La galaxia comunicativa (1): comunicación y signos

Inicio con esta entrada una serie dedicada al mundo de la comunicación, construida como una macrolista con los conceptos, actividades, disciplinas, ámbitos de actividad, campos de estudio, repertorios de recursos y cuerpos normativos, orientativos, descriptivos y doctrinales que ilustran, permiten y sustancian nuestro empeño de crear y compartir información, opiniones, visiones, reflexiones y diagnósticos.

Es, como ya adelanté, un único post, pero como el listado es extenso, lo presento en varias publicaciones.

El criterio de exposición que he seguido es el que casa mejor con un material estructurado como una relación: definiciones y explicaciones muy sintéticas, con profusión de ejemplos.

Este texto es solo divulgación, y en este caso, elaborada con más horizontalidad que verticalidad. La vocación que tiene este contenido no es, por tanto, la de profundizar; si tiene algún valor es por su amplitud y por la presentación conjunta de muchas referencias que raramente aparecen cercanas en los contenidos divulgativos. Así, me guía el único propósito de facilitar una visión global, empaquetada, de todo lo que mira y es mirado en el mundo de la comunicación.

Primo para ello la reflexión y el inventario hecho con la memoria y el precipitado de mi experiencia como redactor, hablante e interesado en la comunicación, tanto o más que la consulta de documentación.

Al ordenar y clasificar las referencias he buscado engarzarlas en un cierto hilo conductor —si no lógico, al menos razonable, que vaya de lo genérico a lo concreto— y agruparlas por algunos componentes comunes que puedan resultar intuitivos.

La galaxia normativa, técnica y doctrinal de la comunicación

Los animales emiten ciertos sonidos para comunicarse, y también transmiten información mediante movimientos corporales, e incluso con su olor. A su vez, las personas producimos igualmente sonidos y nos valemos de movimientos (gestos, ademanes, posturas…) para expresar emociones o transmitir ideas muy simples, y utilizamos un lenguaje mucho más elaborado, rico y refinado (nuestra lengua o idioma) para transmitir todo tipo de mensajes.

Los humanos hablamos en momentos, lugares y situaciones muy diversas: en casa, en la calle, en el trabajo, en reuniones, en actos públicos o privados, en entrevistas, concursos, juicios, con amigos y enemigos, con administrativos…, incluso con nosotros mismos. Y cuando hablamos nos esforzamos en vocalizar, pronunciar, frasear, modulando tonos y volúmenes, tratando de domar los acentos propios y regionales o entregándonos a elllos.

También escribimos a menudo: a mano, con teclados, con otros intrumentos…, en papel (antes pergamino o papiro), sobre madera, sobre plástico, sobre metal, sobre lacre…. Redactamos notas, enviamos cartas o e-mails, escribimos artículos, reflejamos estudios en documentos y dosieres, estampamos firmas o emblemas… Utilizamos procesadores de texto (antes máquinas de escribir), clientes de correo, ordenadores, tabletas, teléfonos móviles… Publicamos textos en obras editadas, en prensa impresa o digital, en sitios web, en medios sociales… Escribimos guiones para facilitar que otros hagan productos audiovisuales, den discursos y conferencias, impartan clases, conduzcan talleres…

Y a veces creamos códigos y lenguajes específicos, y terminologías y léxicos para comunicarnos de modo discreto, incluso cifrado, o para reflejar mejor los aspectos técnicos de un determinado ámbito de actividad, o para crear bancos de utilidad que agilicen ciertas tareas en la industria, en la ciencia, en la tecnología. Asimismo, utilizamos las artes para lanzar mensajes con lenguajes sublimados, de modo explícito o críptico, entre colores, líneas, formas y texturas, envolviendo la información y la opinión en lo útil y lo funcional, en lo bello y lo siniestro.

Todo esta actividad comunicativa implica diseñar signos, inventar reglas, normas y recomendaciones para dar coherencia y homogeneidad a su combinación, y luego elegirlos los primeros con criterio para armar los mensajes siguiendo las segundas, y asegurarnos así de que los mensajes creados se interpretan correctamente (algo no siempre fácil).

Porque debemos jugar con la polisemia, manejar los sentidos figurados, cabalgar sobre la retórica (con su yeguada de metáforas, comparaciones, alegorías, hipérboles y demás tropos), aprovechar o evitar las vaguedades y lidiar con las ambigüedades (o calcularlas, si se tercia), e incluso tenemos que pelear a veces contra la maledicencia, la mentira y el sectarismo que, aunque afortunadamente en minoría, acechan entre los íntérpretes y los intermediarios.

La comunicación humana es algo que se practica y se estudia. Algo sobre lo que se pontifica y también un mundo sometido a regulación. Un propósito en el que impera la libertad individual de los hablantes y escritores pero que debe someterse a ciertas prescripciones para que sea útil y efectivo.

Lo que llamo galaxia de la comunicación es un cosmos (o un caos, según se mire) compuesto de signos, códigos, lenguajes, recursos, instrumentos, actividades, disciplinas, campos de estudio, usos y experiencias, cuerpos normativos, doctrinas, compendios, guías y ayudas, soportes, medios, técnicas…

De todo esto se compone esta LISTA:

  • CONCEPTOS RELACIONADOS CON LA COMUNICACIÓN — Es básicamente el primero: comunicación, con una función de introducción a la lista (ya que, junto a otros como acto comunicativo, mensaje o contexto, se comenta en una entrada anterior titulada El acto comunicativo).
  • MODOS COMUNICATIVOS — Son variantes de la comunicación, según sea esta verbal o no verbal, o se realice oralmente, por escrito o por otros medios.
  • SISTEMAS COMUNICATIVOS — Englobo asquí los conjuntos y repertorios de signos y señales, los códigos formados por estos y los entramados sistemáticos que se forman añadiendo a los códigos una serie de normas, reglas, recomendaciones y referentes de uso, dando lugar a lo que llamamos lenguajes. Una parte de estos últimos son los lingüísticos —que muestran algunas variantes: lenguas, dialectos, hablas, modalidades…—, pero los hay de distinta naturaleza que se articulan con otros componentes: matemáticos, tecnológicos, artísticos…
  • CONJUNTOS DE RECURSOS — Son los repertorios de signos, señales, símbolos, léxicos, términos técnicos, expresiones y jergas que sirven como elementos para construir los mensajes. Están en la mente de los hablantes y escritores —y también, a otro nivel, en la de los animales y en los contenedores de información y codificaciones de las máquinas capaces de comunicarse—, pero se compendian además en códigos, catálogos, repertorios, guías, manuales, diccionarios, glosarios, libros de instrucciones, libros de estilo…
  • DISCIPLINAS — Son actividades intelectuales orientadas al conocimiento, el análisis, la descripción, el diagnóstico, la formulación doctrinal y la articulación normativa en diferentes campos de estudio y ámbitos de actividad relacionados con la actividad comunicativa de los seres humanos y de los animales. Pueden seguir métodos científicos, adecuarse a criterios paracientíficos o mostrar otras naturalezas (dogmática, normativa, práctica, solo doctrinal…). Por ejemplo, la semiótica, la iconología, la lingüistica, la paleografía, la retórica, la dramaturgia…
  • CAMPOS DE ESTUDIO Y ANÁLISIS — Son una parte del objeto estudiado y conformado por las disciplinas. Entre ellos, pueden destacarse los modos de habla y de pronunciación (fonética, fonología, prosodia…), los criterios para construir enunciados correctos y sus funciones (sintaxis), los componentes de las palabras y sus modos de creación y variación (morfología), los significados de los signos, términos y expresiones (semántica), los criterios de creación, manejo y autenticación de documentos (diplomática), el origen de los términos (etimología), entre otros muchos que aquí citaremos.
  • ÁMBITOS DE ACTIVIDAD — Son la otra parte objeto de las disciplinas, cuando estas se centran en tareas y trabajos que se realizan en el mundo de la comunicación. Son ejemplos delos muchos exixtentes, la edición, el periodismo, el diseño gráfico, la alfabetización, la caligrafía, la oratoria, la literatura, la pintura, el dibujo, la música…
  • CUERPOS NORMATIVOS Y DESCRIPTIVOS — Son el reflejo de signos, reglas, normas, criterios de utilización, recomendaciones, alternativas, preferencias, descripciones de usos, significados, criterios de interpretación, pautas para asegurar homogeneidad y coherencia…, que tratan de regular y orientar la comunicación hablada y escrita, o la canalizada mediante otras vías y recursos. Son ejemplos los diccionarios y glosarios, los manuales normativos de gramática y de ortografía, las gramáticas descriptivas, los compendios de terminología o de jergas, los libros de estilo, los catálogos y repertorios de signos, los manuales de tipografía y de edición…).
  • CUERPOS ORIENTATIVOS Y DOCTRINALES — Son estudios y trabajos de referencia que tratan de deshacer dudas, prevenir errores, mejorar estilos, depurar la redacción y el habla… , sin intenciones normativas, aunque se apoyen a veces en lo reglado para establecer criterios y lanzar recomendaciones. Son ejemplos las guías de uso de una lengua, los diccionarios de dudas gramaticales, los manuales de redacción, los manuales de oratoria y muchos estudios y trabajos sobre temas lingüisticos y comunicativos (semiótica, iconología, periodismo, filología, paleografía…).

De los citados, las disciplinas conectan con los campos de estudio y los ámbitos de actividad, por lo que a veces no es fácil discernir si algo es de una u otra naturaleza; por eso, a veces les vemos dos o tres almas: la convivencia de lo teórico y lo práctico, de lo que observa y lo observado, de lo que describe o prescribe y de lo explicado o regulado. Así pasa con la dramaturgia, la retórica, la estilística, la ortotipografía, la literatura… , por citar solo algunas.

Asimismo, algunas actividades y campos de estudio se asocian a cuerpos descriptivos o normativos (o al menos instruccionales): por ejemplo, la edición, la maquetación, la literatura (narrativa), la arquitectura, la dramaturgia, la gramática, la etimología, la música… tienen sus principios, técnicas y cirterios reflejados en muchos manuales, compendios y catálogos, y casi todas las disciplinas sientan sus bases en tratados y estudios.

Por ello, en la lista, para evitar duplicaciones, trataré cada campo de estudio/actividad/disciplina como una única referencia y limitaré la mención aparte de recursos de apoyo (los citados cuerpos normativos, descriptivos, orientativos…) a los que no hayan quedado subsumidos en una disciplina o campo ya citado. Por ejemplo, los diccionarios los incluyo en la lexicografía, los manuales de gramática en la gramática, etcétera.

En esta lista, como ítems, dejo fuera algunas referencias a las que dedicaré más adelante algunas entradas específicas:

  • Las artes, en la parte en que no son comunicación, como las técnicas o los aspectos meramente estéticos que no transmiten un significado de modo deliberado. Las menciones que hay a algunas (literatura, pintura, cine, teatro…) son por su potencial faceta comunicativa.
  • Los modos de desarrollo de ciertas disciplinas y actividades (metodologías, técnicas, recursos…), ya que eso es independiente del mensaje comunicativo que se puede pretender transmitir en las obras resultantes.
  • Los productos resultantes de las actividades de comunicación (libros, artículos, películas, obras escénicas, obras musicales…), que solo se mencionan por lo que puedan suponer como vías de transmisión de mensajes (arte) o recursos de apoyo (manuales, guías, diccionarios, instrucciones…), pero sin que sean referencias separadas.
  • Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC).

Modos comunicativos y signos

En esta primera parte de la lista parto del concepto general de comunicación, en un recorrido que pasa por ciertas modalidades de esta y por las disciplinas que estudian los signos, sus usos y sus significados.

Vamos con la primera dosis.

Es el concepto en torno al cual orbita este listado.

Cualquier mensaje que se emite por una persona o un animal (o incluso por un artefacto capaz de informar) es comunicación. Da igual el medio y el lenguaje utilizado. Se comunica uno hablando, escribiendo, emitiendo sonidos, gesticulando, con ademanes… También hay comunicación mediante gráficos e imágenes. Los colores y su composición también comunican, en el arte, la artesanía, las artes gráficas… Y las formas: esculturas, retablos, mojones, gárgolas, advertencias, símbolos… Hasta los espacios, que no son sino ausencias, nos dicen algo, Y ciertas señales son útiles para lanzar mensajes, sean de humo, telegráficas, de sonidos, de luces, de movimientos (como en la aviación o la náutica)…

Los animales se comunican en sus lenguajes, aunque no los entendamos con detalle más allá de lo que han averiguado a lo largo de años de estudio los zoólogos y etólogos, y en algunos casos se vañlen de wla química y la electricidad para transmitir mensajes; llamadas, avisos, dvertencias… Y los artefactos e ingenios industriales pueden comunicar igualmente mediante luces, sonidos, mensajes automatizados en pantallas…

Dentro de la comunicación podemos establecer algunas categorías. Hay que diferenciar así entre comunicación verbal y la no verbal, por un lado, y entre la oral y la no oral, por otro. Pero no son dualidades coincidentes: la comunicación escrita es uno de los modos de la no oral, pero la oral no siempre es verbal.

Al acto comunicativo, como concepto, le dediqué un post específico —El acto comunicativo: elementosen el que también se habla de qué es la comunicación y cuáles son sus ingredientes.

Es la que se produce mediante la articulación de sonidos con la vibración controlada de las cuerdas vocales, apoyada por otras partes del cuerpo como la lengua y el paladar. Lo que se emite pueden ser solo sonidos o, si se trata de comunicación verbal (lingüística), fonemas, palabras y frases.

En este sentido, tanto es comunicación oral un discurso más o menos complejo (comunicación verbal) como los gritos, silbidos, llantos y quejidos que no coinciden con letras ni palabras (aunque puedan representarse con estas, por ejemplo, en onomatopeyas). En este último acso, no se crean esos sonidos con conciencia lingüistica, aunque los sepamos representar así.

También son orales los sonidos y voces de los animales que poseen aparatos fónicos similares a los humanos, y las imitaciones humanas de voces animales.

Es toda la que no se produce mediante la vibración de las cuerdas vocales, y el uso de la lengua y el paladar. Esta categoría incluye la expresión escrita y todos los sonidos o imágenes que implican la transmisión de algún mensaje, sea o no complejo, y no proceden del instrumento vocal.

No es oral la comunicación humana que se produce mediante gestos, ademanes y otros movimientos corporales, sean acompañantes del habla o centrales o forma única del mensaje (en la mímica). Tampoco lo es la que se produce mediante instrumentos artificiales (aparatos, máquinas) capaces de traducir a sonidos o luces los signos y señalesde códigos.

Asimismo, no es oral la comunicación escrita salvo que se inserte en algún dispositivo que la exprese mediante voz y así sea como capta los mensajes el receptor (se tratará de una simulación de oralidad), ni la que derive de otros modos de emitir signos interpretables.

En la lengua animal hemos de destacar los sonidos con significado que se producen por frotamientos de partes del cuerpo (alas, patas…) o por otros instrumentos fónicos no orales, o por impulsos eléctricos o emisiones químicas. Obviamente, el mundo de los animales (no humanos) es muy amplio y en algunos casos ni siquiera podríamos hablar propiamente de una boca o de cuerdas vocales, por lo que hablar de oralidad o no oralidad resulta un tanto forzado.

Es una de las la que se produce en la comunicación oral, mediante la emisión de sonidos con las cuerdas vocales (ayudados por la lengua y el paladar) que corresponden a signos de un lenguaje interpretables por su asociación a ideas y significados. También lo es la comunicación escrita cuando no se basa en signos y símbolos no lingüísticos.

Hay lenguajes simples (como los de algunos animales) y otros mucho más refinados (como los humanos, aunque habría que decir que entre estos últimos también hay comunicadores harto simples, si se me permite la mordacidad). Estos mensajes pueden articularse mediante un solo idioma, mezclando varios o incluso incrustando términos inventados por otras personas o de cosecha propia. Conviene puntualizar que aspectos como el volumen, el tono o el timbre también pueden influir en la interpretación de los mensajes, aunque son factores orales no verbales.

Por extensión, también es comunicación verbal (no oral) la emitida mediante las lenguas de sordomudos, ya que, aunque los mensajes no se expresan con la vibración controlada de las cuerdas vocales que emite fonemas equivalentes a letras, addmas de palabras y frases, se suplanta esta con movimientos de manos y brazos y gestos del rostro que equivalen a estos elementos comunicativos, y, además, puede acompañarse en ocasiones de una vocalización silenciosa que busca facilitar la lectura labial (lo que combina una comunicación verbal no oral con una insinuación de la oral).

Asimismo, por extensión, son comunicación verbal (igualmente no oral) las lenguas de señales que sustituyen mediante sonidos o imágenes a las letras, palabras, frases o ideas concretas del lenguaje verbal: sonidos morse y otras señales sonoras codificadas, señales de humo, mensajes por tambores… (No serán verbales si solo pretenden crear sensaciones y estados de ánimo, o transmitir ideas aproximadas (por ejemplo, una sirena de alarma, una percusión de timbales o platillos de anuncio o inicio…) sin que sea posible decodificar un mensaje de texto mínimamente complejo.

La escritura es, por supuesto, el otro canal no oral de la comunicación verbal, y mediante esta (a través del texto) puede replicarse la comunicación oral con especial cuidado y delectación. El texto, en sentido amplio, incluye palabras, signos gramaticales y dibujos y gráficos (infografía) con algún mensaje escrito como complemento. Suele acompañarse en ocasiones de iconos, pictogramas, emoticonos, dibujos, fotografías y gráficos sin texto (que son comunicación no verbal cuando muestran solo elementos icónicos).

Por último, la comunicación verbal puede sustentarse en emisores que no sean humanos (máquinas, ordenadores, terminales de telefonía móbil, dispositivos wearable, asistentes de voz, navegadores y rastreadores GPS…) mediante grabaciones u otros ingenios para la información y la respuesta —con mensajes grabados o articulación de frases puramente automática—, o, en la faceta no oral, con mensajes escritos en pantalla, en medios de mensajería, en banners…

Es la que se produce mediante cualquier recurso que no implica la vibración de las cuerdas vocales emisora de sonidos o la sustitución de esta por movimientos o gestos asociados a las mismas ideas, palabras y frases de la comunicación verbal. Se compone mediante sonidos, signos, gestos, movimientos, ademanes, objetos…

En el caso de los gestos y ademanes, no estamos hablando, como en en lenguaje de sordomudos, de una sustitución de la lengua oral por una equivalente, asociando a esos movimientos ideas, palabras y frases (lo que sería un modo lingüistico), sino de movimientos faciales y corporales que expresan emociones y estados de ánimo o tratan de modificar de algún modo la interpretación del mensaje verbal al que acompañan (reforzándolo, matizándolo o contradiciéndolo). Podríamos decir que estamos en un entorno que puede ser no linguïstico (no se apoya el lenguaje verbal, sino que se establece una comunicación independiente) o paralingüistico (se condiciona aquel, modificándolo o reforzándolo).

En cuanto a la expresión corporal, son miradas expresivas, parpadeos, movimientos de cejas y del ceño, gestos con la boca (sonrisas, expresiones de sorpresa o enfado, muecas…), arrugados de nariz, levantamientos de hombros, tocamiento con dedos de la barbilla, las orejas, la nariz, la boca, la frente…, besos, abrazos, ademanes con los brazos y manos, movimientos del propio cuerpo (tronco) al hablar en público, mímicas generales (señalar con los dedos los propios ojos y luego a alguien o a una zona, indicar que se corta el cuello, hacer el signo de tiempo muerto…), gestos de cortesía (indicar a alguien que pase por delante, abrirle a alguien la puerta, exhibir la palma para pedir un alto…), posturas corporales…

Respecto de la mímica profesional o sectorial, estaría a caballo entre la comunicación verbal y la no verbal, con algún componente de la primera si los movimientos son inequívocos de un mensaje concreto y no aproximado: gestos de los árbitros deportivos, lenguaje aeropuortuario…

También podemos emitir mensajes no verbales mediante la ropa (agresividad, autosuficiencia, elitismo, humildad, sencillez, extravagancia, transgresión…) y con ciertos estilos y complementos (peinado, corte de pelo, bolsos, zapatos, cinturones…), e incluso con la gestión consciente de los espacios entre las personas o entre estas y objetos, zonas o edificios.

Es, como se ha indicado, uno de los modos de la comunicación verbal (el no oral), de especial importancia en la comunicación humana. Supone reflejar el habla (texto e infografías) y algunos complementos (iconos, imágenes, gráficos sin texto…) en un soporte físico (roca, arcilla, papiro, pergamino, papel, metal, plástico…) o virtual (texto visible en una pantalla, proyección, banner, holograma…).

Es, usada con esmero, la modalidad que permite una elaboración más depurada de los mensajes y, por tanto, de la comunicación.

Esta disciplina estudia los signos y sus significados, y las formas en que se construyen, utilizan e interpretan. Se la ha denominado también semiología, aunque algunos tratadistas han visto diferencias de matiz entre los dos términos, por su enfoque más general o particular y porque derivan en cierto modo de escuelas filosóficas diferenciadas.

Sus fundadores más reconocidos son Peirce (él hablaba de semiología) y Saussure (prefirió el término semiótica), aunque la formulación del concepto e incluso los primeros usos del término semiótica proceden de filósofos anteriores. Curiosamente, Umberto Exco se refiere con humor a la semiótica como una teoría de la mentira, en la medida en que trata de todo tipo tipo de elementos que se pueden utilizar para sustituir a otros, existan o no.

La semiótica enfoca el fenómeno de la comunicación fijándose en los signos que se utilizan, en sus significados, en cómo se crean los primeros y se asocian, incorporan o revelan los segundos, y en cómo se utiliza todo ello en el seno de la sociedad por los agentes que se comunican, o, por ampliar la consideración, en toda nuestra realidad circundante. Al proceso comunicativo lo denomina semiosis.

Es un campo de estudio muy amplio que, a lo largo de muchos años de doctrina rica y diversa, ha incidido en aspectos como la creación de signos y símbolos, el sentido de estos, su significado, la configuración de los códigos, la generación del texto y su estructura, la interpretación del mensaje compuesto por signos, los elementos internos y externos del mensaje, la influencia del contexto, la interacción entre emisor y receptor o entre autor y lector/interlocutor, la deconstrucción de los textos, los criterios que llevan a la comprensión de los mensajes, las diversas situaciones de la comunicación, la interacción comunicativa en redes…

Algunos tratadistas la consideran parte de la lingüistica, mientras que otros sostienen que es esta última la que forma parte de la semiótica. Asimismo, para ciertos pensadores especialistas en la comunicación, la semiótica engloba tres disciplinas relacionadas con la lingüística —la semántica, la sintaxis y la pragmática—, mientras que otros las consideran extensiones de la semiótica o campos de estudio diferentes no integrados en esta. (Las tres citadas se definen en entradas posteriores de esta misma serie).

Existe, a su vez, la biosemiótica y la zoosemiótica, que son, en cierto modo, ramas de la semiótica pero referidas al uso de los signos y señales en la comunicación de los animales. Estos signos pueden ser acústicos, táctiles (por roce o vibración), visuales, químicos (captables por el gusto o el olfato…), eléctricos… Como la etología (que estudia el comportamiento animal), son más bien, por su naturaleza, disciplinas encuadradas dentro de la biología.

Los signos son elementos que sustituyen a otros elementos teniendo como significado precisamente el de estos. Dicho de otra manera, son elementos que se utilizan para representar a otros elementos, asociandose a su sentido. Los que utiliza una comunidad de hablantes con mayor o menor frecuencia pueden catalogarse o compendiarse (de hecho, eso se hace con los lingüisticos, con las letras y las palabras, con locuciones y expresiones, en diccionarios, glosarios, repertorios…), aunque realmente se trata de un cuerpo tan amplio y en continua expansión que resulta casi imposible completar un catálogo global.

Los signos son siempre productos intencionados, de génesis cultural, elaborados y utilizados por humanos, por animales o por máquinas. Deben diferenciarse de las meras señales, como las emitidas por acontecimientos o procesos naturales (pueden llamarse también signos naturales), que no tienen significados concretos añadidos, sino que son solo evidencias o sintomas de algo, y no pretenden transmitir mensajes concretos: por ejemplo, el humo de un incendio, el dolor tras un golpe, un grito tras un susto, los colores de una flor, la fiebre de una dolencia, el olor de un guiso, las huellas en la tierra del paso de un animal, el zumbido de una avispa… Son solo información.

Tampoco son signos las reacciones a estímulos provocados, cuando no hay código ni mensaje alguno: por ejemplo, una coloración de la piel si se aprieta o el maullido de un gato o la salivación de un perro si oyen el ruido de tijeras con las que habitualmente se corta comida para ellos (aunque sí lo serían en este último caso si constatáramos que el animal pretende con ello acelerar la tarea).

Hay, no obstante, tratadistas de vocación extensiva que incluyen como signos (y por tanto elementos posibles de una comunicación) también a las señales, en la medida en que se establece la convención de reconocer siempre esos signos naturales como representativos de un determinado elemento, cargados de significado. (En todo caso, aunque puedan considerarse signos objeto de la semiótica, no por ello darán lugar a actos comunicativos en el sentido al que me estoy refiriendo yo en estos posts, que exige la intencionalidad).

Los signos pueden clasificarse en los siguientes tipos (algunas denominaciones son mías, aunque en esencia apenas me alejo de las ideas y teorías dominantes en la semiótica):

  • Signos icónicos — Representan la idea o concepto con imágenes de una manera evidente. Entran en este tipo los iconos, pictogramas, fotografías, dibujos, mapas, esquemas, circuitos, gráficos de flujo (con imágenes, sin texto), señales de advertencia de interpretación inequívoca…
  • Signos indiciarios — Son imágenes, sonidos, olores… que evocan una causa, por ser consecuencia de esta, o una consecuencia, por ser su causa evidente o posible, o bien reflejan una idea en un determinado contexto. El humo nos lleva al fuego; el llanto, al dolor o la desesperación; la risa, a la alegría o la diversión; el sonido atronador, a la tormenta o la guerra; la nieve, al invierno; un reloj (especialmenmte si es de arena), al tiempo; el olor a quemado, al fuego…
  • Signos sugerentes — Son signos (colores, sonidos, gestos manuales…) en los que hay igualmente una evocación de un referente pero no por una relación causa/efecto sino por una similitud sensitiva o un señalamiento sugestivo: el color verde y el marrón evocan la naturaleza (por la hierba y la tierra); el negro, lo siniestro (pore la oscuridad); el rojo, el peligro (por la sangre y el fuego); el blanco, la pureza (por la ausencia de manchas); las onomatopeyas, el sonido de un animal u objeto; el gesto de V con la mano, la victoria; tocarse la zona lateral (parietal o temporal) de la cabeza con el dedo, pensar; hacer lo mismo pero girando el dedo, desorden mental; el pulgar levantado o el pulgar y el índice en círculo, que todo va bien, que va para arriba o está redondo; apuntar hacia abajo con el pulgar, que algo se ha desmoronado o se debe cancelar… (Es el campo más abonado para nutrir la mímica y el lenguaje no verbal).
  • Signos arbitrarios — Son signos visuales o sonoros que representan una idea, pero por una asociación que no deriva de similitudes o relaciones causa/efecto. Son, por ello, signos simbólicos o directamente símbolos. Ejemplos son los himnos nacionales o de clubes, las banderas, las enseñas y estandartes, ciertos gestos no sugerentes de por sí (brazo en alto, puño en alto…), los logos y emblemas corporativos, los signos musicales… No son reconocibles ni entendibles (por sugerencia obvia o por intuición), como los tres tipos anteriores: se comprende lo que indican o representan solo cuando se conoce la asociación de ideas que nutre su función.
  • Signos lingüísticos — Son una parte de los arbitrarios, pero no se componen con imágenes o sonidos, sino que se trata de elementos y combinaciones de estos a los que se da un significado determinado por acuerdo o decisión de los miembros de una comunidad (letras, palabras…, aplicando ciertas reglas), creándose así códigos de habla y escritura. Y, de manera indirecta, también lo son los códigos cifrados que llevan a los códigos lingüisticos (porque no son lenguajes diferentes sino disfraces de otro ya existente).

Por supuesto, la apreciación de los signos no será visual cuando el receptor sea ciego; en tal caso, si no se trata de un signo sonoro, será táctil (relieve, braille o descripción oída del signo visual). El braille, por ejemplo, tiene signos lingüisticos pero es solo un sistema de lectura y escritura.

Y, en general, se tratará de signos de comunicación cuando se utilicen para emitir mensajes o, de estar presentes de manera natural, se utilice esa presencia para crear ese mensaje con su sola presentación, buscándose la captación sensitiva de la idea y su interpretación o decodificación. No hay comunicación si no hay emisor y receptor interpretador, sean o no seres humanos, o si no hay intención comunicativa.

Puede entenderse que una simbología es un catálogo o repertorio concreto de sígnos representativos de ideas (imágenes, sonidos, conceptos…), como puede serlo un conjunto de iconos de una aplicación de software, los signos utilizados en unas obras de literatura clásica mitológica, de cuentos infantiles o de las narrativas de género, los signos de un código de escritura jerogífica, los elementos icónicos de un videojuego, las imágenes representativas de dioses, profetas y santos, elementos sagrados o signos y emblemas de una religión (o de un arte sacro)…

También lo son los elementos con los que se componen los escudos de la heráldica, los logos y emblemas de marcas comerciales (como las de los automóviles), los logos y emblemas de los movimientos políticos e ideológicos, las banderas y escudos nacionales o regionales, los iconos representativos de movimientos y causas sociales, los dibujos de poblaciones y tribus antiguas esculpidas en roca o sobre la tierra, los iconos de uso frecuente en el mundo industrial y de los transportes (siderúrgico, nuclear, logístico, de tráfico, ferroviario, aéreo, naviero…), los signos explícitos (o sustitutivos a modo de disfraz) de posiciones y manifestaciones supremacistas, racistas, xenófobas o totalitarias, las imágenes utilizadas en el mundo del tatuaje (o en del tatuaje carcelario), …

Además de esta acepción de inventario de signos, la simbología también es la disciplina que estudia los signos simbólicos existentes. Es diferente a la semiótica (mucho más amplia y profunda, con una visión integral sobre el mundo de los signos y de sus significados y usos), ya que incide solo en:

  • La descripción de los signos existentes.
  • Su origen histórico.
  • Su aplicación actual.
  • Los modos de catalogación o clasificación.

En cierto modo, podemos considerar que la simbología es una rama de la semiótica o un modo de inventariar, compartimentar y describir algunos conjuntos de signos estudiados por esta.

Es una disciplina que se encuadra dentro de la historia del arte pero con vinculaciones con la semiótica, e incluso, en cierto modo, podría también considerarse una rama más de esta última. Se mueve también, por tanto, dentro del campo de estudio de la comunicación.

Describe todos los elementos visuales que aparecen en las obras de arte, consideradas estas de modo extensivo como las plasmaciones icónicas sobre algún soporte destinadas a ser contempladas y que conllevan algún tipo de mensaje o pretensión de influencia sobre el observador. Así, esta visión supera el mero reconocimiento de lo que son los elementos y componentes artísticos (lo que se denomina visión preiconográfica) y trata de asociar a cada uno sus significados temáticos, simbólicos, metafóricos, alegóricos, históricos…, determinar sus momentos históricos y definir criterios de autentificación, por citar solo algunos fines.

Tradicionalmente la iconografía ha estudiado colecciones de obras de arte (retratos, paisajes, esculturas, monumentos…), pero actualmente dirige su estudio a toda manifestación artística o de comunicación visual dentro de obras creativas con cierta entidad propia. Así, se incluye el arte clásico con todos sus géneros (retrato, paisajismo, naturalezas muertas, vanitas…), los elementos del arte moderno no figurativo, el arte sacro y la imaginería religiosa, la orfebrería y la artesanía, la joyería, la imaginería política, la heráldica, el floklore, las leyendas…

Tiene un marcado carácter descriptivo, por lo que el estudio de las imágenes y de sus elementos, así como de la evolución de estos a lo largo de los años, da lugar la confección de catálogos, repertorios, inventarios y diccionarios de elementos, rasgos, características, atributos, formas y estilos de configuración de la imagen.

En su consideración de los emblemas presentes en el arte, tiene cierta relación con la simbología, aunque esta última es más restringida, ya que se centra en los iconos de sentido simbólico y en su uso general (con indepedencia de que una obra pueda o no contenerlos). De hecho, se considera la emblemática también como una disciplina con cierta entidad propia.

(Este término no debe confundirse con el de icnografía, que, junto con ortografía y escenografía —en sus acepciones arquitectónicas—, completan la plasmación o dibujo de la planta (horizontal), la alzada (vertial) y la perspectiva (fondo) de un edificio.

Es una disciplina que no se centra, como la iconografía, en la descripición de las imágenes presentes en las obras de arte (o, por extensión, en las creativas), sino que atiende a un propósito más profundo: conocer las ideas y los conceptos que subyacen en las imágenes, las representadas o las que le dieron origen, captar las motivaciones e intenciones que han llevado a que tengan connotaciones alegóricas, definir sus conexiones con la realidad…, y acompañarlas en su génesis intelectual a lo largo de los años, explicando su relación con el pensamiento y la filosofía.

Por ello, la iconología tiene más de metolología y campo de estudio insertos en la historia de la filosofía, de la religión, de la política, de la ciencia… que de disciplina encuadrable en historia del arte, aunque ponga su foco principal en esta.

Así, se da a la imagen un enfoque humanista, se la somete a un estudio histórico, se la vincula con la propia historia en diversos ámbitos, se intenta conocer los factores que influyen en su creación y su transmisión, las tendencias en las que se mueve, sus sentidos más intrínsecos…, y se la convierte en elemento no solo de contemplación, sino de información sobre nuestra existencia. Ve la imagen como fuente de conocimiento de la historia y de la condición humana.

Así como la iconografía se fija en la forma, en el cuerpo, la iconología penetra en el fondo, en el alma, apoyándose en el trabajo de compendio, inventario y descripción de la primera. No obstante, iconografía e iconología comparten alguna intersección entre sí, y con la simbología, como el interés por el significado simbólico de ciertas imágenes y elementos icónicos. No es inusual que estudios presentados como iconográficos pisen algún terreno iconológico y viceversa.

No tiene quizá suficiente calado para considerarse una disciplina, pero sí es un campo de estudio sobre los sistemas de señalización. Podríamos decir, en cierto modo, que es uno de los ramales de la semiótica con más espíritu práctico, mayor vocación por el diseño y menor componente de indagación intelectual, un sobrino aventurero poco dado a la reflexión sesuda, deseoso de acción, muy dado a la creatividad y orientado solo a lo útil y aplicable.

La señalética indaga sobre la utilidad y la utilización de los signos —aquí los podemos denominar señales, por el uso habitual de este término, en este caso siempre artificiales y normalmente sintéticos o esquemáticos— para influir en el comportamiento, facilitar actividades, crear accesos, identificar vías y destinos, canalizar movimientos, limitar pasos, tareas o usos, realizar advertencias, transmitir informaciones, identificar espacios, sintetizar ideas, permitir asimilaciones rápidas…

Así, esta visión de los sistemas de simbología informativa ayuda a:

  • Definir las funciones de las señales.
  • Establecer criterios de diferenciación de estas.
  • Asociar correctamente imágenes e ideas para que las señales sean intuitivas y de rápida comprensión.
  • Reducir ambigüedades en sus significados (asegurar su sentido inequívoco).
  • Perfilar diseños icónicos adaptados a distintos tipos de usuarios y ambientes.
  • Guardar la debida coherencia y homogeneidad (en formas y estilos) en cada sistema.
  • Promover estéticas adecuadas a las funciones de cada signo.

Esta visión de los signos con enfoque práctico está fuertemente emparentada con el diseño gráfico y, aunque es evidente su interés para cualquier campo de actividad, sus aplicaciones tienen especial incidencia en la industria, el transporte, la logística, el tráfico, las comunicaciones viarias, el urbanismo, la ingeniería, la arquitectura y la construcción, la ganadería y la agricultura, la aeronáutica, la astronáutica, la navegación marítima, los seguros, la hostelería, la sanidad, la gestión medioambiental, la protección civil y la prestación de otros servicios públicos.




Y si aquí terminamos con los signos y algunas disciplinas que los estudian, ahora vamos a ir por los compendios de estos y los sistemas de comunicación: los códigos y los lenguajes.

Esto, en el siguiente post (segundo de la serie).