La galaxia comunicativa (6): lenguas en uso

Siguiendo con la lista de elementos de la comunicación, tras la entrada dedicada a los idiomas, apunto aquí algunas caracterizaciones, manejando criterios como su uso y extensión, su ubicación, su fuerza y dominio en cada territorio, el ser únicos o compartidos en este o su función canalizadora de la comunicación personal como herramienta predominante o secundaria.

(En el siguiente post me referiré a las lenguas expuestas a riesgos o que ya están en peligro).

Los once niveles de uso de una lengua

Dominar varias lenguas es una tarea homérica. Dominar dos, memorable. Dominar una, un reto al alcance de pocos.

Pero ¿qué es dominar una lengua? ¿Hablarla? ¿Escribirla? ¿Sentar cátedra en ella?

Todos conocemos a personas que alardean de que manejan dos o más lenguas, pero ¿se producen en todas con el mismo dominio? ¿Las leen y escriben por igual? ¿Entienden a todos sus hablantes, sea cuál sea su fonética y su estilo personal de pronunciación? ¿Entienden una película u obra de teatro en versión original, sin subtitulaciones? ¿Son capaces de detectar errores gramaticales en el habla o en los textos de otros? ¿Son conscientes de sus propios errores y los detectan cuando incurren en ellos?

Hay, sin duda, personas que dominan de un modo destacable dos lenguas: suelen ser, generalmente, hablantes y escritores bilingües porque nacieron en familias con dos lenguas (paternas/maternas) o viven en territorios en los que existen dos idiomas que son cooficiales o conviven con cierta implantación y relevancia.

Auqnue también existen, son menos numerosos quienes llegan a dominar una segunda lengua tanto como la primera tras un cambio de residencia, y generalmente suele ser un idioma que ya aprendieron de niños en colegios internacionales.

Es más habitual que haya hablantes que, dominando solo una lengua, la suya, consiguen un nivel aceptable de un segundo idioma, bien porque también es muy hablado en su territorio (a veces incluso oficial), bien por razones de origen o familiares, bien porque es la lengua principal de otro territorio que visitan a menudo, al que se han desplazado para pasar una larga estancia o en el que desde hace unos años residen de forma definitiva (o hasta nueva orden).

Pero la realidad es que la mayoría de las personas hablan y escriben solo en una lengua, aunque tengan leves nociones de otra. En esa lengua se comunican, entienden a otros hablantes (al menos a la mayoría), leen textos y a veces los escriben.

Por tanto, para precisar si una lenguas es la propia, si se domina, si puede incluirse entre las que alguien maneja con soltura, lo primero que hay que hacer es diferenciar los distintos usos que pueden darse a esta herramienta de comunicación.

Con cada uso distinto, el ciudadano asume una condición diferente.

  1. Lengua en la que se piensa — USUARIO
  2. Lengua que se habla — HABLANTE
  3. Lengua que se pronuncia — HABLANTE, LOCUTOR, INTÉRPRETE o RECITADOR
  4. Lengua que se entiende oralmente — HABLANTE EXPERIMENTADO
  5. Lengua que se lee — LECTOR DE TEXTOS
  6. Lengua que se escribe — REDACTOR o ESCRITOR
  7. Lengua que se traduce — TRADUCTOR
  8. Lengua que se corrije — CORRECTOR
  9. Lengua que se analiza — ANALISTA, LINGÜISTA o ACADÉMICO
  10. Lengua que se enseña — PROFESOR DE LENGUA o ASESOR DE COMUNICACIÓN (ORAL o ESCRITA)
  11. Lengua que se modifica — HABLANTE o ESCRITOR QUE ACTÚA COMO AGENTE DEL DESARROLLO DE LA LENGUA

No voy a entrar aquí a examinar esos roles como usuario de lenguas, ya que esta serie de entradas consiste solo en una lista de elementos, ámbitos y disciplinas de la comunicación. (Ahondar en estos usos puede ser materia interesante para otras entradas futuras).

Basta aquí con apuntar que:

  • Pensamos en una lengua preferentemente, hablemos o no más en ella.
  • Hablamos normalmente en un idioma o sobre todo en uno cuando la elección depende de nosotros (no viene condicionada por la otra lengua del interlocutor o por normas del ámbito en el que nos comunicamos).
  • A veces traducimos mentalmente cuando hablamos otra lengua que no es la principal, pero también es posible que sepamos pensar en más de una (aunque solo una suele ser la lengua master o lengua base).
  • Entendemos a casi todos los hablantes de nuestro idioma (principal) y a algunos del segundo que manejamos con soltura (si es el caso), aunque a menudo tenemos dificultades para comprender oralmente a algunos hablantes de esas otras lenguas que conocemos pero no dominamos (ya que existen muy diversos modos de hablar y pronunciar un mismo idioma).
  • Escribimos al menos en una lengua, aunque no siempre con total corrección.
  • Solo si somos avezados en la redacción en una lengua podemos dedicarnos a la enseñanza, la escritura y la corrección.
  • Que no sepamos escribir con rigor gramatical, riqueza léxica, finura de estilo y versatilidad de formas no nos disuade (ni nos debe disuadir) de escribir, porque la comunicación personal es más importante que la corrección.
  • Hay personas que saben leer textos con soltura en otras lenguas pero no saben hablarlas, ya que manejarse oralmente en un idioma implica algo más que conocerlo: es preciso articular rápido la construcción y la deconstrucción de frases, porque la oralidad exige velocidad.
  • Existen buenos pronunciadores (que pueden leer discursos en otros idiomas que conocen), pero que no tienen solvencia léxica ni fluidez gramatical suficientes para mantener conversaciones fluidas en esas lenguas.
  • Hay quienes saben leer en varios idiomas, pero con lentitud y ayudas (diccionarios, gramáticas…).
  • Podemos encontrar a notables dominadores del habla en lenguas distintas a la propia que a pesar de ello denotan pronunciaciones de juzgado de guardia (carecen de habilidad para asimilar ni siquiera a un nivel básico fonéticas diferentes a la de su idioma principal).

Más allá de las habilidades y conocimientos personales que nos permiten unos u otros usos en mayor o menor grado, y, por tanto, generalizando, debemos preguntarnos…

  • ¿Por qué dominamos unas lenguas y otras no?
  • ¿Qué nos condiciona a elegir lengua?
  • ¿Qué idiomas se imponen por su atractivo o por otros motivos?
  • ¿Qué lenguas conviven en una zona y por ello nos invitan o incitan al bilingüismo o, al menos, a ampliar nuestra base idiomática?

Las siguiente es una clasificación de lenguas que, sin ser una tipología, engloba algunas caracterizaciones diferenciadas por su más o menos relevante asunción personal como herramienta de comunicación o por su implantación territorial o uso funcional.

Lenguas según su asunción personal

Lengua materna

Esta expresión puede entenderse con distintos sentidos:


  • Lengua de la madre.
  • Lengua de la madre o del padre.
  • Lengua de la familia.
  • Primera lengua aprendida en el entorno de crecimiento (familia propia o de acogida en la mayoría de los casos, aunque también podría ser un centro de acogimiento civil o religioso).

Puede tratarse de una sola lengua, si en el ámbito familiar se oye solo una, o de dos, ya que algunas personas crecen bilingües adquiriendo dos lenguas maternas (generalmente la materna y la paterna).

En los casos en que se trate de un tutor, de una familia de acogida o de un centro, el calificativo de materna será solo en sentido figurado: lengua de la persona o personas que tiene a ese niño a cargo o idioma que utilice el responsable del centro que tiene la interlocución inicial con el niño y sea el aplicado en los programas formativos del ente.

Como excepción, puede haber adquisiciones lingüisticas de calle, orales, por la vida en grupo, en el caso de niños sin padres ni tutores que vivan de modo desordenado, sin una familia o centro de acogida con los que tengan una relación regular, o de tribu más que de familia (en algunas poblaciones indígenas), pero es algo menos habitual, porque siempre suele haber algún punto de conexión preferente de tipo personal.

Por extensión, puede considerarse materna también a la estudiada en los primeros años escolares como lengua vehicular, aunque la englobo en el siguiente tipo, que es más amplio.

Lengua propia, principal o primera

Bienvenida en varios idiomas
Atypical welcome — De Quinn Dombrowski – en Flickr – CC BY-SA 2.0

Si consideramos la expresión lengua propia como algo asociable al hablante y no solo a sus progenitores, esta no puede ser solo la de la madre o del padre, porque en algunos casos esa no acabará siendo la primordial del descendiente directo.

La expresión adecuada sería primera lengua, lengua principal o lengua propia de un hablante. También hay quienes la denominan lengua de referencia. Puede ser la de la madre, la del padre o la de ambos, pero también otra. Lo más probable es que sea la usada preferentemente en el ámbito familiar: suele ser la que comparten los dos progenitores o la de uno de ellos (dominante en la familia) si ambos tienen lenguas propias diferentes.

En el caso de familias de inmigrantes (desde países con otra lengua), puede darse el caso de que la nueva generación nacida en el lugar de destino mantenga la lengua materna como primera lengua (adquiriendo otra como segunda) o que adquiera ya la oficial (o una cooficial) de su nuevo país.

Por eso, con independencia del factor familiar o de entorno, podemos dar a las expresiones lengua propia, lengua principal o primera lengua los siguientes sentidos:

  • Lengua más conocida y dominada (habla, comprensión oral y lectura, fundamentalmente, y también escritura).
  • Lengua en la que, además de hablar, se piensa.
  • Lengua más utilizada.
  • Lengua de preferencia en la vida privada.
  • Lengua a la que se han dedicado más horas de estudio (o en los estudios) durante los años iniciales de formación.

Generalmente, en la lengua propia de una persona se dan estos cinco sentidos, aunque hay que admitir dos excepciones:

  • Algunas personas se ven obligadas a utilizar en lugar de la propia otra lengua que dominan (cooficial o extranjera) en el ámbito prrofesional, porque esa es la lengua vehicular de la empresa o institución.
  • Hay jóvenes que se forman en una lengua (por que hay sistemas de inmersión obligatorios) pero mantienen otra como lengua propia (generalmente, la materna/paterna) y le dan uso preponderante en su vida privada.

En estas dos situaciones puede ocurrir que esta obligación profesional o formativa derive en que esas personas hablen más tiempo en esa otra lengua que en la propia, si no durante todo el año, al menos durante un mayor número de horas al día en el tiempo no festivo ni vacacional.

En cuanto al bilingüismo, es cierto que, en territorios en los que hay dos lenguas oficiales y se estudian ambas –no siempre en la misma proporción—, hay hablantes que llegan a dominar por igual ambas y tanto alternan el pensamiento en los dos idiomas como saltan en el habla de una a otra lengua, en su vida privada, si le tienen a ambas el mismo afecto. (Por poner un ejemplo, es más habitual el salto de lenguas en una misma conversación en habantes de euskera en el País Vasco que en los de catalán en Catalunya, y no por carencias o falta de fluidez, sino por mera costumbre).

A pesar de ello, puede afirmarse que siempre hay una lengua principal: la que uno usa primordialmente cuando no se adapta a un interlocutor o cuando dispara primero, que es aquella con la que más a gusto se siente el hablante, la que le sale por defecto, en la que cree ser más variado y brillante, la que le permite manejar con mayor dominio y creatividad los registros de la retórica, la modulación del tono y el sentido del humor. Coloquialmente, es aquella en la que se piensa, se reflexiona, se ama, se sueña, se rezonga, se insulta y se habla con uno mismo.

Segunda lengua

Es la lengua que más se domina además de la propia o principal. Puede tratarse de:

  • La segunda lengua que puede manejar un hablante que realmente solo domina un idioma.
  • La segunda lengua más dominada por alguien que sabe comunicarse de modo notable en dos idiomas.
  • La segunda lengua mejor dominada por quien tiene un idioma principal y muestra un aceptable manejo de otros idiomas en los que también puede comunicarse con hablantes nativos.
  • La segunda lengua de un hablante totalmente bilingüe que domina y usa más la otra por simple preferencia u obligado por circunstancias externas o ajenas a su voluntad.
  • La segunda lengua en la que crea textos un escritor que tiene una mayor producción en la otra lengua que más domina.

Quien esto escribe, por poner un ejemplo que obviamente conozco, tiene como lengua propia o principal el castellano y como segunda lengua el catalán: en esta otra lengua me manejo bien, con una más que aceptable velocidad verbal, aunque algo menos de rapidez en la redacción para asegurar textos correctos y una variedad gramatical, terminológica y expresiva algo reducida en el habla respecto de la comprensión lectora). En cuanto a la fonética, diríamos que es correcta pero sin esconder a un buen oyente del lugar que es la de un castellanoparlante.

Otras lenguas (inglés, francés, italiano…) las manejo en algún grado, pero ni de lejos me atrevería decir que las domino en todos los usos: funciono con cierta comodidad en la lectura y la traducción al castellano, y las pronuncio bastante bien —mejor que muchos hablantes no nativos pero más dominadores de estos idiomas que yo—, pero las hablo y escribo con ciertas limitaciones, solo poniñendole esfuerzo y con cierta lentitud por el uso infrecuente.

En cuanto al euskera, lo conozco bastante, incluso lo puedo pronunciar, pero, a día de hoy, oralmente entiendo solo expresiones, palabras y fragmentos de frases y no me llega el conocimiento ni para la lectura de corrido de textos complejos sin ayuda de diccionarios y gramáticas, ni para articular conversaciones que pasen de expresiones cortas.

A veces, algunos hablantes se presentan como dominadores de varias lenguas cuando realmente solo se manejan con cierta soltura en una y en las demás muestran hablas, lecturas y escrituras de trote cochinero o vuelo gallináceo (y eso sin entrar en el rigor gramatical). Cada uno alardea como le parece y decide a qué le llama dominio. Yo, para presumir de manejo y dominio, prefiero poner el listón alto, lo que me lleva a decir que, dominar, dominar, solo una, y tratando de depurar vicios y pulir el estilo de día en día…

Lenguas según su uso e implantación

Lengua mayoritaria o dominante

Son aquellas habladas por la mayoría de la población de un estado o territorio. Esta consideración puede hacerse con dos criterios: considerar solo a los que tienen ese idioma como primera lengua o englobar a todos los que la hablan por ser bilingües. Con este segundo criterio, el porcentaje puede variar según se determine qué es hablar una lengua: conocerla, leerla, entender a quienes la hablen, hablarla a un nivel básico, hablarla con fluidez…

En algunos casos, la calificación de una lengua como mayoritaria resulta evidente y se asocia a territorios estatales: el inglés en el Reino Unido y Estados Unidos, el alemán en Alemania y Austria, el castellano en España, el portugués en Portugal, el árabe en Arabia Saudí… Suelen ser las lenguas vernáculas estatales desde hace mucho tiempo.

Pero también hay territorios no estatales que tienen una sola lengua dominante, que no es la misma en otras zonas del Estado: Flandes, el neerlandés flamenco; Valonia, los cantones occidentales de Suiza y Quebec, el francés…

Una lengua mayoritaria puede ser la única existente, la única oficial (haya o no otras) o cooficial con otro idioma (ver post anterior: La galaxia comunicativa (5): lenguas o idiomas).

Lengua codominante

Señal bilingüe en Bruselas
Tweetalige wegwijzer – Señalizacion bilingue Bruselas – Flickr – CC BY-SA 2.0

Hay también estados o territorios no estatales que comparten dos lenguas y a pesar de ello podríamos considerar ambas como mayoritarias o dominantes: en Catalunya, el castellano y el catalán; en Galicia, el castellano y el gallego; en Bruselas, el francés y el neerlandés flamenco; el Luxemburgo, el francés, el luxemburgués y el alemán…).

En muchos de estos casos, es aproximadamente una mitad de la población la que tiene una lengua materna o la otra (o un tercio), pero muchos hablantes de una muestran un buen dominio de la otra o las otras.

También existen países en los que se comparten lenguas emparentadas: por ejemplo, el Antigua y Barbuda, el inglés es la lengua oficial pero el inglés criollo es la lengua más hablada. (A las lenguas criollas me referiré en una próxima entrada).

Y los hay que tienen una primera lengua oficial que es mucho menos hablada que la segunda oficial: por ejemplo, en Irlanda, la lengua principal y nacional es el gaélico irlandés, pero la segunda oficial, el inglés, es la mayoritaria.

Conviene decir, por otra parte, que hay Estados y territorios bilingües en los que se usan las dos lenguas para todos los asuntos oficiales e informativos, mientras que en otros, a pesar de la cooficialidad, se prima para todos o algunos asuntos la que consideran más autóctona, a veces aunque sea algo menos hablada (decisión en ocasiones no exenta de polémica), o la más hablada (algo también discutido).

Lingua franca

Se denomina lingua franca a una lengua en uso que en determinados momentos de la historia es utilizada por una serie de países con idiomas distintos para entenderse entre ellos, de modo general o restringido a determinados ámbitos de actividad.

Así, puede haber linguas francas:

  • Sectoriales o funcionales — Están asociadas a determinados tipos de comunicación, como la institucional, la ceremonial…, o son dominantes en determinados ámbitos de actividad. Por ejemplo, el latín fue la lengua de la Iglesia Católica, y ahora en cierto modo lo es el italiano (o lo fue hasta que empezaron a designarse papas de otros países: uno polaco, uno alemán y uno argentino, y, en cierta medida, al menos en el ámbito interno, esa condición se diluyó un tanto); el francés es la lingua franca olímpica, aunque también se usa mucho el inglés en ese ámbito; la UE tiene varias lenguas principales, aunque el inglés y el francés son las más dominantes… En la diplomacia el inglés manda… En ámbitos concretos, lingua franca es un término de sentido cercano al de lengua vehicular y compatible con este (aunque con algunos matices diferenciales).
  • Continentales o zonales — Utilizadas en determinadas zonas continentales, pero no en otras: un ejemplo claro es el español, que se utiliza en la mayoría de los países de Sudamérica. En ese subcontinente, en Brasil la lengua principal es el portugués, y en algunas islas o territorios se habla de modo dominante el inglés, neerlandés o francés (Jamaica, Haiti, Surinam, Martinica…), pero hay infinidad de lenguas indígenas que son muy diferentes entre sí: por ello, el español es la verdadera lingua franca para asuntos globales de los subcontinentes americanos (Centro y Sur) y, en menor medida, también lo es el inglés). Y el suajili es lingua franca de varios países africanos colindantes (Kenia, Tanzania, Uganda y la República Democrática del Congo) y, por extensión, también de otros países de la Unión Africana, en algunos junto al francés, el inglés y/o el árabe…; en el Magreb el francés y el árabe sirven como lengua común en varios países; el árabe es la lingua franca de muchos países musulmanes africanos y asiáticos occidentales…
  • Generalizadas — Se utilizan como lengua común en muchas zonas del planeta que no son necesariamente contiguas: ejemplos son el latín en la época del Imperio Romano (entonces el mundo practicable era más pequeño) o el inglés en la actualidad.

Lingua franca, en todo caso, no quiere decir que se trate de un idioma de uso generalizado en las poblaciones de casi todos los países. Dominar una segunda lengua no es algo que pueda considerarse extendido en toda la sociedad de ningún país, aunque en algunos se trabaje más en la educación esa poliglotía.

Hay estados tradicionalmente remisos a hablar segunda lenguas (como, por ejemplo, España, Francia o Italia) en los que hay amplias capas de la población que no dominan ese idioma útil y común que es el inglés.

Por otra parte, algunos países con escasa predisposición al habla de segundas lenguas (en una medida mucho más significada que los tres citados) sí hablan una lingua franca, pero solo porque esa es su lengua: el Reino Unido o Estados Unidos son claros ejemplos que incluyen a muchos ciudadanos (incluso con notable nivel de estudios) que raramente articulan palabra que no sea dicha en su propio idioma.

Lengua vehicular

Este es un concepto que en ocasiones se utiliza como sinónimo de lingua franca, consideradas ambas como denominaciones de un idioma utilizado de modo transversal en un ámbito territorial o sectorial en el que participan hablantes de diversas lenguas. No obstante, se suele aplicar con más frecuencia y precisión al idioma que se elige como herramienta de comunicación obligada en un ámbito muy concreto de actividad.

Lingua franca se usa así con preferencia cuando la preponderancia viene dada por razones de origen y tradición o por determinadas circunstancias que convierten a esa lengua en la herramienta de comunicación única posible o en la más fácil y socorrida, generalmente en ámbitos amplios y con uso generalizado. Por su parte, lengua vehicular se utiliza más bien cuando se trata de una elección que conlleva una precisa intención comunicativa o formativa en entidades, instituciones específicas, o actividades y eventos concretos. En este sentido, la lingua franca se convierte en común de un modo natural y evolucionado, mientras que la lengua vehicular es una decisión actual, arbitraria, más o menos justificada por razones de utilidad.

De este modo, podemos decir que el francés es la lingua franca del mundo olímpico, pero quizá en algunos organismos —por ejemplo, en los comités olímpicos de países asiáticos o árabes— elijan el inglés como lengua vehicular para reuniones y documentos (que es, por otro lado, la lingua franca global), aunque no sea su lengua propia.

Quizá se vean algo más claros los posibles matices diferenciales si nos fijamos en el italiano, que, como citaba antes, podemos considerarlo como lingua franca en la Iglesia Católica (dada la extensión y universalidad de esta), en el latín (lingua franca católica hace varios siglos pero ahora lengua vehicular de uso ceremonial y litúrgico de esa religión), y en el idioma copto, al que tampoco llamaríamos ahora lingua franca, por su escasa extensión y su uso no generalizado, pero que también es la vehicular en los ritos litúrgicos de la Iglesia Ortodoxa Copta. En las religiones, la lengua vehicular de las ceremonias se denomina lengua litúrgica.

Al margen de las liturgias místicas, los campos más habituales para la elección de lenguas vehiculares son tres: la enseñanza, la vida de la empresa (o ente privado) y el funcionamiento de las instituciones, entes y organismos públicos o semipúblicos.

En cuanto a la formación, poniendo el ejemplo de España, en algunos territorios se elige una lengua cooficial como vehicular para la enseñanza (como en Catalunya). En otros se ofrecen modelos idiomáticos alternativos en los colegios, cada uno con una lengua vehicular (es el caso, en teoría, del País Vasco, en el cual hay tres sistemas: uno con el euskera como vehicular, el otro con el castellano y un tercero mixto; digo en teoría porque hay muchas poblaciones en las que solo se ofrecen plazas para la modalidad de euskera, en las ikastolas, y no hay opción, lo que reduce la aplicación de esa libertad de elección: es un asunto polémico).

La expresión lengua vehicular también se asocia a la lengua de uso preferencial (por defecto) que se establece en una empresa, organismo, ente o institución en ámbitos territoriales con cooficialidad de idiomas, o con respecto a una lingua franca internacional o a la lengua de la central corporativa.

Pueden seguirse tres criterios:

  • Que los escritos y documentos principales, rótulos e informaciones, declaraciones… se elaboren siempre en una de las lenguas cooficiales, y se obligue también a que esa lengua sea la utilizada en reuniones (salvo con extranjeros o recién llegados de otros territorios).
  • Que los empleados y colaboradores puedan elegir lengua (de las cooficlales) en los textos y reuniones, aunque se determine que la lengua por defecto para las actas, notas y documentos oficiales sea una concreta.
  • Que se establezca una lingua franca como vehicular en la empresa en todas las interlocuciones no privadas, algo poco habitual, pero que suele darse en algunas sucursales de multinacionales. Generalmente sucede únicamente con el inglés, pero también puede darse en otros casos con lenguas muy extendidas (francés, español…).
  • Que se elija una lengua vehicular corporativa por razón de ser la lengua propia de la sede central: por ejemplo, el francés, para las sucursales en África de una multinacional francesa; el suajili para las filiales de un grupo empresarial keniata en varios países del continente; el español, en todas las sucursales y filiales de un banco en Sudamérica y Centroamérica, extendido como idioma común por defecto a las que haya en Brasil, en los países anglófonos del Caribe o en el Sur de Estados Unidos.

En todo caso, es habitual que incluso en empresas e instituciones en las que se determina una lengua vehicular haya cierta flexibilidad en aras de lograr siempre la mejor comunicación, optimizar la confección de textos y fomentar la presencia de empleados, profesionales y colaboradores de diversas procedencias, primando la eficacia comunicativa (e incluso la reducción de costes) sobre la disciplina idiomática.

Por otro lado, a veces ocurre que una lengua es considerada de facto vehicular por una gran parte de la población, incluso por hablantes de otra lengua cooficial, respecto de un determinado tipo de producto: eso sucede, por ejemplo, cuando se comercializa un estreno de películas en salas con doblaje en dos lenguas o se edita simultáneamente un libro extranjero traducido a los dos idiomas y, a pesar de la distribución idiomática en la población, tiene más éxito la versión en una de las lenguas, generalmente en la oficial en el Estado.

Por ejemplo, este fenómeno se da en Catalunya con la exhibición de cine en salas. Los motivos pueden ser varios: costumbre arraigada, opinión mejor sobre el doblaje en castellano por una mayor experiencia o un más amplio repertorio de voces, elección de la lengua común cuando se acude en un grupo que incluye variedad de preferencias idiomáticas, mayor neutralidad fonética en el uso en doblaje de una lengua respecto de la otra, lo que simula mejor la lengua extranjera sustituida…

En lo referido a la edición de libros, se produce a veces el mismo fenómeno de dominio de un idioma de traducción sobre otro (en mayor medida que la diferencia de porcentaje de los que tienen una u otra como primera lengua), pero en un grado más atenuado que en el cine, mientras que en el teatro no suele habe dobles versiones, pero si las hubiera, se daría raramente ese fenómeno, ya que en una representación escénica en directo se suele priorizar la versión más original según la lengua de la producción y de los actores, siempre que se entienda.

Lengua minoritaria

Una lengua es minoritaria cuando la habla un porcentaje reducido de la población de un territorio. Ese concepto puede referirse a un territorio internacional (como la Unión Europea), uno estatal de cierta dimensión física y poblacional (España, Francia, Italia, Reino Unido…) o uno no estatal (comunidad autónoma, región, departamento, estado federado o asociado…).

Cuanto más amplio sea el ámbito considerado, más posibilidades hay de que una lengua muy impuesta en un territorio sea tenida por minoritaria en el más extenso. Por ejemplo, el catalán y el gallego no son minoritarios en Catalunya y Galicia respectivamente, pero sí lo serán si consideramos su porcentaje de población en el total español. Por eso conviene siempre tener en cuenta qué significado damos al carácter minoritario:

  • Porcentaje pequeño respecto a la población de su territorio natural.
  • Porcentaje pequeño respecto a la población del Estado en el que se integra ese territorio.
  • Número de hablantes en una zona continental (o subcontinental) o en todo el mundo.

La Carta Europea de las Lenguas Regionales y Minoritarias incluye las lenguas diferentes a la oficial estatal:

  • Habladas solo en regiones determinadas de un Estado.
  • Habladas en regiones o en zonas diseminadas de un Estado (o de varios) por un porcentaje pequeño de la población de esos lugares.

Hay lenguas minoritarias más o menos habladas. Así:

  • Una lengua minoritaria en un territorio puede ser mayoritaria en otro del mismo Estado o de uno diferente (aunque se considere que no tiene en el mundo un número muy elevado de hablantes).
  • Hay lenguas que son minoritarias en todos o casi todos los territorios en los que se hablan, sean de unos u otros Estados.
  • Algunas lenguas minoritarias en algunos territorios son muy habladas si sumamos el conjunto de hablantes en todo el mundo.

Por tanto, la situación de una lengua minoritaria puede ser muy diferente a la de otra, y ello nos lleva a constatar que, globalmente, tanto puede haber algunas amenazadas como otras que se hallen en su mejor momento.

El catalán, por ejemplo, es minoritario en España, pero muy extendido en Catalunya y hablado también en la Comunidad Valenciana (con otro nombre y pequeñas diferencias), en las Islas Baleares y en una población de Cerdeña (Alguero), la quinta en población de esa isla. Globalmente, por tanto, no es una lengua poco hablada, pero si solo nos fijamos en Alguero, es minoritaria al considerarla primera lengua menos del 25 % y lengua de más uso menos del 15 %.

Y, en Bretaña, territorio en el que el francés es la lengua mayoritaria, se hablan en menor medida el bretón (que es de raíz céltica) y el galó (que es románica pero con influencia celta y conexiones con el normando).

Además del catalán, el euskera y el gallego en España, otros ejemplos de idiomas más minoritarios, de los muchos que podrían citarse, son la fabla aragonesa y el aranés, también en España, el romanche en Suiza, el frisón en Alemania, el abjazo en Georgia, el tártaro en Rusia, el ladino en Italia, el corso en Córcega…

No debe confundirse lengua minoritaria con lengua no protegida (algunas están muy cuidadas) ni con lengua amenazada (las hay minoritarias con muy buena salud), pero hay algunas que son minoritarias y sí han sufrido embates del entorno o históricos, o incluso están aún expuestas a riesgos.

Lengua amenazada

Es una lengua que está sometida a presiones que pueden:

  • Convertirla en una lengua de implantación o uso más débil (lengua minorizada).
  • Llevarla al borde de la extinción
  • Hacerla desaparecer del todo.

Los riesgos pueden responder a factores de diverso tipo y las amenazas pueden darse en diferentes intensidades.

Asimismo, pueden estar sometidas a amenazas algunas lenguas minoritarias aunque sean mayoritarias en un territorio, si ello no va acompañado de otros factores de refuerzo: oficialidad o protección, usos extendidos diversos (medios, edición, política, administración, educación…), compañía o cercanía de otros territorios con la misma lengua…

También una lengua mayoritaria en un Estado (e incluso muy presente en el mundo) puede estar amenazada en un territorio de ese mismo Estado si se la priva por los poderes regionales de armas como la educación y el uso administrativo: no estaría expuesta a un riesgo de desaparición, pero sí al de emprobrecimiento en esa zona del país.

A esta circunstancia le dedico la entrada siguiente, por lo que no me extiendo aquí.

Lenguas por su extensión, distribución y conexión

La fortaleza o debilidad de una lengua viene dada por:

  1. Su uso (o, más en concreto, sus usos: habla, documentación, periodismo, literatura…).
  2. El número de hablantes.
  3. El carácter de oficialidad (o de lengua principal oficiosa).
  4. Su enseñanza y su utilización en la enseñanza.
  5. Su extensión y distribución en el planeta.
  6. Su ubicación (aislada o junto a países con la misma lengua, sea o no con variantes de esta).
  7. Su conexión filológica con otras lenguas existentes.
  8. La protección que le brindan las autoridades del territorio (o de otros que también la hablan).

Mencionados ya los cuatro primeros, me fijo ahora muy brevemente en los tres siguientes: la extensión y distribución, la ubicación y la conexión (la protección la dejo para el siguiente post sobre riesgos).

Lenguas extendidas

Son aquellas que están distribuidas por diferentes países, en más de un continente, como lenguas oficiales, cooficiales o al menos relevantes como herramienta de comunicación de muchos hablantes. Ello puede producirse por:

  • Ser la lengua principal en países distintos no colindantes.
  • Haberse diseminado por el planeta a través de fuertes flujos migratorios o movimientos de tipo profesional.

Estos son algunos ejemplos:

  • El inglés es la lengua más extendida: se habla en el Reino Unido, en Irlanda, en Estados Unidos, en todos los paises de la Commomwealth y en algunos otros países africanos e islas del Índico y el Pacífico. Además, hay comunidades anglófonas distribuidas por multitud de países y es la principal lingua franca en el planeta.
  • El español (castellano) es dominante en España y en la mayoria de los países de Centroamérica y Sudamérica, y también se habla de modo notable en algunos territorios de Estados Unidos (Texas, Nuevo México, Arizona, Colorado, California, Nevada, Florida, Puerto Rico, Nueva York, Nueva Jersey…). Y hay comunidades hispanas en muchos otros países.
  • El francés se habla en Francia, Valonia (Bélgica) y Luxemburgo, en Canadá (sobre todo en Quebec), en muchos países africanos (Marruecos, Argelia, Túnez, Camerún, Gabón, Malí, Niger, Burundi…), en ciertos países asiáticos (Líbano, Vietnam…), en algunos territorios caribeños (Guayana francesa, Martinica, Haiti…) y en ciertas islas del Índico (Polinesia, Vanuatu…). Y también hay comunidades de hablantes francófonos en muchos otros estados.
  • El árabe es la lengua común de muchos países en África (en una línea que va desde Arabia Saudí hasta Marruecos), y se habla con intensidad en muchos núcleos de población de origen árabe en países como Francia, Bélgica, Italia, España…
  • El chino (especialmente el mandarín) se habla sobre todo en China, que es un país muy extenso, y en Taiwan, pero está presente en muchos países del mundo por las numerosas colonias chinas que existen en esos estados.
  • El portugués se habla en Portugal, en Brasil (país muy extenso), en varios países africanos (Angola, Mozambique, Cabo Verde…), en algunos territorios asiáticos (Macao, TImor…), y lo hablan además importantes colonias portuguesas en algunas zonas (muy conocida, por ejemplo, es la de París).
  • El suajili es la lengua principal de Kenia y Tanzania, pero se usa de modo destacable en otros países africanos como República Democrática del Congo, Burundi, Somalia, Ruanda, Malawi, Uganda…, y en otras comunidades de esos países diseminadas por Africa.

El ejemplo del español es muy sugestivo: el país con mayor número de hablantes de esta lengua es México, no España, y aún se sitúa Estados Unidos por encima de la madre patria lingüistica en usuarios de esa lengua, aunque allí no sea oficial (de hecho, ni siquiera el inglés lo es).

Otros idiomas muy hablados, como el hindi y el urdu (de la misma raíz), no podríamos calificarlos como lenguas muy extendidas y diseminadas, aunque sean de las más habladas del mundo (nada menos que la cuarta), ya que se circunscriben fundamentalmente a territorios dentro de los mismos estados, India y Pakistán, que son colindantes. o cercanos  (dejando aparte las comunidades de hablantes emigrados, que hay muchas). Y algo similar podríamos decir del bengalí y del panyabí, también en la India, o del japonés, en la isla de Japón.

Este últimos ejemplos nos indican que la extensión no es el único factor decisivo en la fortaleza de una lengua: el número de hablantes, si es elevado, y el carácter de oficialidad y predominio de una lengua en un país o territorio muy poblado son características que por sí mismas musculan los idiomas y les dan fuerza para mantenerse y prevalecer.

Lenguas transnacionales o vecinales

Algunas lenguas no están extendidas por el mundo (al margen de que haya algunas comunidades de hablantes emigrados en otros países), pero sí se montan sobre más de un país colindante o tienen territorios internos que comparten idioma.

La fuerza que da esta vecindad idiomática no la da solo el que haya más número de hablantes, sino el efecto indirecto que trae siempre que haya diferentes administraciones que lo regulen y protejan (lo que disminuye el riesgo de amenaza por desuso, no asistimiento, escasa atención académica o desinterés educativo que puede traer la volatilidad política a la que está expuesto cualquier país).

Ejemplos de esta circunstancia son:

  • El catalán, que se habla en territorios españoles contiguos, con sus variantes (Catalunya, Valencia, Baleares), en Andorra, y, en menor medida, en la zona Sur de Francia y en la isla de Cerdeña.
  • El euskera, que se habla en el País Vasco y en la parte norte de Navarra (en España), y con algo menos de implantación, en los territorios del País Vasco francés.
  • El ruso, que se habla en muchos países y territorios de la antigua Unión Soviética, algunos actualmente dentro de Rusia y otros independientes.
  • El italiano, que se habla en Italia (además de en San Marino y el Vaticano) y también, en menor medida, en el Sur de Suiza y de Austria, en Croacia (Istria), en Eslovenia…, también tiene cierto uso en la cercana Libia… y hay algunas pequeñas muestras de población hablante en Eritrea, Etiopía…
  • El ya citado urdu, que se habla en Pakistán pero también en algunos territorios de la India.

Conviene puntualizar que la frontera entre lenguas extendidas y lenguas a caballo solo de territorios colindantes y cercanos son difusas, ya que, por ejemplo, Rusia es en sí mismo practicamente un continente, y la extensión del ruso por muchos estados y territorios de Europa y Asia lo hace especialmente poderoso, sin necesidad de contar a los hablantes emigrados.

Asimismo, en otro de los ejemplos citados, el del italiano, se une su presencia destacada en ciertos territorios más lejanos, como Somalia o Eritrea, e incluso en menor medida en Etiopía (los tres en África), con las notables comunidades de italohablantes que existen en algunos países como Estados Unidos, Canadá y Argentina, y otras más reducidas en Costa Rica, Brasil, Uruguay, Chile…

Podría haber incluido también esas dos lenguas, por tanto, entre las extendidas.

Cualquier lengua se extiende por su implantación, pero también por los movimientos poblacionales más recientes.

Vistas la extensión y la vecindad, menciono ahora un tercer factor de la fortaleza: la conexión lingüistica.

Lenguas conectadas

Algunas lenguas tienen ciertas conexiones filológicas con lenguas distintas que se hablan en otros países. Sin entrar aquí en el laberinto de las lenguas, clasificado con rigor por sus familias, subfamilias y grupos (algo muy interesante para dedicarle un post especial), podemos destacar, solo como ejemplo, algunos conjuntos lingüisticos con raíces comunes:

  • Lenguas románicas (latinas) — italiano, castellano, catalán, rumano, francés, portugués, gallego…
  • Lenguas germánicas — inglés, alemán, sueco, noruego, danés, neerlandés…
  • Lenguas eslavas — ruso, eslovenio, croata, serbio, bosnio, polaco, búlgaro…
  • Lenguas indoiranias — hindi, urdu, persa, pastún, kurdo…
  • Lenguas niger-congo — suajili, yorubam, acano, ewé, xhosa, wolof, igala, kongo, lingala…
  • Lenguas sinotibetanas — mandarín, cantonés, wu, jin, hakka, butanés, tibetano, bodo…
  • Lenguas túrquicas — turco, turcomano, azerí, kazajo, tártaro, uzbeko…
  • Lenguas urálicas — húngaro, finés, estonio…
  • Lenguas semíticas — árabe, hebreo, tigriña, maltés, amárico…
  • Lenguas bereberes — amazigh, taqabaylit, tamajac, tashelhit…

Esta es solo una pequeñísima muestra de los numerosos grupos lingüisticos que existen.

La existencia de conexiones entre lenguas da oxígeno a estos sistemas de comunicación por dos vías: facilita el aprendizaje de unas lenguas a los hablantes de otras conectadas (suele haber algunos elementos comunes tanto en léxico como en sintaxis) y refuerza los estudios lingüisticos y filológicos que se realizan para mantener vivos los idiomas.

Por supuesto, dentro de las familias y grupos hay unas conexiones más fuertes y otras más débiles. Así, el gallego se parece más al castellano y al portugués que al catalán; el italiano se parece más al castellano que al rumano; el neerlandés se parece algo más al alemán que al inglés; el occitano denota vinculaciones especiales con el catalán…

Pero incluso pueden darse parecidos y elementos compartidos entre idiomas de grupos muy distintos por la fuerte influencia y roce que las lenguas han tenido a lo largo de los años (por ejemplo, entre el euskera y el castellano, entre el italiano y el inglés, entre el castellano y el árabe, entre el francés y el inglés, entre el francés y el alemán, entre el alemán y el turco, entre el maltés y el italiano…).

Lenguas aisladas

Este es un concepto necesitado de una desambigüación, ya que puede entenderse en tres sentidos, opuestos respectivamente a los tres significados que se acaban de mencionar:

  • No extendidas territorialmente.
  • No acompañadas por territorios adyacentes o cercanos con la misma lengua.
  • Filológicamente desconectadas de otras lenguas en uso.

Como he comentado, algunas lenguas se hablan en estados que están rodeados de otras regiones o países que hablan las mismas lenguas (sea como principales o como minoritarias pero relevantes): Estados Unidos y Canadá; Alemania, Austria y la zona Este de Suiza; Francia, la zona Oeste de Suiza y Valonia (en Bélgica); Finlandia y Suecia; el Reino Unido e Irlanda; muchos países sudamericanos…

Pero con otras no sucede así: España, Portugal, Italia, Bulgaria, Rumanía…

Ocurre que si pensamos en los territorios dentro de los Estados, la cosa cambia: así, el castellano de Andalucía está rodeado de otras regiones que usan la misma lengua (Extremadura, Castilla La Mancha, Murcia…), y la de Lisboa en Portugal tiene juntas las de Setúbal, Leiria, Santarem…

Por otro lado, estos paises comparten lengua con otros estados que están mas alejados, pero con los que tienen fuertes conexiones tecnológicas o presenciales: el español en países de Hispanoamérica, el portugués en Brasil, Angola, Mozambique…

Por eso, si sumamos las conexiones por cercanía y contacto a las vinculaciones filológicas (de raíz, no de roce e influencia mutua posterior), el concepto de lengua aislada (sea o no minoritaria) podríamos entenderlo en siete sentidos distintos:

  1. Lenguas que se hablan en pocos territorios (de distintos estados), o en varios estados, pero todos contiguos (o islas adyacentes).
  2. Lenguas que se hablan en varios estados y territorios (todos o la mayoría muy separados entre sí).
  3. Lenguas que solo se hablan en el mundo en un estado o en algún territorio de un mismo estado.
  4. Lenguas vivas sin conexión conocida con otros idiomas vivos.
  5. Lenguas vivas sin conexión con idiomas vivos ni con lenguas muertas conocidas.
  6. Lenguas muertas conectadas con otras lenguas vivas o muertas.
  7. Lenguas muertas sin conexión con otras lenguas muertas o vivas conocidas.

Por supuesto, en todos los casos de lenguas vivas cuentan también con los pobladores que han emigrado a otros países y mantienen la suya (la autóctona de su país de origen) en familia, grupos sociales o clubs e instituciones privadas o financiadas por el país de origen.

Podríamos poner algunos ejemplos de mayor o menor aislamiento (de lenguas más o menos extendidas y de algunas muertas):


El euskera encaja en los criterios A y D.
► El catalán encaja en el criterio A.
El portugués encaja en el criterio B.
► El finés encaja en el criterio A.
► El rumano (contando el moldavo) encaja en el criterio A.
► El búlgaro encaja en el criterio A.
► El griego chipriota encaja en el criterio C.
► El neerlandés encaja en el criterio B
► El occitano (incluyendo el aranés) encaja en el criterio A.
► El albanés encaja en el criterio A.
El coreano (considerando las dos Coreas) encaja en los criterios C y D.
El malgache encaja en el criterio A.
El mapuche encaja en los criterios A y D.
► El pirahá encaja en los criterios C y D.
► El gujarati encaja en el criterio A.
► El malabar encaja en el criterio A.
► El javanés encaja en el criterio A.
► El huave encaja en los criterios C y E.
► El michoacano encaja en los criterios A y E.
► El mosetén encaja en los criterios C y E.
► El lidio encaja en el criterio F.
► El sumerio encaja en el criterio G.


En tiempos de globalización e intercomunicación intensa, el concepto de lengua aislada que tiene más relevancia en los estudios es el que atañe a la existencia o no de una vinculación de los idiomas con otras lenguas o familias lingüísticas conocidas (vivas o no), más que el hecho de que una zona hablante esté más o menos distanciada físicamente de otras poblaciones con la misma lengua: está claro que el portugués, aislado en el continente europeo, en realidad no lo está mucho ni siquiera si nos olvidáramos de que al otro lado del charco está Brasil.

Asi, con más o menos hablantes, serían lenguas aisladas el euskera, el mapuche, el coreano, el huave…

Pero, sobre este sentido de la expresión lengua aislada, hay que tener en cuenta que:

  • Hay controversia entre historiadores, filólogos y lingüistas sobre la vinculación posible de algunos idiomas vivos o muertos con algunas otras lenguas o familias de lenguas (el picto, el etrusco, el propio euskera…). Siempre hay teorías.
  • Algunos tratadistas utilizan también la expresión lengua semi-aislada para algunos idiomas.
  • Existe la denominación adicional lengua no clasificada para aquellos idiomas sobre los que aún no hay conclusiones definitivas de su conexiòn con otras lenguas o que no se han estudiado a fondo.

El otro sentido, el de la distancia física de territorios, actualmente es algo menos relevante, sobre todo para las lenguas no amenazadas, por las interconexiones que hay en distintos eventos, espacios y movimientos culturales (viajes, congresos, jornadas, estudios, universidades, edición de libros, cine, televisión, la red en la que se comparten a distancia ideas, opiniones e iniciativas en websites, vídeos en streaming, conexiones de videoconferencia…).

No obstante, para algunas lenguas minoritarias, las expuestas a amenazas, no contar con otros territorios cercanos, de otros países, que alberguen hablantes de la misma lengua (o de dialectos del mismo idioma) y puedan aportar mejores protecciones supone un cierto handicap para la supervivencia.


En la siguiente entrada me detengo precisamente en esas lenguas expuestas a ciertos riesgos y peligros. Siempre, con la síntesis que requiere un contenido cuyo espíritu es ser solo un esbozo de inventario salpicado de ejemplos.