La galaxia comunicativa (5): lenguas o idiomas

Diferenciaba en las entradas anteriores de esta serie entre códigos y lenguajes, no por que sean conceptos opuestos, sino porque en ocasiones el instrumento para la comunicación excede de un conjunto de signos o señales que permiten transmitir y decodificar mensajes (con unas reglas sencillas de composición de estos) y constituye un sistema algo más completo con el que armar iniciativas comunicativas.

No necesariamente un lenguaje tiene que ser un conjunto complejo de elementos. En un lenguaje vamos a encontrar repertorios de signos (generalmente variados, no una sola lista asociada a pocas ideas, palabras o letras), normas regulatorias, orientaciones, criterios de uso, preferencias orientativas y otros referentes de utilidad (sean verbales o escritos), pero no tienen la misma dimensión un idioma humano y y el sistema de grafismo de proyecciones y planos de arquitectura o ingeniería, como no están en el mismo nivel de funcionamiento los modos expresivos corporales y los recursos de un artista para transmitir ideas mediante pinturas, esculturas o música.

En las tres entradas anteriores puedes encontrar una serie bastante completa de repertorios de signos, que sirven para crear y enviar mensajes, y de clases de lenguajes, con toda la heterogeneidad que acabo de apuntar.

Aquí, en el presente post y en los dos siguientes, me fijo en uno de esos tipos de lenguaje: el IDIOMA o LENGUA. Sigo así centrándome en la lista de visiones, fundamentos e instrumentos que facilitan la comunicación, y nos muestran su funcionamiento, a la que he denominado galaxia comunicativa.

Como he venido comentando, este conjunto incluye conceptos, disciplinas, ámbitos de actividad, campos de estudio, repertorios de recursos y cuerpos normativos, orientativos, descriptivos y doctrinales.

Tras estas tres entradas sobre circunstancias de las lenguas, se completará lo referido a los idiomas con referencias a las variantes de estos (dialectos, hablas y otras modalidades que modifican aspectos sustanciales de cada idioma pero no su esencia como instrumento de comunicación concreto), así como a algunos conjuntos de elementos útilizados para lograr ese fin (alfabetos, silabarios, logogramas, léxicos, jergas, terminologías…).

He intentado que las clasificaciones cubran dignamente la mayoría de las circunstancias, situaciones y rasgos característicos, con mención tanto a idiomas activos como a otros que ya no están en uso, pero sin que me haya movido un ánimo taxonómico: por ello, es posible que en algún país se dé algun caso que no halle aquí encaje.

Las lenguas o idiomas como sistema de comunicación

Una lengua o idioma es un sistema lingúistico —un lenguaje basado en signos lingüisticos, guiado por unas normas, con prescripciones, orientaciones y recomendaciones— que constituye el principal modo de comunicación (oral y escrita) de una comunidad hablante (o uno de los principales).

Las lenguas se diferencian por una serie de rasgos y elementos: los propios signos o letras —aunque muchos idiomas con la misma raíz o con lenguas raíz muy influenciadas mutuamente comparten buena parte de ellos—, la sintaxis, la morfología, la fonética, la semántica, el léxico o las reglas ortográficas y sus elementos (puntuación, tildes, paréntesis, barras…), entre otros aspectos.

Pero hay hablantes que consideran que la suya es una lengua diferenciada de otras parecidas, mientras que otros usuarios de ambas las consideran el mismo idioma.

Un ejemplo es lo que sucede con el catalán y el valenciano: son lenguas de una misma raíz, y existen sólidos argumentos filológicos para considerar que las actuales hablas autóctonas de territorio catalán y de territorio valenciano son dialectos de un mismo idioma común, llámese como se llame (generalmente, catalán). Así lo han determinado las principales instituciones acdémicas de ambos territorios. Y lo mismo sucede con las hablas de las Islas Baleares, de la misma raíz que el catalán.

El que los hablantes de esos territorios se entiendan mutuamente sin problemas cuando se comunican cada uno en su lengua propia es uno de los fundamentos de esa concepción unificadora. Lo mismo ocurre entre un ciudadano de Guadalajara, España, y otro de Guadalajara, México, si hablan español (castellano).

No obstante, la consideración que cada hablante tenga sobre una lengua no deja de ser un asunto menor. Que un día decidieran denominar argentino al castellano que se habla en Buenos Aires no cambiaría nada respecto a las diferencias que pueda o no tener ese habla respecto del idioma dominante en Madrid o en Sevilla. No diría que este sea un debate bizantino, porque es filológico (y puede tener derivadas relevantes en la educación), pero en su parte más mediática, la de las denominaciones, sí lo es.

Por otra parte, cierta tendencia unificadora de las hablas — lo que, inspirándonos en la terminología vasca, podríamos llamar la batuización— puede conllevar como efectos no sé si deseados por algunos —me temo que sí— la reducción del uso de variantes idiomáticas dentro de un territorio. ¿Objetivo probable? Muscular el habla preponderante y hacerla más competitiva en esa comunidad, en las adyacentes y en el mundo internacional: en instituciones, en la educación, en los canales locales y estatales de radio y televisión, en el mundo editorial, en la red, en organismos y encuentros internacionales…

No es nada raro oír, por ejemplo, a algunos hablantes de pueblos del País Vasco decir que no entienden cierto vasco que se habla ahora, o en pueblos de Catalunya o Baleares asistir a comentarios llenos de sorna sobre los modos un tanto falsos de hablar y pronunciar el catalán que muestran algunos que no parecen pertenecer a ninguna zona concreta del territorio y se diría que lo han aprendido en cualquier sitio menos en casa o en la calle. Claro que algo parecido podríamos decir de los hablantes de ciertas zonas andaluzas o de países sudamericanos, que ni en sueños renunciarían (y hacen muy bien) a sus modos propios de hablar el castellano en aras de potenciar un habla española común.

Pero eso lo dejo para una entrada que publicaré más adelante, referida a las variantes idiomáticas. Ahora me centro en diferenciar lenguas por algunas de sus características, entre ellas, el que se usen o no en la actualidad, tengan un uso ordinario o solo especial, sean o no dominantes, compartan o no territorio con otras o tengan más o menos fortaleza en la actualidad.

Lenguas según su vigencia y extensión

Algunas lenguas son oficiales en un estado. Otras en un territorios no estatales. Unas dominan en una zona y otras comparten el uso dominante con otras en el mismo espacio. La hay que perviven con usos minoritarios, reducidas por razones sociales o amenazadas por motivos políticos, mientras que otras se han perdido. Incluso hay alguna de la que apenas se tiene rastro o sobre la que se discute incluso si existió.

Esta clasificación trata de reflejar estas situaciones tan distintas.

Lenguas antiguas

Se suele denominar a estas lenguas como muertas, aunque en mi opinión no es un término acertado. Algunas lenguas que ya no se utilizan en la comunicación ordinaria entre ciudadanos pueden tener usos especiales o esporádicos en determinados ámbitos o momentos, e incluso muchas de las que llamamos perdidas siguen presentes esculpidas en piedras o impresas en diversos soportes, disponibles para ser objeto de estudio.

Yo diferencio tres tipos:

  • Lenguas raíz, con usos actuales no ordinarios — Son antiguas porque en la actualidad ya no son herramientas de la comunicación ordinaria entre integrantes de comunidades y poblaciones. Se trata de lenguas como el latín, el griego clásico y el griego helenístico , el hebrero antoguo (el bíblico, el medieval…), el arameo… Mantienen algunos usos, como el académico o el litúrgico o ceremonial, son objeto de lectura de textos originales y de estudio histórico, son poderoso referente de algunos estudios como los filológicos o etimológicos y tienen aplicaciones cultas combinadas con los idiomas actuales. Por ejemplo, el latín se usa en la misa católica (en mayor o menor medida), o en ciertas expresiones de uso forense o de análisis jurídico. Dado que su sistema gramatical y su léxico siguen intactos y pueden usarse tal como se utilizaban antiguamente, podemos encontrar exposiciones y diálogos completos en discursos académicos, clubs culturales que lo practican, documentos sonoros en museos, estudios sobre materiales escritos o esculpidos llenos de citas, u obras históricas cerativas en las que se pretenda el máximo rigor: películas, novelas… Por ejemplo, el arameo y el latín los utilizó Mel Gibson en los diálogos de su cinta The Passion of the Christ.
  • Lenguas perdidas, sin más uso que el estudio histórico o filológico — Son lenguas que se conocen, porque tuvieron uso en tiempos pretéritos, pero actualmemte ya no se utilizan para ninguna función, ni ordinaria ni especial. Solo son objeto de estudio histórico y se reconocen en la lectura de textos antiguos, si existen. Podríamos citar infinidad de lenguas: mozárabe, ibero, celta, celtíbero, tartésico, lusitano, aquitano, vándalo, gótico, guanche, navarroaragonés, andalusí, tabarquino, norn, sajón antiguo, prusiano antiguo, polabo, eslovincio, dálmata, tocario, picto…
  • Lenguas antiguas construidas, solo descritas o referidas – Son lenguas teóricamente reales pero de las que no se tienen muchos rastros físicos que demuestren su uso (o al menos un uso relevante que vaya mas allá de los autores y sus círculos). Se considera que fueron una realidad en el pasado porque algún tratadista las describe en algún ensayo o algún cronista narrador las menciona en sus obras basadas en hechos reales, pero no hay constancia sólida de su uso. Un ejemplo es la llamada lingua ignota, inventada en la Baja Edad Media (siglo XII) por Hildegard von Bingen, monja intelectual muy polifacética que aunaba conocimientos científicos, filosóficos, teológicos, políticos, literarios y esotéricos, además de ser Santa y Doctora de la Iglesia Católica. Se cree que se inspiró en el latín o en la lengua romance de la zona del Mosela y que su uso era conventual y místico. Otro ejemplo sería la lengua universal del sacerdote español Bonifacio Sotos Ochando, en el siglo XIX, que se estima que apenas tuvo usuarios.

Lenguas oficiales u oficiosas dominantes

Son las lenguas actuales que tiene como origen otras lenguas raíz (que fueron oficiales en otros tiempos), de las que son dialectos evolucionados hasta separarse de ellas de modo palpable.

Pueden ser lenguas estatales o de ciertos territorios. Ello nos da varias posibilidades:

  • Oficiales en todo el territorio de un estado que no tiene ninguna otra oficial — Es el caso del francés en Francia, el alemán en Austria, el neerlandés en los Países Bajos, el islandés en Islandia, el hebreo en Israel, el japonés en Japón, el coreano en las dos Coreas..
  • Cooficiales en todo un territorio estatal — Como el alemán, el luxemburgués y el francés en Luxemburgo: el inglés y el gaélico irlandés en Irlanda; el sueco y el finés, en Finlandia; el maltés y el inglés en Malta; el ruso y el bielorruso en Bielorrusia; el serbio y el albanés en Kosovo; el español y el guaraní en Paraguay; el inglés y el chamorro en la Isla de Guam; el francés y el malgache en Madagascar……
  • Cooficiales por Ley en todo el territorio de un estado, pero con cooficialidades concretas en cada región — Eso sucede cuando hay muchas lenguas oficiales. Sudáfrica tiene, por ejemplo, 11 lenguas oficiales o cooficiales en todo el país (suazi, zulú, venda, inglés, afrikaans, setsuana…), además de muchas otras lenguas protegidas; en Bolivia son oficiales en todo el territorio el castellano y otras 36 lenguas indígenas (aunque en la práctica se consideran en cada zona cooficiales siempre el castellano y las que tengan uso allí); en la India hay una lengua oficial, el hindi, una oficiosa generalizada, el inglés, y lenguas cooficiales en muchos territorios (más de 20, en un país que tiene cientos de lenguas); también Colombia tiene una lengua oficial, el castellano, y un amplio conjunto de lenguas indígenas que son cooficiales en algunas regiones…
  • Cooficiales en todo un territorio estatal, pero en la práctica separados por zonas — Es el caso del griego y el turco, en la isla de Chipre.
  • Lengua común oficial de un estado, única oficial en algunas regiones (en la mayoría) y cooficial en otras — Un ejemplo es el castellano en España, el danés en Dinamarca, el neerlándés en los Países Bajos, el chino mandarín estándar en China…
  • Oficiales solo en un territorio concreto de un estado sin lengua oficial común — Por ejemplo, en Bélgica el neerlandés flamenco es la lengua oficial de Flandes; el francés, de Valonia, y el alemán, de la Comunidad Germanófona (Eupen, San Vito…); en Suiza, el alemán es oficial en cantones de la zona Norte y Este, el italiano, en cantones sureños, y el francés, en cantones del Oeste…
  • Oficiales en territorios concretos de un Estado, derivados todos de la misma lenguaEs el caso del bosnio, el serbio y el croata que se hablan en diferentes territorios de Bosnia-Herzegovina (todos variantes del serbocroata, que también incluye el montenegrino, que se habla en Montenegro, actualmente otro país).
  • Cooficiales en un territorio de un estado que tiene una lengua oficial común para todos los que incluye — Es el caso del euskera (con el castellano) en el País Vasco; el catalán (con el castellano) en Catalunya; el aranés (con el catalán y el castellano), en la Vall d’Aran; el valenciano (con el castellano) en la Comunidad Valenciana; el gaélico escocés (con el inglés) en ciertas zonas norteñas de Escocia; el feroés (con el danés) en las Islas Feroe; el frisón (con el neerlandés) en la región de Frisia en los Países Bajos; el checheno (con el ruso) en Chechenia, estado de la Federación Rusa; el chino cantonés (con el chino mandarín) en ciertas zonas de China…
  • Cooficiales en un territorio de un estado que no tiene una única lengua oficial común — Como el francés y el neerlandés flamenco en Bruselas.
  • Dominantes pero no oficiales, sino oficiosas — En estos casos la oficialidad viene dada de facto, no por una declaración. Son ejemplos el inglés en Estados Unidos, el inglés en el Reino Unido o el español en Uruguay y en Argentina.
  • Codominantes o al menos muy presentes y extendidas, aunque también oficiosas — Un ejemplo es el náhuatl en México (junto al español), o como el maya yucateco en la península mexicana de Yucatán y en ciertos territorios de Guatemala.

Lenguas no oficiales

Son aquellas lenguas, no consideradas solo dialectos, que se hablan en algún territorio de un Estado pero no son oficiales ni en todo el país ni en el propio territorio.

Me refiero aquí a:

  • Lenguas autóctonas, propias del país o de poblaciones originarias de zonas o territorios que formaban parte del actual Estado en años anteriores (o de uniones de este con otros estados, ya rotas), que a pesar de ello no son cooficiales ni siquiera en sus territorios.
  • Las lenguas alóctonas (no originarias) cuya presencia se ha consolidado tras períodos coloniales relativamente recientes (hace no más de uno o dos siglos).
  • Las lenguas que en su origen, hace ya muchos tiempo, provenían de otros territorios, pero han convivido muchos siglos con las autóctonas hasta considerarse propias, aunque no hayan llegado a oficializarse.

No incluyo aquí las lenguas foráneas que se hablan en un territorio de modo coyuntural o reciente (por turistas, visitantes en estancias profesionales, residentes temporales o estacionales y nuevos residentes fijos): se ven en el punto siguiente.

Las no oficiales pueden ser lenguas:

  • Habladas en regiones de un Estado que tiene una lengua oficial distinta — Por ejemplo, en Austria se habla en algunas regiones el alemánico y el austro-bávaro; en Francia se habla el bretón, en Bretaña, y el corso, en Córcega; en Birmania se hablan unas 100 lenguas, aunque la oficial es el birmano…
  • Habladas en regiones de un Estado que tiene dos o más lenguas coooficiales distintas — Por ejemplo, el Finandia la población de Laponia (muy minoritaria) habla también el sami…
  • Codominantes (o muy presentes) en algunos estados, pero no cooficiales — Es el caso del francés en Argelia, aunque el oficial es el árabe estandarizado, o del francés y el español en Marruecos, donde solo son oficiales el árabe y el amazigh (o tamazigh).
  • Codominantes (o muy presentes) en algunos territorios o zonas de un estado, pero no oficiales — Es el caso de las alrededor de 170 lenguas que se hablan en las Islas Filipinas (una de ellas el español), en las que solo son oficiales el inglés y el filipino (basado sobre todo en el tagalo, lengua autóctona, aunque con influencias del español e inglés).
  • Minoritarias, pero con aceptable presencia en algunos territorios de un Estado — Por ejemplo, el rifeño o tarifit en Marruecos (zona del Rif) y en Argelia, el papiamento en las Antillas neerlandesas, el gallurés en el Norte de Cerdeña…
  • Diseminadas de modo desigual por zonas de muy distintos estadosUn ejemplo sería la lengua romaní (de los gitanos o pueblo rom), que tiene presencia en muy distintos países, pero no se localiza en regiones concretas de estos por el carácter tradicionalmente nómada de ese pueblo. Algunas hablas se consideran lenguas derivadas y otras solo dialectos.
  • Diseminadas de modo desigual por distintas zonas de un Estado — Por ejemplo, en Camerún son oficiales el inglés y francés, pero hay mas de 200 lenguas esparcidas por el territorio. También encajan en esta categoría otras como el romaní ibérico (también llamado caló, que también tiene luego sus dialectos o variantes) o el chabacano filipino.
  • Existentes en zonas muy concretas de un Estado pero ya con muy pocos hablantes — Son muchísimos los ejemplos posibles: por citar alguno, en España, el aragonés, el asturleonés (bable), el gallegoasturiano o eonaviego, el annobonense… En Grecia, el tsakonio. En Rusia, el moksha…

Conviene decir que hay países en los que algunos de estos idiomas hablados en algún territorio, aunque no sean oficiales, disfrutan de un cierto estatus y son objeto de una protección especial que los acerca en algunos aspectos a la oficialidad: pueden llamarse idiomas estatales, nacionales, nativos, regionales, reconocidos, minoritarios, protegidos…

Lenguas foráneas

En esta categoría incluyo aquellas lenguas que tienen presencia en un país o en un territorio de este por razón de la presencia de:

  • Visitantes que hacen estancias de mayor o menor duración.
  • Nuevos residentes que aún no llevan mucho tiempo y suelen mantener su nacionalidad o poseer la doble nacionalidad.

No es muy habitual que un habla se considere lengua y no sea oficial en algún territorio, pero, lo sea o no, lo cierto es que las lenguas tiene una presencia en muchos más sitios que aquellos en los que son oficiales, propias o protegidas.

Así, el euskera y el gallego también se hablan en Catalunya, pero allí no son oficiales (como ocurre con el catalán en Galicia y el País Vasco). Asimismo, cualquiera de las lenguas cooficiales en España se oyen por la calle en Madrid, Sevilla, Granada, Zamora o Tenerife. Y el inglés y el alemán son muy habituales en las Islas Baleares, en lñas zonas costeras alicantinas y en las Islas Canarias, sin ser allí oficiales (además de que el primero es lingua franca en casi todo el mundo).

En España, además, oímos hablar italiano, francés, árabe, amazigh, guaraní, quechua, chino, japonés, ruso, serbio, sueco, danés, noruego, croata… Y lo mismo ocurre en Francia, Italia, Alemania, el Reino Unido y en casi todos los países del mundo (aunque, obviamente, con diferencias: según sus avatares históricos, relaciones internacionales, políticas fronterizas, de visado e inmigración, ubicación geográfica, naturaleza continental o insular…).

Las situaciones distintas que dan lugar a esta riqueza idiomática de origen foráneo (que podemos disfrutar al oírla directamente, pero también, a veces, al leerla o escucharla en publicaciones, ediciones o programas) son las siguientes:

PERSONAS

  • Turistas nacionales que provienen de regiones con lenguas cooficiales.
  • Visitantes nacionales por motivos profesionales o personales que provienen de regiones con lenguas cooficiales.
  • Nacionales de otros territorios con lengua cooficial que trasladan su residencia a otras zonas.
  • Estudiantes de regiones con lengua cooficial que hacen estancias en otras poblaciones.
  • Técnicos, ejecutivos, científicos, diplomáticos y corresponsales de prensa extranjeros que hacen estancias en el país (de unos meses o variosaños).
  • Turistas extranjeros que visitan el país con estancias desde pocos días hasta varias semanas).
  • Estudiantes extranjeros que hacen estancias académicas en el país.
  • Visitantes extranjeros que hacen estancias en el país por motivos profesionales o académicos.
  • Residentes extranjeros estacionales (durante varias semanas o meses) en segundas viviendas o pisos alquilados.
  • Residentes extranjeros establecidos (que se trasladaron de modo definitivo para vivir en el país, auqnue sin nacionalizarse).
  • Residentes en España con origen extranjero pero ya nacionalizados o con doble nacionalidad

MEDIOS

  • Prensa internacional en idiomas distintos.
  • Ediciones del libros en otros idiomas, nacionales o extranjeros, no traducidos.
  • Diccionarios y manuales gramaticales en otros idiomas.
  • Productos audiovisuales en VO de idiomas nacionales o extranjeros, no doblados (cine, documentales, series de TV, canales de vídeo…).
  • Programas de televisión dirigidos expresamente a espectadores de otras lenguas.
  • Entes y empresas de enseñanza de idiomas.
  • Sitios web de múltiples idiomas.

Ademas de estas fuentes muy diversas que nos permiten escuchar, leer e incluso utilizar otras lenguas, hay que considerar el influjo que esos modos distintos de hablar emiten y reciben, lo que tiene como consecuencia que se vayan creando modos especiales de hablar cada lengua por el roce con otras.


En el siguiente post me fijo en las lenguas existentes y en su su mayor o menor implantación.