadas:

  • Otorgándole una serie de los derechos y posibilidades que también tienen las lenguas oficiales, dominantes o muy presentes en ese mismo territorio, aunque no todos.
  • Convirtiéndola en cooficial en un territorio que tiene otra lengua dominante, dándole exactamente los mismos derechos y posibilidades de consolidación y desarrollo.
  • Discriminándola positivamente frente a otras lenguas relevantes del territorio (incluso respecto de alguna también oficial o de la común del estado).

Las tres vías suponen protección y defensa, pero solo la tercera implique que se dé aire a un idioma a costa de quitárselo a las primeras lenguas de otros hablantes de ese Estado, región o zona.

Es discutible que la vía tercera sea lícita, aunque hay gobiernos que aplican este criterio en sus territorios de competencia.

Conviene decir que en situaciones de minorización extrema, habilitar períodos de discriminación positiva puede ser un buen modo de recuperar lenguas con cierta rapidez, con medidas que actuén como tratamiento de shock y les den en un par de generaciones el espacio que habían perdido. Lo que resulta más polémico es que esa regulación pueda mantenerse en el tiempo y consolidar situaciones de predominio y preponderancia, raramente solicitadas por la sociedad en su conjunto (que suele exigir derechos, no privilegios ni agravios comparativos), ya que suelen imponerse a instancia de las cúpulas político-administrativas entregadas al dirigismo y el diseño social.

Estimular una lengua es algo loable. Hacer que se recupere cuando ha sido aplastada, pura justicia. Defenderla para que no vuelva a perder su sitio, de ley. Pero vitaminarla en detrimento de otras que ya existen y son propiedad de sus hablantes, inocentes de cualquier causa histórica que las haya reforzado, privando a estos de sus derechos, no es defendible, salvo que uno sea un nacionalista extremo. o sea, un supremacista.

Toda lengua que existe ha triunfado potenciada por alguna causa injusta o forzada —luchas, guerras, migraciones no naturales, repoblaciones, purgas, preponderancia económica de unas poblaciones sobre otras, colonizaciones politicas o culturales…—, por simple éxito y fortuna, por la percepción de utilidad que de ella tenga la población o por la asociación de un idioma a los productos creativos más solicitados por la gente.

mapa Alguero - Cerdeña
Imagen de LastoftheMorlachs – Alghero: Quartieri catalani

Por ejemplo, el catalán fue reducido en sus derechos y apartado casi del todo de la educación por los regímenes autoritarios del siglo XX en España (gentilezas sobre todo de Primo de Rivera y Franco), y eso, más algunas oleadas migratorias interiores, sin duda facililtó la mayor fortaleza del castellano en el territorio de Cataluña, en el que esa lengua ya existía pero con una presencia no tan extendida.

No es menos cierto, resulta obligado decir, que en la población italiana de Alghero (en Cerdeña) se habla actualmente la lengua catalana, aunque sea minoritaria, justo porque en la Edad Media esa región fue limpiada étnicamente de sus pobladores autóctonos (y de los genoveses y corsos que también se habían instalado allí) por nobles catalanes —al mando del ínclito Bernat II de Cabrera, instado por el monarca aragonés Pere el Cerimoniòs—, que la repoblaron con gente de la zona sur de las tierras catalanas.

Y lo mismo, en una dirección u otra, podríamos decir de otros idiomas y de muchísimos países o regiones —Marruecos, Sudáfrica, Normandía, Escocia, México, Laponia, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Canadá, Australia, Finlandia, Camerún, Canadá, Louisiana…—, de los apaches y los comanches (que tantas veces guerrearon entre ellos empujándose a otros territorios), o de la actual ubicuidad de esa lingua franca llamada ‘english’.

La realidad lingüística nunca tiene cimientos completamente justos, pero el presente debe ser siempre respetado, porque una lengua es una herramienta de comunicación propiedad de sus hablantes, no ladrillo y argamasa para construir unas realidades nacionales y martillo pilón para derribar otras.

Aunque, sobre esto, algunos no estarán de acuerdo.

Por lo demás, la Carta Europea de las Lenguas Regionales y Minoritarias —ratificada en 1992 por varios países del continente y a la que se adhirieron en años posteriores algunos estados más (trasciende a la UE)— contempla varias líneas de actuacion para la proteccion de estos idiomas, que, aunque no los lista, son los hablados de manera tradicional en esos estados (especialmente en regiones o territorios concretos de estos) y que están más expuestos al riesgo de debilitarse o de no lograr su plena recuperación.

También alude la Carta a las lenguas sin territorio, que son aquellas que se hallan muy diseminadas y no pueden asociarse de modo claro a una determinada zona, territorio o estado (como el romaní o el yiddish). .

Estas son las líneas de actuación que cita:

  • Reconocimiento de las lenguas y de su legitimidad.
  • Respeto de las áreas geográficas naturales de cada lengua, sin medidas que las distorsionen u obstaculicen la presencia en ellas de cada idioma.
  • Fomento y promoción de las lenguas y apoyo para su subsistencia.
  • Medidas que favorezcan su uso oral y escrito en la vida privada y social, en la profesional y en el mundo institucional.
  • Garantía de que las lenguas podrán enseñarse y estudiarse, con una adecuada presencia en todos los niveles educativos.
  • Promoción de las investigaciones y estudios sobre las lenguas y de la elaboración de cuerpos lingüísticos (gramáticas, ortografías, repertorios de léxico…).
  • Facilitación de medios de aprendizaje de las lenguas para quienes no son hablantes de estas, con vistas a incrementar la permeabilidad de los idiomas en más capas de la población.
  • Activación de intercambios culturales entre hablantes de las mismas lenguas y también entre usuarios de distintos idiomas regionales, dentro de los países y entre distintos estados.
  • Prohibición de discriminaciones y restricciones de uso de unos idiomas, o de sometimiento a otras preferencias, que puedan desalentar su salud y desarrollo o desincentivar su uso.
  • Modulación de medidas de discriminación positiva si es adecuada para fortalecer la igualdad entre lenguas.
  • Consideración de las necesidades y deseos expresados por los hablantes, creando si es preciso órganos que representen los intereses de los grupos de hablantes de estas lenguas y otros de asesoramiento para la gestión de las autoridades.
  • Fomento de la comprensión mutua entre todos los grupos lingüísticos de los países, a fin de buscar un clima general de tolerancia hacia las lenguas regionales o minoritarias.

Lo mismo es aplicable, con los ajustes necesarios (dada la mayor dificultad que entraña) a las lenguas sin territorio.

Algunos países no han firmado o ratificado la Carta (como Bélgica, Grecia, los países bálticos, Portugal, Irlanda…), en algunos casos motivados por la complejidad de sus regulaciones lingüisticas y la consideración de las estipulaciones del acuerdo como de difícil aplicación a su realidad. Otros lo han hecho pero con algunas reservas y especificaciones. Es, sin duda, un asunto complejo el de las regulaciones idiomáticas.

España firmó la Carta en 1992 y la ratificó en 2001.

Para finalizar este apartado, estos son algunos ejemplos diversos de lenguas que han logrado cierta revitalización. Esta pequeñísima muestra permite ver que la protección y mejora puede suponer tanto la resurrección de una lengua muerta como la resistencia en una situación de amenaza o incluso un giro prometedor con incremento de hablantes de una lengua que existía pero vivía en decadencia.

Lo principal es que se atisbe un horizonte mejor que el que esos idiomas tenían hace años, sin que ello suponga, ni mucho menos, que se hayan convertido en lenguas mayoritarias o dominantes en sus lugares ni que se hayan librado de su vulnerabilidad ante lenguas más poderosas.


  • ARANÉS — Variedad del occitano hablada en la Val d’Aran, en Catalunya (entroncada con el occitano gascón). Es actualmente idioma cooficial en este territorio junto con el catalán y el castellano, y lengua institucional. Aunque la población aranesa es pequeña, es una lengua muy protegida y tiene mayor porcentaje de hablantes dominadores del idioma en el territorio que las poblaciones francesas con lengua occitana.
  • EUSKERA — Idioma hablando en el país vasco español y el francés. En el primero ha incrementado notablemente su presencia y su número de hablantes por la opción de inmersión educativa en esa lengua (existen teóricamente tres posibilidades a elegir: una en euskera —ikastolas—, una en castallano y una bilingüe) y también por la promoción evidente de la opción euskaldún, ya que en la práctica muchas poblaciones pequeñas solo tiene cerca esa posibilidad (para elegir otra deben despalzarse). En Francia se protege esa lengua, pero sin preferencias ni oficialidad. En todo caso, en Euskadi el castellano sigue teniendo presencia institucional (lo que no ocurre, por ejemplo, en Catalunya).
  • IRLANDÉS — Establecida como lengua primera y nacional de Irlanda, cooficial con el inglés, esta variante del gaélico no es la mayoritaria en el país (lo es el inglés). También es cooficial en Irlanda del Norte (Reino Unido), aunque también minoritaria. Se considera que en Irlanda lo hablan con un dominio aceptable casi 2.000.000, de una población de algo más del doble. Su estudio es obligatorio en ese país, y es una lengua con aceptable presencia en medios de comunicación. Aunque una mayoría lo tiene como segunda lengua, hay zonas donde pervive como primera lengua, en la llamada región Gaeltacht. En Irlanda del Norte lo usa un 15 % de la población.
  • CÓRNICO — Lengua de Cornualles, en el Reino Unido, casi perdida, pero lentamente revitalizada a lo largo del siglo XX, aunque siga siendo una lengua muy secundaria en el territorio, apenas con un uso privado y en eventos. En el siglo XXI, con ciertas medidas de protección y fomento, ha pasado de 300 hablantes a más de 3000, y puede estudiarse como asignatura optativa. Ello demuestra crecimiento, aunque sea exiguo en una población regional de unos 500.000 ciudadanos.
  • CASUBIO — Idioma hablado en Polonia, en la región norteña de Casubia, dentro de Pomerania (que alberga a la famosa ciudad portuaria de Gdansk)), es uno de los ejemplos más claros de revitalización rápida. Ha pasado de unos pocos miles de hablantes a alrededor de 100.000 desde la caída del comunismo hace tres décadas, en una población de algo más del doble. En el pasado se lo consideraba por muchos un dialecto del polaco, pero actualmente tiene la calificación de lengua.
  • NAVAJO — Es uno de los idiomas indígenas de Estados Unidos más hablado en la actualidad, objeto de una fuerte protección. El pueblo navajo habita en el sureste del país (estados de Nuevo México, Arizona, Colorado…). Se considera que lo habla de manera fluida más de la mitad de una población de alrededor de 300.000. Sigue siendo una lengua vulnerable, pero en los últimos años se ha robustecido (especialmente entre los pobladores de las reservas), tiene una aceptable tranmisión generacional y goza de un gran prestigio entre sus hablantes.
  • MAORÍ — Es lengua cooficial en Nueva Zelanda (y también se habla en algunas islas de la Polinesia). Sufrió en esa isla de Oceanía una fuerte decadencia, tras haber sido lengua principal del territorio hasta mediados del siglo XIX, pero a mediados del siglo XX y muy especialmente desde finales de este y en el actual XXI ha experimentado una revitalización gradual, aunque con algunos períodos de estancamiento o retroceso. Se estima que más de 60.000 personas lo hablan con fluidez y unos 100.000 lo conocen de manera aceptable. Las consideraciones más laxas acercan los hablantes a los 200.000.
  • HEBREO — Había decaído, con una limitación a usos litúrgicos o académicos, pero se recuperó con la configuración del Estado de Israel. Actualmente oficial en el país, junto al árabe (aunque en el país es muy presente también el inglés), el hebreo moderno lo utilizan con mayor o menor dominio más de 8.000.000 de ciudadanos, contando los residentes en Israel y otros hablantes numerosos en otros países, como Estados Unidos.

La revitalización de una lengua no es una tarea fácil, al menos si se acomete sin represión, evitando que su ganancia derive del detrimento del derecho de los hablantes a preferir otras lenguas de su elección. Normalmente supone que una lengua en declive empiece a ser apreciada por los hablantes de una comunidad, gane presencia en los medios, disfrute de opciones para su estudio e incluso adquiera algún estatus como el de protegida o cooficial.

Los métodos que se aplican para conseguir el refuerzo de una lengua, o incluso su resurreccion si se la daba por extinta, son diversos. Entre ellos, pueden destacarse los siguientes:

  • Enseñanza optativa en los programas educativos infantiles o juveniles
  • Inclusión de algunas horas de estudio de la lengua en los programas troncales de la enseñanza media.
  • Inclusión de alguna asignatura en la lengua en los programas ordinarios.
  • Inmersión total bilingüe en la educación (combinando la lengua con el idioma más hablado del lugar).
  • Inmersión preferente en esa lengua en la educación.
  • Campañas publicitarias e informativas de promoción de la lengua.
  • Planes formativos para aumentar el número de profesores de la lengua.
  • Planes de enseñanza y alfabetización en la lengua, al margen de la enseñanza reglada.
  • Programas voluntarios de parejas lingüisticas, para fomentar el mentoring en ese idioma.
  • Creación de comunidades de hablantes con apoyo financiero oficial.
  • Activación en la sociedad civil de comunidades lingüisticas (de estudio, uso y promoción).
  • Inclusión de la lengua en paneles informativos multilingües.
  • Refuerzo de los estudios académicos sobre la lengua.
  • Normas de uso obligado de la lengua en determinados ámbitos.
  • Creación de instituciones oficiales o semioficiales de protección de la lengua.
  • Inclusión de la lengua en usos institucionales.
  • Uso de la lengua en los nomenclátor (de calles, monumentos…).
  • Utilización del idioma en la información urbana.
  • Subvención de obras cinematográficas que incluyan diálogos en esa lengua.
  • Planes para incluir la lengua como opción en productos de software.
  • Elaboración de programas televisivos y radiofónicos de divulgación temática con locución en la lengua.
  • Inclusión de programas de enseñanza de la lengua en la televisión y en la red.
  • Promoción de la edición de libros en esa lengua (de ficción o no ficción, originales o traducciones).
  • Concursos literarios de relatos cortos y microrrelatos en la lengua.
  • Iniciativas de recaudación de fondos para el reforzamiento de la lengua (eventos deportivos, fiestas, jornadas, colectas…).

En los dos posts siguientes me refiero a las lenguas amenazadas (que pueden ser o no minoritarias, pero generalmente están minorizadas), incluyendo las que se consideran en serio peligro de desaparación, tomando como referencia el Atlas de la UNESCO. También incluyo una breve alusión final a la consideración de las lenguas como residuales. Asimismo, en una entrada posterior me fijaré en los dos extremos: las lenguas a salvo y las ya extinguidas.