El acto comunicativo: elementos

¿Se está uno comunicando si ha enviado un e-mail y dos días después no ha recibido aún una respuesta? ¿Puede uno comunicarse con su perro o con su gato sin ser el doctor Doolittle? ¿Nos estamos comunicando con una máquina cuando operamos en un cajero automático? ¿Se comunican las células dentro de nuestro cuerpo? ¿Se comunica el viento cuando comienza a agitar las copas de los árboles anunciando que ya está aquí? ¿Se comunica con nosotros el cuerpo cuando nuestra piel enrojece por una alergia?

Esta entrada, que carece de ánimo alguno de sentar cátedra doctrinal, es una pequeña y modesta reflexión sobre el hecho comunicativo, llena de preguntas, ejemplos y alguna clasificación, a modo de introito de la prometida lista de ángulos de visión, disciplinas, campos de estudio y actividad, recursos y cuerpos normativos relacionados con la comunicación, que vendrá en los siguientes posts.

Los ingredientes de la comunicación

Se dice que la comunicación implica un emisor, un mensaje y un receptor, un medio (vía, canal…) para emitir ese contenido comunicativo y un modo de articularlo. Y que todo se produce en un contexto que puede influir en la interpretación del mensaje.

Nos comunicamos cuando hablamos con otra persona, delante de ella o por teléfono, o cuando damos una charla, y también al escribir algo si luego alguien nos lee, porque le hemos enviado un correo postal ordinario, un correo electrónico o un mensaje de telefonía, o porque imprimimos o publicamos un escrito y alguien dedica tiempo a leerlo, o si delante de un grupo de espectadores proyectamos en alguna superficie un texto que hemos elaborado.

Pero siendo estos casos de los más evidentes y habituales en la interacción humana, no son ni de lejos los únicos. Algunos indígenas americanos ocasionalmente se comunicaban a distancia mediante señales de humo. Hay códigos de sonido o repertorios de imágenes que pueden funcionar como alfabetos simplificados o como recursos para transmitir ideas o instrucciones. Ciertos elementos en la arquitectura, la pintura y otros productos artísticos nos sugieren ideas y nos provocan sensaciones más allá de la belleza que pretenden exhibir o la funcionalidad que buscan cumplir. Y algunas máquinas inteligentes ya pueden por sí mismas pronunciar palabras y frases adaptadas a preguntas o peticiones (de diseño humano, pero compuestas en el momento, a partir de códigos informáticos y algoritmos, y propulsadas por ingenios de hardware). Asimismo, nos comunicamos cuanto transmitimos alegría, tristeza, aprobación, enfado, duda, desconocimiento… mediante expresiones del rostro o movimientos corporales.

setter apuntando
Irish setter pointing – Foto de Henktenklooster – Wikimedia Commons

¿Acaso no hay comunicación cuando hablamos en voz alta estando solos: por ejemplo, al preparar y ensayar una presentación o conferencia, el día anterior, o para hacernos más divertida una reflexión íntima? ¿O si ensayamos un papel teatral declamando y gesticulando delante de un espejo? ¿O cuando le hablamos a un perro que nos mira? ¿O si tratamos de entender lo que quiere expresar nuestro perro cuando emite distintos ladridos y gañidos, nos mira con expresión suplicante o nos enseña sus dientes? ¿O cuando un pointer o un setter nos marca, congelando su postura con la pata levantada y doblada, que hay una posible pieza a cobrar en la dirección en la que apunta? ¿O al oír a un bebé emitir sonidos raros o algo parecido a palabras pero que no tienen sentido?

¿Negaríamos la existencia de comunicación si se guardan unos mensajes escritos en una caja sellada o en el interior de una oquedad cubierta con una piedra para que se lean dentro de 50 años, o si se encierra un mensaje escrito en un papel dentro de una botella vacía y se lanza esta al mar, o si se depositan unos escritos a mano, o impresos, o en un disco o pen drive, dentro de una nave y se lanzan al espacio para ponerlos a disposición de… posible vida inteligente extraplanetaria?

¿Qué diferencia tendría este último caso, el espacial, con unas señales de humo emitidas en el pasado por individuos de una tribu indígena americana o de algún otro pueblo de la antigüedad si no las percibiera nadie en ese momento, o con un libro que no vendiera ningún ejemplar? ¿O quizá solo habría comunicación porque los correctores y el editor ya lo habrían leído previamente?

Y si nos grabamos la voz, dando un discurso, para oírnos otro día y analizar nuestras prestaciones, ¿acaso no habrá comunicación hasta que pulsemos el botón play? ¿Y quién sería en ese caso el emisor: nosotros mismos cuando lo grabáramos o la máquina (es decir, nosotros mismos en diferido) cuando esta lo reprodujera?

O si se planta un cartel publicitario en las afueras de una población, ¿sostendría alguien que no habrá comunicación hasta que pase el primer coche en el que algún ocupante repare en el mensaje?

Sintetizo estas dudas en varias preguntas.


Para que HAYA COMUNICACIÓN…

… ¿es necesario que el emisor y el receptor sean personas distintas?
… ¿debe ser humano alguno de los intervinientes: el emisor o el receptor?
… ¿se requiere que el receptor lea o decodifique el mensaje o basta con que se haya emitido?
… ¿es preciso que el receptor sea alguno de los previstos, según la intención del mensaje?
… ¿debe el receptor entender el mensaje y captar la intención del emisor?
… ¿debe haber intención comunicativa del emisor o basta una reacción a un estímulo si nos da información?
… ¿se precisan unas mínimas características en el mensaje en cuanto a fondo, forma y medios de elaboracion y difusión?


Sintetizando aún más, la duda puede resumirse en si cabe la comunicación en caso de que falle alguno de estos elementos:

ELEMENTO HUMANO — EMISOR — INTENCIÓN DE COMUNICACIÓN — EMISIÓN — RECEPTOR DISTINTO — RECEPTOR PREVISTO — MENSAJE — ALGUNA COMPLEJIDAD DEL MENSAJE — RECEPCIÓN — PERCEPCIÓN DEL MENSAJE — COMPRENSIÓN POR EL RECEPTOR — INTERPRETACIÓN CORRECTA DE LO PRETENDIDO


Acto comunicativo: emisor, mensaje e intención

Entre las acepciones de comunicación, la RAE incluya la siguiente: «Transmitir señales mediante un código común al emisor y al receptor» Ocurre que no siempre el receptor previsto es alguien determinado, y puede que el que recibe el mensaje no domine ese código y no lo entienda o lo interprete con errores. ¿No habrá en tal caso comunicación?

Para evitar este problema conceptual, podríamos ampliar esta definición diciendo que comunicar es transmitir un mensaje elaborado mediante un código de signos o un lenguaje y susceptible de ser descifrado y entendido por algún receptor. De esta manera, cuando elaboramos un mensaje para otro, o incluso si es para nosotros mismos, para que lo entendamos y analicemos en el momento o diferidamente, ya estaremos creando comunicación, sin que importe que lo reciba el destinatario previsto en caso de que fuera distinto al emisor.

Así, aunque temporalmente dicho mensaje no sea captado y decodificado, aunque la comunicación prevista tarde en cerrarse o finalmente fracase, aunque no se complete mientras no haya alguien distinto que capte y entienda total o parcialmente lo emitido, habremos elaborado ya comunicación. Bastará con que el mensaje se emita y esté en disposición de ser descifrado por alguien, aunque sea el propio emisor.

En cuanto a la forma, la complejidad, el canal y el código, si entendemos la COMUNICACIÓN así, en SENTIDO AMPLIO, producida con un simple acto con intencionalidad y viabilidad comunicativa, tanto lo será un cortejo amoroso utilizando abanicos como un mensaje de telégrafo mediante morse, un discurso político en un mitin o un simple tuit, unas gárgolas inquietantes en una catedral y las ilustraciones de periodismo gráfico en un diario, un retablo gótico con varias escenas narrativas y un cómic, unos carteles informativos en una autopista y un mojón o piedra miliar para señalar distancias en una ruta, unos violines simulando el vuelo de un moscardón en una orquesta y unos nativos congoleños transmitiendo ideas o mensajes sencillos mediante el golpeo de troncos huecos, las órdenes de un pastor a su perro para que azuce a los borregos del rebaño o supere los obstáculos en un concurso canino y las de un patrón o timonel a sus remeros en plena competición, los ladridos de un perro de guarda al ver pasar cerca de las lindes de una casa a un extraño o los del dueño de la morada buscando callar al perro porque el supuesto extraño es conocido, las instrucciones de un coach de baloncesto en un tiempo muerto o los gritos de un jugador a otro para que le pase la pelota en la cancha…

Asimismo, habrá acto comunicativo tanto en una conferencia dada en un auditorio ante unos asistentes como en el discurso de ensayo que el ponente hizo el día anterior ante el espejo, o en las sensaciones que producimos en otros al guardar las distancias con ellos o con otros, procurarles un fuerte abrazo o plantarles unos besos mejilleros. Incluso el atormentado Judas dicen que utilizó ya hace tiempo un leve ósculo como modo de identificación (o sea, para dar información a unos terceros muy concretos).

Por tanto, con este sentido extenso del concepto, no necesitado de su éxito completo para existir ni de la existencia de dos personas distintas, ni siquiera dependiente de que haya dos seres humanos diferentes a los lados de la transmisión o incluso de que haya entes humanos involucrados, HABRÁ COMUNICACIÓN si hay:


UN EMISOR
UN MENSAJE
UNA INTENCIÓN COMUNICATIVA
UN LENGUAJE O CÓDIGO
UN MEDIO O CANAL
UNA PUESTA A DISPOSICIÓN DE ALGÚN RECEPTOR
VIABILIDAD DE RECEPCIÓN DEL MENSAJE
POTENCIAL DE DESCIFRADO DEL MENSAJE


Para dar oxígeno a esta consideración de la existencia de comunicación (del acto comunicativo) aunque no se haya producido aún la recepción y decodificación del mensaje por otra persona, animal o máquina —que puede patinar en opinión de algunos, muy fieles a las concepciones más ortodoxas—, conviene decir que:

  • Aunque no se entienda un mensaje, cuando menos se suele captar que existe y que algo pretende comunicar el emisor. Es la apreciación de que el mensaje revela intención de comunicar, y eso ya es una parte de la comunicación.
  • Alguien captará casi siempre un determinado mensaje en algún momento, aunque no sea el destinatario previsto. Solo un mensaje al que no accediera ni pudiera acceder nunca nadie perdería sentido como acción de comunicación fuera de la esfera del emisor, pero aún podría funcionar (o haber funcionado) para este.
  • Puede haber un receptor directo de la información y también un segundo receptor, y que el mismo mensaje incluya en realidad dos mensajes diferentes, transmitidos de distinta manera siendo un único acto. Un ejemplo se da en el caso del citado Judas: el mensaje le llega a uno en forma de beso (visual, cercano y táctil) y a otros (los legionarios) como imagen (visual desde más distancia), y aunque ambos receptores sospechen que significan lo mismo (eso es inteligencia), son dos mensajes distintos, uno amistoso y otro felón y colaboracionista.
  • Puede también suceder que un mensaje dirigido a una persona lo capte otra no prevista, con el mismo resultado de interpretación del mensaje o con otro. Por ejemplo, una frase escrita en el polvo que hay en la carrocería de un coche aparcado o en una vantanilla, dirigida a su conductor, pero leída antes por un transeúnte.
  • El emisor en muchas ocasiones hace de receptor de su propio mensaje (por ejemplo, al revisar un texto segundos después de escribirlo o un tiempo después). Incluso una verbalización en voz alta de una sola persona que se escucha con interés crítico o analítico, o la atención a su texto del escritor mientras lo escribe, pueden funcionar como acto de comunicación. Por tanto, siempre hay un receptor previo a cualquier otro (salvo, quizá, solo quizá, si la emisora es una máquina, a salvo de lo que permita la IA).
  • En este último sentido citado, cabe añadir que un mensaje propio escrito o grabado no se considera del mismo modo en distintas lecturas o escuchas sucesivas: siempre hay aspectos que inicialmente no se captaban y dan completa carta de naturaleza al emisor como receptor en un rol diferenciado; además, las revisiones favorecen captaciones del mismo mensaje por el mismo receptor con connotaciones distintas.
  • Los animales se comunican entre sí y se entienden (los de la misma especie), pero, cuando tratan de comunicarse con humanos, no necesarialmente estos les van a entender siempre.
  • Algunas máquinas pueden emitir señales continuadas buscando un receptor, sin cesar en ello aunque tarden en encontrarlo.

Vista así la idea, nos comunicamos cuando emitimos un mensaje con el propósito de transmitirlo y esperamos que esta comunicación se complete. Así, aunque de momento no se cierre el evento comunicativo previsto (ser captado y descifrado el mensaje por un receptor esperado o posible), ya se habrá producido una acción comunicativa por vía doble:

  • La puesta a disposición de un mensaje con una intención y por una vía accesible.
  • El propio procesamiento de su mensaje que hace el emisor (aunque no sea ese siempre el fin comunicativo).

Así, la comunicación se completa parcialmente casi siempre en el espacio EMISOR/EMISOR COMO RECEPTOR y en ocasiones también culmina en este espacio (ya que esa es la intención), mientras que en otras se completa también en el espacio EMISOR/RECEPTOR DISTINTO DEL EMISOR (que es el fin previsto) o queda pendiente de que culmine la transmisión prevista cuando el receptor esperado o uno de los posibles procese y descifre el mensaje. También, por supuesto, puede buscarse el mayor número posible de receptores, con lo que no se cerrará mientras lo emitudo perdure (mantenga la puesta a disposición).

RESUMIENDO – En la COMUNICACIÓN:

  • El EMISOR puede ser conocido o no identificado, pero debe ser presumible su existencia y su actuación al captarse el mensaje.
  • EL MENSAJE debe ser premeditado, no el resultado de un hecho fortuito ni un mero sintoma de un acontecimiento o señal de reacción a un estímulo.
  • La INTENCIÓN COMUNICATIVA del emisor debe hacerse evidente (aunque sea extremadamente simple).
  • El CÓDIGO de signos debe haber sido previamente elaborado, ser convencional o, si es nuevo, conllevar un potencial de interpretación con o sin instrucciones. Puede ser sencillo (pocos signos o un código escueto) o complejo (un lenguaje), pero siempre incluye signos asociados a ideas y alguna regla o instrucción de uso y para la decodificación.
  • El MEDIO o CANAL puede ser cualquiera que permita la transmisión del mensaje, sea natural o artificial, y puede conllevar o no un soporte o registro añadido para el mensaje.
  • Esa vía debe implicar la PUESTA A DISPOSICIÓN del mensaje para un receptor o varios receptores, predeterminados o indeterminados, correlato lógico de la intención comunicativa.
  • Debe ser VIABLE LA RECEPCIÓN del mensaje: aquellos a quienes se envía el mensaje (o al menos algunos de ellos) deben poder captarlo. La imposibilidad mata el mensaje.
  • Algún RECEPTOR debe PODER COMPRENDER el mensaje, descifrando los signos y captando así contenido que se pretende transmitir (se total o parcialmente). Un código usado sin sentido e indescifrable no produce mensaje, salvo el de que alguien parece querer decir algo.
  • El RECEPTOR puede ser a veces el propio EMISOR y, de hecho, lo es emn muchas ocasiones aunque el fin del la comunicación se prevea a otro).
  • En ocasiones, el ACTO COMUNICATIVO puede quedar a la espera de captación por algún receptor (diferente del propio emisor) para que se satsfaga la intención comunicativa.

La mera observación de la realidad nos puede aportar mucha información sobre la vida, la naturaleza y la condición humana, pero eso no es comunicación. Visiones poéticas al margen, el sol no emite al fin de la madrugada un mensaje para decirnos que ya está ahí y que amanece, aunque sea cierto que sí, que el alba se inicia. Las bandadas de aves que aparecen emigrando desde sitios más fríos no nos lanzan un mensaje anunciando que llega el tiempo primaveral, aunque sean un signo presunto de ello. Y dos conductores enfadados que se han bajado de sus coches y están insultándose y empujándose no nos envían un mensaje sobre lo fácil que es caer en la ira, aunque la escena nos sugiera precisamente eso: lo quebradiza que es a veces la cotidiana vida social

Así, NO HABRÁ ACTO COMUNICATIVO, por ejemplo:

  • Al apreciar un humo que procede de un incendio.
  • Si vemos los relámpagos y oímos los truenos de una tormenta.
  • Al contemplar las copas de los árboles tumbadas por el viento.
  • Si sabemos que una máquina está encendida y en marcha porque emite un sonido de funcionamiento.
  • Cuando alguien tose reiteradamente y otro entiende que tiene catarro, gripe o faringitis.
  • Si una persona capta mediante un ejercicio de empatía alguna emoción o sensación de otra persona.
  • Si alguien observa una actuación humana en la que no se emite ningún mensaje consciente.
  • Si un ser humano o un animal ronca.
  • Por el hecho de que nos duela la rodilla tras una caída.
  • Si alguien escribe un mensaje en un cartel e inmediatamente lo esconde o lo destruye.
  • Si alguien envía una carta por un servicio postal a un destinatario pero este se pierde sin llegar a ningún otro destino.

Salvo en los dos últimos ejemplos respecto del propio emisor (durante un momento), en los citados no hay emisor, o no hay intención comunicativa, o falta el lenguaje, el mensaje, la puesta a disposición de este o la viabilidad de recepción e interpretación.

La mera información procesable al alcance de nuestros sentidos, o las señales que revelan reacción a un estímulo, no son por sí mismas comunicación, aunque parezcan signos emitidos desde un foco o fuente. Solo cuando se dan todos los elementos antes citados, incluso sin que se haya todavía culminado la comunicación prevista, habrá un ACTO COMUNICATIVO.

Emisores, fines, modos y medios

La intención comunicativa, expresada de modo genérico, siempre es la misma: que una idea, información, explicación, opinión, reflexión, sea procesada por otra persona, animal o máquina, o por uno mismo. Pero el objetivo que mueve a intentar este procesamiento puede ser distinto.

También los mensajes varían en su forma. Pueden elaborarse de modos diversos y es posible elegir muy diferentes vías para exponerlo y transmitirlo.

Estas son algunas de esas posibilidades:

Es el perfil de quien elabora y transmite el mensaje.

SER HUMANO — ANIMAL — MÁQUINA (TEXTO-VOZ DE ELABORACIÓN E INCORPORACIÓN POR HUMANOS) — MÁQUINA (TEXTO-VOZ DE ELABORACIÓN Y EJECUCIÓN POR LA MÁQUINA A PARTIR DE DISEÑOS DE FUNCIONAMIENTO HUMANOS)…

Es lo que se pretende al hacer llegar el mensaje al destinatario.

INFORMAR — ADVERTIR — EXPLICAR — DEFENDER — ATACAR — INFLUIR — RECOMENDAR — ORDENAR — PROHIBIR — PERMITIR — CRITICAR — ALABAR — COMPARTIR…

Es la superficie sobre la que se inserta el mensaje, cuando este se exhibe incorporado a un sitio u objeto para que pueda así apreciarse directamente con alguno de los sentidos o intermediando un instrumento de lectura.

PAPIRO — PERGAMINO — PAPEL — PIEDRA — ARCILLA — ARENA — CRISTAL — MADERA — PAVIMENTOS — TELAS — TAPICES — LIENZOS — CARTONES — CEMENTO — PLÁSTICO — ORO — PLATA — HIERRO — CHAPA — OTROS METALES — LACRE — BAQUELITA — CINTA MAGNÉTICA — VIDRIOS Y MEZCLAS DE MINERALES — CIELO — AIRE…

Es el recurso o material con el que se compone el mensaje.

VOZ — TINTA — OTROS MATERIALES DE IMPRIMACIÓN — PINTURA — PIEDRA — METAL — PLÁSTICO — SONIDO — HUMO — LUZ — MOVIMIENTO…

Es la modalidad utilizada para que el mensaje se incorpore al soporte y medio de exhibición y transmisión, cuando esta no es directa.

IMPRIMACIÓN — IMPREGNACIÓN — RELIEVE Y BAJORRELIEVE (GRABADOS EN MATERIALES) — TALLA — ENGANCHE — AGUAFUERTE — OTRAS TÉCNICAS GRÁFICAS — CAPTACIÓN QUÍMICA FOTOGRÁFICA — CAPTACIÓN DIGITAL FOTOGRÁFICA — GRABACIÓN SONORA — GRABACIÓN VISUAL EN CELULOIDE — GRABACIÓN DIGITAL DE VÍDEO — REGISTRO INFORMÁTICO …

Es la vía elegida para que el mensaje se ponga a disposición del receptor o receptores, le llegue y pueda decodificarlo, sea o no directa.

AIRE — TELÉFONO FIJO — TELEFAX — TELÉGRAFO — CORREO ORDINARIO — E-MAIL — TELÉFONO MÓVIL — EXPOSICIÓN EN PARED — PAPEL IMPRESO — PRENSA IMPRESA — CARTELERÍA — LIBROS IMPRESOS — E-BOOKS — SITIOS ON LINE — OTRAS VÍAS DIGITALES — CONDUCTORES INFORMÁTICOS — CANALES DE VÍDEO — CADENAS DE TV — CADENAS DE RADIO — SUPERFICIES CON RELIEVE TÁCTIL — PROYECCIÓN EN PANTALLA — EXHIBICIÓN EN ESPACIOS — REPRESENTACiÓN EN ESCENA — EXPOSICIÓN EN SALAS…

Es la variante que se da en cuanto a la interaccion del emisor con el receptor.

CONVERSACIÓN EN VIVO CONTINUADA — CONVERSACIÓN DIFERIDA — MENSAJE A UNO MISMO — MENSAJE PERMANENTE DISPONIBLE PARA EL PÚBLICO — MENSAJE ÚNICO ABIERTO AL PÚBLICO — MENSAJE UNILATERAL ÚNICO A UN DESTINATARIO CONCRETO — MENSAJE UNILATERAL PERMANENTE PARA UN DESTINATARIO CONCRETO — MENSAJE CERRADO QUE PUEDE OBTENERSE POR PETICIÓN — MENSAJE A RECEPTORES FUTUROS (PERIODO PREFIJADO) — MENSAJE A RECEPTORES HIPOTÉTICOS —

Son las variantes que se dan en cuanto a participantes en el hecho comunicativo: la dualidad EMISOR / RECEPTOR.

PERSONA / PERSONA — PERSONA / ANIMAL — ANIMAL / PERSONA — MÁQUINA / PERSONA — PERSONA / MÁQUINA — MÁQUINA / ANIMAL — MÁQUINA / MÁQUINA — PERSONA / RECEPTOR INDEFINIDO — MÁQUINA / RECEPTOR INDEFINIDO

Son las variantes que se dan en cuanto a número de emisores y receptores y la predeterminación o no de los segundos.

UN EMISOR / UN RECEPTOR ELEGIDO — VARIOS EMISORES / UN RECEPTOR ELEGIDO — UN EMISOR / VARIOS RECEPTORES ELEGIDOS — VARIOS EMISORES / VARIOS RECEPTORES ELEGIDOS — UN EMISOR / RECEPTORES POTENCIALES — VARIOS EMISORES / RECEPTORES POTENCIALES…

Quizá algunas de estas variantes puedan sorprender, pero la comunicación, con todos los elementos antes citados, puede darse en muy diversas situaciones, con diferentes recursos y con distintos participantes. Añado aquí algunos ejemplos más a los ya citados en este mismo post:

  • Una avioneta vuela llevando atado a su cola un cartel con un mensaje publicitario.
  • Una patrulla de acrobacias aéreas dibuja banderas, iconos sencillos e incluso letras o palabras breves en el aire con humo o vapor de propulsión.
  • Un dispositivo GPS lanza distintos mensajes al conductor según por dónde circule el vehículo.
  • Un aparato de fax, al tratar de comunicar con otro, le lanza una serie de sonidos que forman parte de un código.
  • Un perro aúlla cuando pasa una ambulancia con sirenas, aunque no sepamos a quién dirige su mensaje.
  • Una marca de cerveza utiliza el soporte de sus latas para hablar de su historia a sus consumidores.
  • Una persona dibuja mensajes sugerentes en la arena de la playa, dirigidos a los paseantes en general o a una persona querida en particular.
  • Una persona escribe un mensaje con el dedo en el vaho de un cristal (en la ventana de una casa o la ventanilla de un automóvil).
  • Una pareja dibuja con una navaja unos símbolos y textos amorosos en la corteza de un árbol.
  • Los músicos de una orquesta frotan los zapatos en el suelo en una pieza musical mientras la percusión rasca unos metales, simulando en conjunto el sonido de unos esclavos que caminan arrastrando los pies con grilletes y cadenas.

Incluso las células de nuestro cuerpo se intercambian información mediante métodos físico-químicos.

Podríamos incluso imaginar una comunicación en la que el emisor fuera un animal y el receptor una máquina (dualidad que antes no he mencionado): por ejemplo, un suministrador automático de comida y agua para perros que se activara y detuviera, y seleccionara el producto, con un código simple de número de ladridos (ladridos concretos del can en cuestión, ya que estamos en la era de los asistentes de voz y de la indentificación tecnológica). Algunos canes muy inteligentes seguro que aprenderían rápidamente a manejarlo con un poco de entrenamiento pauloviano (a la inversa), en la línea del chiste que inserta Umberto Eco en su tratado de semiótica. Como idea para emprendedores atrevidos la dejo.

Y es que la comunicación puede confeccionarse mediante lenguajes muy refinados que constituyen elaborados sistemas de códigos y reglas o recurriendo a un repertorio cortísimo de signos sencillos con significados simples. Puede sustentarse en soportes muy distintos, algunos habituales, otros insospechados. A veces se dirige a alguien (o algo) concreto y a veces aspira a conquistar cuantos más receptores pueda. La hay estandarizada, creada sin pensar en lo que diferencia a los receptores potenciales, y también personalizada, configurada ad hoc para los elegidos como destinatarios. Puede partir de un ser humano, de un animal o de una máquina, y dirigirse a cualquiera de estos entes, y ser tanto la mera repetición o combinación de mensajes ya creados como tratarse de una composición de nuevo cuño. Cabe que sea única e instantánea (la que o se capta o se pierde), o bien permanente, puesta a disposición de los potenciales receptores durante un tiempo prefijado o de modo indefinido. Incluso puede ser un ejercicio de autocomunicación, cuando emite el mensaje el mismo que lo ha de recibir, captar, analizar e interpretar, o siempre que alguien procesa su propio mensaje antes de enviarlo.

Pero no necesariamente será un negocio exitoso. A veces no llegará al receptor, o este la ignorará, o no la entenderá, o incluso el propio emisor se desconcentrará y olvidará lo que dijo y cómo lo dijo. A veces se quedará en mera intención.

Porque esa es la clave de todo. La intención.

Mensaje y contexto

Aún no he hablado del contexto —solo lo he mencionado—, a pesar de que en todas las visiones doctrinales dominantes se considera un integrante del hecho comunicativo.

Como he dicho al principio, este post no es un análisis a fondo de la comunicación ni mucho menos un texto académico de alto rigor semiótico, sino algo con muchísimas menos pretensiones: una reflexión a modo de introducción de una lista de los principales conceptos, ámbitos, disciplinas y corpus normativos o descriptivos que nos han permitido a lo largo de los años entender mejor el fenómeno de la comunicación en todas sus facetas.

Pero antes de iniciar esa lista le voy a dedicar unas pocas líneas a eso del contexto.

Empiezo con más ejemplos (ya amenacé con que esta sería una entrada llena de ellos):


  • Un silbido en un evento puede entenderse como una crítica, pero en algunos ambientes es una modalidad del aplauso que significa lo mismo que este pero incrementado, acercándose a un ¡bravo! La compañia de otros signos puede condicionar su sentido y la propia intención del emisor (no es lo mismo que se combinen con aplausos que con pateos o insultos).
  • Con ciertos límites, los insultos y las palabras gruesas no tendrán la misma consideración si se producen en una grada de fútbol, en una sesión parlamentaria o en un acto solemne.
  • Una alabanza algo cargada puede interpretarse claramente como una diatriba por el recurso a la retórica, con un uso adecuado de la ironía, o porque se conoce al autor y se le presume la intención.
  • Algunas mujeres de países africanos emiten unos sonidos bucales fuertes, agudos y continuados (un ulular denominado zagharit), mientras que hay lugareños de tierras vascas que sueltan igualmente en ocasiones un grito muy parecido (el irrintzi), ambos con significados que pueden ser diversos según el momento: bienvenida, alegría o tristeza, homenaje, despedida, parte de una liturgia, indicación del momento culminante de algo…
  • Un comentario humorístico en un funeral puede ser aceptado si es fino, moderado y con cierta carga reflexiva, como modo de romper la tensión, pero no si se repite, se usa un tono grueso o es en exceso sangrante. En cambio, en un teatro de mónólogos ese mismo chiste no aceptado en el sepelio funcionaría mejor, porque se espera un mayor atrevimiento y grosor de tono, y si el humor se queda corto y no es chocante, inesperado e incluso algo molesto, provoca menos risas.
  • El uso de un lenguaje muy culto, con términos muy rebuscados, puede ser considerado como pedantería en una conferencia divulgativa o en un debate televisivo, mientras que el recurso a un lenguaje muy llano, sin tecnicismos, puede ser denostado si es el elegido para una tesis doctoral, un artículo científico o un discurso de ingreso en una institución literaria o artística.
  • Dos personas pueden estar hablando de un tema y en el fondo estar refiriéndose a otro de modo metafórico (lo que en técnica guionística se denomina subtexto), con el fin de evitar lo explícito o que alguien que está presente entienda el significado real.
  • Una conversación muy subida de tono, con intercambio de palabras gruesas, puede ser un serio encontronazo entre dos personas o solo teatro si los que discuten se tienen mucha confianza y gustan de recurrir a un cierto histrionismo.
  • Un error fonético, morfológico o sintáctico no se entendrá igual en un párrafo de un manual técnico, en la parte narrativa o descriptiva de una novela o en el diálogo de un personaje que no es culto (si se nota que su inclusión es deliberada y busca perfilarlo).
  • La utilización coloquial con enfoque positivo de la palabra manada ha sido considerada poco oportuna en los períodos siguientes a ciertas agresiones recientes y a los subsiguientes juicios, aunque en textos técnicos (zoológicos, etológicos…) nadie habrá tenido problema alguno en seguir utilizándola, sin miramientos.
  • Un accidente personal en un acto (por ejemplo, un recital, unas fiestas populares) puede deslucir la continuidad de este e influir en que lo que podría haber sido agradable y humorístico ya no pueda provocar esos efectos.
  • Una defensa imparcial de un acusado (presunto inocente) puede ser mejor aceptada unos días después de que salte la noticia e inunde las portadas de la prensa, cuando la efervescencia crítica de quienes hilan menos fino se reduce y el suflé mediático se desinfla.

El contexto, en la doctrina sobre la comunicación, es un concepto muy complejo al que se le dan muchos significados y al que se mira desde muchos ángulos. Baste decir, porque aquí no lo voy a radiografiar, que es un factor que puede modificar el sentido de un mensaje, o, por decirlo de modo más constructivo, que puede influir en la interpretación de este, por lo que, en la medida en que sea posible, debería tenerse en cuenta en su propia composición y en la elección de los momentos, modos y medios.

El contexto es siempre (incluso por etimología) un combinado de factores y elementos. Puede componerse de ambientes, decorados, personas presentes, personas famosas, referentes personales (héroes, mártires, víctimas…), hechos recientes, anécdotas y acontecimientos (traídos por la memoria o registrados ya como historia), leyendas, mitos, bulos, noticias dominantes, scoops recién salidos de horno, textos, dichos, opiniones, declaraciones, manifestaciones, reivindicaciones, confesiones, señales, paisajes, entornos, edificios, espacios, escenarios, objetos, muebles, decoraciones, intensidades lumínicas, colores, ruido o silencio, intencionalidad de los actos, momentos concretos de los actos, previsiones, tradiciones, precedentes, normas, actividades simultáneas permitidas, riesgos, expectativas, miedos, prédicas agoreras, efemérides y fechas señaladas…

El contexto a veces interfiere, modifica, influye, condiciona, da y quita sentidos, aporta matices, ofrece opciones o elimina algunas, tapa, disfraza, desenmascara, despeja, diluye, enfatiza, amplía o reduce efectos, mata ruidos o los acentúa, crea decepciones o activa entusiasmos, atenúa, exacerba…

Los propios modos y medios son contexto: los utilizados y también los alternativos no utilizados.

Así, la cubierta de una novela, la ilustración de esta, el tamaño de la fuente, el interlineado, la intensidad de la tinta, los márgenes, el texto de la contracubierta, las ilustraciones interiores (si las hay), la publicidad, las críticas… son factores que casi inevitablemente condicionan en alguna medida la lectura. Un libro de terror con cubiertas negrísimas y alguna imagen tenebrosa no se encararía igual que el mismo libro si tuviera una edición en blanco impoluto. Y no significa lo mismo un mismo mensaje amoroso tallado en el dorso de un anillo de oro, escrito en un e-mail, mensaje de móvil, carta manuscrita o post-it, marcado en la arena de la playa, dibujado en un espejo con lápiz de labios o pintado como grafiti en una pared.

Si sumamos todo lo que puede conformar ese CONTEXTO a todas las variantes que hemos visto en los elementos de la comunicación (los TIPOS de EMISORES y de RECEPTORES, las SITUACIONES en las que se da la INTERACCIÓN, la INTENCIONALIDAD COMUNICATIVA, los SOPORTES y los MODOS de FIJACIÓN o EXHIBICIÓN de los MENSAJES, los MEDIOS…), tendremos una idea de lo multifacético que es el hecho comunicativo.

¿Qué lo estudia, lo explica y nos hace entender cómo funciona?

Pues un conjunto enorme de disciplinas que tratan de describir sus elementos, de ilustrarnos sobre cómo se ha utilizado y cómo se utiliza, de regular o recomendar cómo deben manejarse sus recursos, y de presentar estos bien clasificados, con sus usos y significados.

Así, además de esas disciplinas, y fruto en parte de estas, tenemos conceptos, campos de estudio y análisis, aportaciones doctrinales, ámbitos de actividad, cuerpos descriptivos, normativos y orientativos, catálogos y repertorios de recursos…, que nos ayudan a entender cómo se fabrica y se consume la comunicación, y a elaborarla.

Con todo este mundo he compuesto la lista a la que dedico los siguientes posts (en el fondo uno solo, distribuido en varias dosis para evitar una única publicación demasiado extensa).

Vayamos a por la lista, que he denominado la galaxia comunicativa.