La galaxia comunicativa (2): códigos y lenguajes

Este es el segundo post de la serie dedicada a la lista de visiones, fundamentos e instrumentos que facilitan la comunicación o nos muestran cómo funciona. Son, como ya comenté en la anterior entrada, conceptos, disciplinas, ámbitos de actividad, campos de estudio, repertorios de recursos y cuerpos normativos, orientativos, descriptivos y doctrinales.

Inicié la lista con el concepto de comunicación (tratado con más detalle en otro post anterior: El acto comunicativo: elementos) y con la alusión a algunas de sus modalidades (oral y no oral, verbal y no verbal…), y continué con una referencia general a los signos como recurso y con una mención a algunas disciplinas que de manera global o parcial los estudian (semiótica, iconografía…).

Me fijo ahora, por un lado, en cómo con esos signos se forman repertorios y códigos, determinándose su asociación con sentidos y significados concretos, y, por otro, en esos sistemas comunicativos que llamamos lenguajes, compuestos por códigos de signos regidos por un conjunto de normas, instrucciones, recomendaciones y criterios de uso cuya estructura excede la mera asociación de signos y significados.

Como ya avancé, y como es propio en una lista, las definiciones y explicaciones expuestas son siempre sintéticas y van acompañadas de ejemplos, con un ánimo divulgativo alejado de la profundización técnica. En cuanto a las denominaciones en estas tipologías, son mías, creadas para describir de un modo que resulte intuitivo la naturaleza de los elementos que engloban.

Signos y reglas en los códigos y lenguajes

Si recurrimos a las definiciones canónicas de CÓDIGO, transitaremos por dos líneas: la de las normas y la de los signos.

Empezamos por la primera vía. La RAE, en este ramal, define CÓDIGO como:

  • Conjunto de normas legales sistemáticas que regulan unitariamente una materia determinada.
  • Recopilación sistemática de diversas leyes.
  • Conjunto de reglas o preceptos sobre cualquier materia.

Con estos sentidos, un CÓDIGO es tanto una colección de preceptos que tratan de regular una materia, actividad o ámbito como el propio cuerpo (documento o libro físico o digital) que contiene y presenta ese conjunto.

Asi, por ejemplo, existe:

  • Un repertorio de sonidos formado por combinaciones de puntos y rayas (sonidos cortos de dos duraciones), el CÓDIGO MORSE, que podría publicarse en una edición con el título GUÍA DEL CÓDIGO MORSE.
  • Un conjunto de preceptos que definen y describen los supuestos en los que se considera que una conducta es merecedora de una sanción en forma de pena (multa, arresto domiciliario, prisión…) y determinan la modalidad y dimensión punitiva que debe asociarse a cada comportamiento (CÓDIGO de DELITOS y PENAS), que, en nuestro ordenamiento, cuando se promulga y presenta en un libro, documento o archivo se denomina CÓDIGO PENAL (aunque también podría haberse bautizado como código criminal).

Liber Iudiciorum (Fuero Juzgo)

Como todos sabemos, en el ordenamiento jurídico de un territorio existen muchos códigos legales. Así, fue un código normativo el de Hammurabi de la antigua Mesopotamia tanto como lo es la actual Constitución de 2005 en Irak, y fue un texto legal el Liber Iudiociorum (Fuero Juzgo) de nuestra época visigoda del mismo modo que lo son la actual Constitución Española, la Ley de Enjuiciamiento Criminal (norma procesal penal), el Código Civil o algunas leyes mercantiles.

En realidad, en el mundo jurídico solemos denominar códigos solo a los cuerpos normativos de más largo articulado (en España, el penal, el civil, el de comercio…), aunque casi todas las leyes y reglamentos son conjuntos de normas (artículos, disposiciones…) con un objeto y ámbito común. Solo un precepto que fuera único —por ejemplo, una sola prohibición establecida aisladamente en un cartel al la entrada de un coto de caza— escaparía de este sentido acumulativo que tienen los códigos legales.

Pero no solo los códigos jurídicos son conjuntos normativos. Muchas actividades únicamente resultan funcionales si están regladas, y algunas incluso fundan todo su sentido en la existencia de esas normas. Por ejemplo, ciertos juegos (el ajedrez, el póker…), los procedimientos de obligado cumplimiento (en ciertas áreas de compliance), los deportes…

Hay a su vez códigos de otras naturalezas, como los éticos—de buen gobierno, de buena praxis, deontológicos, morales, de conducta corporativa…—, los estéticos o los que compendian reglas de protocolo, que igualmente establecen pautas de comportamiento, sean obligadas (las que determinan el incumplimiento como sancionable) o voluntarias (orientativas).

Asimismo, hablamos de códigos sociales generales (que incluyen normas de conducta, decoro, luto…) o de reglas para pertenecer a asociaciones o clubes privados y, figuradamente, incluso consideramos como códigos ciertas pautas oficiosas que definen la conducta en ámbitos muy restringidos, como el código del hampa o los códigos carcelarios.

En todos estos sentidos, el CÓDIGO es un conjunto de normas ordenadas en articulados —o no escritas, si se adhieren por costumbre de modo inseparable a la conciencia o la doctrina sobre hábitos de una comunidad, o materializan su sustancia dentro de la jurisprudencia— y aplicables a un determinado ámbito de actividad.

Pero hablaba antes del otro camino por el que camina el concepto de CÓDIGO: el de los signos.

Los CÓDIGOS son, así, repertorios de signos. La RAE incluye varias acepciones en este sentido, una general (aunque bastante parcial) y otras más específicas:

  • GENERAL — Sistema de signos y de reglas que permite formular y comprender mensajes secretos.
  • CÓDIGO DE SEÑALES — Sistema convencional que consiste en una combinación de banderas, faroles o destellos luminosos, que usan los buques para comunicarse entre sí o con los semáforos.
  • CODIGO GENÉTICO — Clave de la información contenida en los genes que expresa la correspondencia universal entre la secuencia de los ácidos nucleicos y la de las proteínas y constituye el fundamento de la transmisión de los caracteres hereditarios.
  • CÓDIGO DE BARRAS — Conjunto de signos formado por una serie de líneas y números asociados a ellas, que se pone sobre los productos de consumo y que se utiliza para la gestión informática de las existencias.
  • CÓDIGO POSTAL — Relación de números formados por cifras que funcionan como clave de zonas, poblaciones y distritos, a efectos de la clasificación y distribución del correo.

Sobre estas acepciones, confieso que echo en falta una más general que no parezca aludir tanto a la criptología. Un sistema de signos que simplemente permita formular y comprender mensajes será por ello un CÓDIGO DE SIGNOS. Solo considerando que ante cualquier mensaje que alguien pueda entender habrá otros muchos que no lo entiendan (lo que no deja de ser cierto) podemos dar valor general a esta definición, concluyendo que siempre existirá un código y que siempre habrá quienes lo compartan y quienes no. Pero, sinceramente, lo del secretismo como ingrediente general, en mi modesta opinión, sobra.

Por lo demás, barajando y examinando todas estas acepciones (aunque sería mejor que bastara con descomponer una sola acepción para ello), podemos concluir que, en este sentido del término CÓDIGO, se dan siempre estos tres componentes:

  1. SIGNOS
  2. CORRESPONDIENCIA ENTRE LOS SIGNOS Y SUS SIGNIFICADOS
  3. REGLAS

Así, en un CÓDIGO, que es una coleccion de signos, debe darse siempre una correlación entre cada uno de estos y un significado, y debe contarse con alguna regla, por simple que sea, que dé sentido a ese conjunto e indique cómo se ha de utilizar esa herramienta y para qué.

Por otra parte, un CÓDIGO puede asociar directamente signos a ideas, objetos o elementos, o crear una correspondencia de unos signos (o combinaciones de signos) con otros. Así, por ejemplo:

  • En un código de señáles de tráfico, a una señal triangular de fondo blanco y borde rojo con vértice en la parte inferior le corresponde directamente la orden ceda el paso. Pero es la idea, no solo la expresión literal, lo asociado: podemos decir que significa dejar pasar, dar prioridad de paso, o dejar pasar al que ya está cerca y seguirá la misma vía o la cogerá
  • En el código morse, a un signo, la raya, le corresponde otro signo, la letra T, y a la combinación de tres puntos (tres signos) le corresponde otro signo: la letra S.
  • máquina criptográfica enigmaEn el código JN 25 de los japoneses en la Segunda Guerra Mundial se utilizaba una correspondencia entre letras y palabras con series de números, que luego se correspondían con otros mediante la utilización de otra tabla de números, todo regido con unos criterios para complicar esas asociaciones.
  • En la máquina clásicas de cifrado Enigma de la Wehrmacht alemana, también en la Segunda Guerra Mundial, el ingenio conectaba un teclado con unos rotores dentados, dando como resultado que al pulsar una tecla (signo…) un rotor girara y provocara, de modo establecido internamente, otro movimiento concreto de rotor, y así hasta tres o cuatro, hasta lanzar el signo final, con varias claves para variar la posición inicial de los rotores y unos criterios para gobernar su movimiento y la correspondencia de los signos: el resultado salía de una pauta muy difícil de descifrar.

Un CÓDIGO de signos puede ser simple, con una estructura y reglamentación que no sean sino la mera equivalencia entre cada signo y su significado, con algunos criterios de combinación o uso, o más complejo, cuando forma parte de un sistema de comunicación más estructurado, regulado por un conjunto de reglas —determinantes de una serie elaborada de posibles usos y combinaciones de los signos— y orientado por una serie de criterios, preferencias, referencias y recomendaciones de utilización (instituidas, oficiosas o deducidas por el estudio que haga alguna disciplina sobre algún tipo de experiencia comunicativa). En este caso podemos decir que existe un LENGUAJE.

Es cierto que el término LENGUAJE se utiliza a menudo en sentido genérico o con tono coloquial para aludir a cualquier sistema de comunicación, a ciertos ámbitos terminiológicos, a ciertas características de los léxicos o incluso a dinámicas escasamente comunicativas.

Así, oímos hablar del lenguaje de los gestos, del lenguaje no verbal, del lenguaje del rostro o facial, del lenguaje kinésico, del lenguaje de la mímica, del lenguaje de los sordomudos, del lenguaje de las flores, del lenguaje de los perros, del lenguaje de las abejas, del lenguaje juvenil, del lenguaje de las imágenes, del lenguaje de las armas, del lenguaje bélico, del lenguaje de la violencia, del lenguaje artístico, del lenguaje literario, del lenguaje taurino, del lenguaje deportivo, del lenguaje del boxeo, del lenguaje marítimo, del lenguaje cifrado, del lenguaje arbitrario, del lenguaje técnico, del lenguaje político, del lenguaje de los diplomáticos, del lenguaje de los espías, del lenguaje obsceno, del lenguaje místico, del lenguaje carcelario…

Con sinceridad, de poco nos sirve aquí esta consideración del término LENGUAJE como una carta comodín por más que sea comodísima para el hablante y el escritor. Y ello no porque esos usos sean incorrectos, ni mucho menos.

La RAE (tercera y última vez que acudo a la academia en esta entrada) nos deja estas acepciones de LENGUAJE:

  • Lengua (sistema de comunicación verbal).
  • Facultad del ser humano de expresarse y comunicarse con los demás a través del sonido articulado o de otros sistemas de signos.
  • Manera de expresarse.
  • Estilo y modo de hablar y escribir de cada persona en particular.
  • Conjunto de señales que dan a entender algo.
  • Código de signos.
  • Conjunto de signos y reglas que permite la comunicación con una computadora.

Queda claro, por tanto, que todos los ejemplos antes citados son usos corrrectos del término lenguaje. Pero

    • Si le explicamos a alguien que «el lenguaje es la facultad del ser humano para utilizar un lenguaje», no nos expondríamos a que nos dijese que eso es una pescadilla que se muerde la cola, que es una tautología o que parecemos marxistas de la variante grouchiana?
    • ¿Es la tosquedad un lenguaje, en tanto que manera opcional de expresarse, de hablar o escribir?
    • Si olemos a quemado y vemos humo negro procedente de un vertedero de neumáticos, ¿la constatación de que se están quemando ruedas de goma o caucho nos habrá venido dada por algún lenguaje, dado que son señales que dan a entender algo?
    • Si dijéramos que el inglés es un codigo de signos, ¿no nos quedaríamos un poco cortos?
    • ¿Acaso es lenguaje por sí mismo un dado para hacer quinielas, en tanto que pequeño código de tres signos?
    • ¿Son un lenguaje las quinielas futbolísticas, en la medida en que combinan esos tres signos con unas reglas para rellenar boletos y acertar premios?

Creo que es más útil fijar una diferencia clara entre lo que es un código y lo que es un lenguaje, y para eso nada mejor que apoyarnos en el ejemplo del CÓDIGO MORSE.

Código MorseSe basa en dos signos: el PUNTO y la RAYA, yy también se juega con el tiempo (distancia entre algunos signos o conjuntos de signos). Acústicamente, el punto es un pitido cortísimo, y la raya uno ligeramente más largo, lo suficiente para que se reconozca la diferencia entre ambos. Lumínicamente, lo mismo, diferenciando los signos por la duración del haz (destello o mantenido).

Pero el código morse no tiene solo estos dos signos, sino que los combina para crear un conjunto de signos únicos o sumados a los que se asocia con fonemas/letras y números del abecedario. Por eso se lo conoce también como alfabeto morse.

El funcionamiento es muy simple: basta emitir los signos simples (punto o raya) y los repetidos o mezclados (de dos a cinco de un mismo signo, o al menos de dos o cuatro de alguno y tres, dos o uno del otro), combinándolos para crear palabras e indicar puntuaciones, apóstrofes, interrogaciones…

¿Debemos pensar que este código lleva a otro código, porque permite traducir un mensaje al alfabeto lingüístico de nuestro idioma, o podríamos imaginar que un receptor podría escuchar, entender, leer y escribir esos signos sin traducirlos?

Esto último se daría en el caso de un experto en morse visualizara en su mente las frases como puntos y rayas, sin que aparecieran fonemas ni letras. Pero eso no es probable. En caso de que sí lo fuera, podríamos pensar que es un nuevo lenguaje, con grupos de pitidos o luces asociados a ideas. Pero en realidad solo es un código de sustitución de un lenguaje, que no tiene criterios gramaticales propios fuera de las combinaciones (sintaxis, morfología… ). La comunicación se completará ya con la recepción de los signos, por supuesto, si el receptor es un telegrafista avezado, pero su fin es convertirse en la mente del receptor, o en un papel o pantalla, en un texto dicho o escrito en un idioma: nuestra lengua preferente o la de uso en ese momento.

Por otra parte, como mediante el código morse pueden tramitirse otros códigos (por ejemplo, el INTERCO de los navíos), podemos perfectamente decir que además de un código es un modo de transmisión de códigos.

En cambio, cuando Salieri en la película Amadeus —imaginemos al expresivo F. Murray Abraham— está leyendo un pentagrama de Mozart —el Tom Hulce de las risotadas—, oye la música en su mente y se le caen los papeles de las manos al quedar conmocionado por su belleza, ¿no estaríamos viendo un ejemplo más cercano a lo que de verdad es un lenguaje?

Rebuscando en los ejemplos que antes he puesto sobre uso del término lenguaje, vemos que en algunos casos su significado es muy global y alude a todas las maneras de comunicarnos con ciertos signos (verbal y no verbal, de los animales, de las abejas, de las flores, de los sordomudos…) y en otros hace referencia a un entorno comunicativo y sus recursos (artístico, literario, de las imágenes…), mientras que también vemos usos cuyo tuétano es terminológico (jurídico, carcelario, taurino…), de descripción social (juvenil) o de caracterización léxica (obsceno, técnico, arbitrario…), o que nos aportan sentidos metafóricos (de las armas, bélico, de la violencia…).

De todo este conjunto de usos, aunque sea heterogéneo, podemos extraer algo común: los LENGUAJES son sistemas comunicativos que implican modos de expresión diferenciados, unos por el tipo de signos, otros por el modo de transmitirlos, otros por la utilización de elementos de construcción con significados añadidos a los ordinarios, otros por cuajar conjuntos de expresiones con sentidos propios en un determinado ambiente…

La criptología no crea lenguajes, sino modos de disfrazarlos. El morse no es un lenguaje, sino un sencillo código para transmitir otro por vías acústicas o lumínicas. Los juegos de apuestas no son lenguajes, sino retos basados en signos y reglas sencillas. Los deportes no son un lenguaje, aunque digamos a veces que algunos centrocampistas y delanteros saben leer las defensas, y los entrenadores, los partidos. Las jergas carcelarias no son lenguajes, sino léxicos específicos de un determinado ambiente. Y las palabras y expresiones jurídicas no son un lenguaje, sino una terminología técnica formada por palabras, denominaciones, dichos y latinismos con significados propios dentro de ese mundo.

Un LENGUAJE, olvidando los modos más escurridos, figurados y coloquiales del término, es la fusión de los dos sentidos del concepto CÓDIGO que nos aporta la RAE y que antes hemos visto: es un CÓDIGO DE SIGNOS regido por un CÓDIGO DE NORMAS que da lugar a un MODO de CONSTRUCCIÓN e INTERPRETACIÓN de MENSAJES específico.

Vayamos con la lista, separando lo que son tipos de códigos propiamente dichos de los tipos de lenguajes. Por supuesto, los códigos más simples pueden apoyarse en unas reglas que les den sentido sin que por ello entendamos que son un lenguaje (al menos, tal como lo defino aquí), mientras que otros pueden ser elementos de algún lenguaje.

Incluyo estos tipos y ejemplos en las dos entradas siguientes para no alargar una en exceso.

Creo necesario precisar que al crear esta tipología he primado la diferenciación de tipos por su naturaleza, su esencia, su factor más distintivo, sin perjuicio de que en algún caso haya algún código que pueda encajar en más de un tipo o pueda sostenerse de modo alternativo que quedaría mejor encuadrado en otra de las categorías. La decisión clasificatoria no es, en consecuencia, un criterio puro de deslinde por naturalezas, sino que maneja criterios diferentes en aras de la claridad y la didáctica.