Modos de resaltar, enmarcar y enfocar texto

En la escritura hay distintos modos de destacar fragmentos de texto —letras, palabras, expresiones, enunciados y párrafos— dándoles un sentido diferente al resto del contenido en el que aparecen. Ello puede conseguirse mediante el añadido de ciertos signos gramaticales o variando la forma de las palabras o su modo de presentación en la página, pantalla o soporte diferente.

Mi interés al abordar esta entrada es fijarme en algunos recursos que pueden utilizarse para destacar partes de un texto y darles cierto carácter diferencial en la lectura. Pero voy hacerlo en un ciclo que va de lo concreto a lo general, para acabar de nuevo en lo concreto.

Así, en el presente post me detengo un momento frente al abanico de posibilidades que existen para resaltar, enmarcar o enfocar partes del texto; en los siguientes reflexionaré sobre algunas actividades, disciplinas, cuerpos normativos y compendios de conocimiento relacionados con el habla y la escritura, y con la comunicación en general; y, finalmente, volviendo al inicio y cerrando el ciclo, en las dos últimas entradas de la serie me referiré a dos recursos gráficos concretos que sirven para el destacado: uno ortográfico, las comillas, y otro tipográfico, la cursiva.

Dedico este post, como decía, a presentar una lista de recursos que permiten destacar letras, palabras, grupos gramaticales, oraciones, enunciados y párrafos, a fin de resaltar estos elementos —presentarlos con mayor énfasis—, enmarcarlos —señalar el inicio y fin del texto que se presenta con determinado carácter o peculiaridad: título, cita, ejemplo…— o enfocarlos para asignarles un determinado significado o sugerir un sentido que no es el literal.

Confieso que he comenzado la entrada violando en el tercer párrafo las reglas sobre las cursivas que detallaré en el tercer post de la serie, utilizando tres de ellas con mera función de énfasis, de modo heterodoxo, fuera de las recomendaciones de la mayoría de los libros de estilo.

Vaya por delante, por tanto, como confidencia, que en estos mismos textos yo no respetaré al cien por cien los criterios o reglas expuestos sobre esos recursos. El motivo lo comentaré en esos otros posts, aunque adelanto que tiene que ver con la flexibilidad que, en mi opinión, debe (o puede) tener la comunicación escrita en los diferentes ámbitos y medios en los que se produce y en los distintos productos que se componen mediante contenidos textuales.

Caligrafía y tipografía

Cuando solo se practicaba la escritura manual, no existía la tipografía, pero en la medida en que la escritura fue saliendo de las piedras y tablas de arcilla para aterrizar en otras superficies más dóciles (pergaminos, papiros…), fue adquiriendo carta de naturaleza la caligrafía.

Aunque esta ha buscado siempre la belleza de la escritura —esa es su función, y la esencia de su definición—, en sentido amplio, forzando su significado, podemos englobar en ella todo modo de reflejar por escrito letras, palabras, oraciones y enunciados mediante utensilios de imprimación de uso manual, sea más o menos estético el resultado.

La historia de la escritura en Occidente parte de las letras etruscas y su reinterpretación romana, y va pasando de manera gradual de los signos cuadrados (como nuestras mayúsculas) a la incorporación de letras de trazo más fino o con redondeos de forma (estilos rústicos, cursivos…), más tarde a los alfabetos de estilo carolingio, gótico, renacentista…, y luego al moderno, un mundo mucho más rico en el diseño de grafemas, en el que habrá ya diferentes modos de dibujar las letras y las palabras.

Así, históricamente se fueron creando estilos caligráficos seguidos con disciplina por escribientes y amanuenses, y luego, a lo largo de los siglos, también se han ido sumando millones de estilos flexibles en las obras de los comunicadores no ágrafos de cada época, siguiendo los referentes caligráficos y reinterpretándolos con creatividad (o por relajación de la disciplina), o atacando los escritos con formas personales y libérrimas, a veces voluntarias, lúcidas e impactantes, otras solo voluntariosas, apenas funcionales e incluso en ocasiones casi ilegibles.

Y es que cada mano, cuando escribe con alguna herramienta capaz de imprimir letras o signos en una superficie, decide cómo lo hace, creando un modo de dibujar esos elementos. Hay una caligrafía de cada redactor, que acaba diseñando su propio tipo de fuente: su letra.

Dicho esto, creo que no me alejaré mucho de la realidad si digo que el arte de los copistas y amanuenses medievales, muchas veces radicados en conventos y monasterios, tuvo ya algo de tipográfico.

Si una mano firme, paciente y habilidosa es capaz de replicar cada letra capital y cada una de las restantes letras de cada línea manteniendo la homogeneidad dentro de un determinado modo ya ensayado de exponer el alfabeto —en la línea de trazo, en los demás componentes del dibujo de cada letra, en la dimensión de la línea, en los espacios entre palabras…—, eso es casi tipografía. Y si esa homogeneidad cuaja en un canon estético de letras y signos que se considere bello y, por tanto, merezca la réplica, eso también será, en su esencia, tipografía. Tipografía manual, imperfecta, no replicada sino restaurada, con lentitud, con muchísima lentitud…; con deleite; con amor; tipografía avant la lettre.

Será con la imprenta —invento que en Occidente se produce en el siglo XV, aunque con un origen oriental algo más antiguo— cuando esa idea de la belleza y la diversidad replicables cobre toda su naturaleza dando lugar al término citado, tipografía, que alude al procedimiento de impresión con máquinas y al diseño de las letras y signos que se incorporan a las piezas que, tintadas, han de servir para componer el texto que se imprimirá.

A ello se unirán siglos después los aparatos para impresión de uso individual, las máquinas de escribir portátiles, también basadas en tipografías accionadas mediante un teclado —manuales y después eléctricas—, anticipo de lo que, años después, se disociará en el mundo digital en dos ingenios: los ordenadores, creadores de las páginas escritas, conectados a las impresoras en las que, primero matricialmente (por impacto) y luego con rosetas escupidoras de tinta (inyectoras) o rodillos impregnados de polvo (tóner), se crearán las páginas impresas.

Esa evolución es la que llevó a la caligrafía, con numerosas variantes estéticas, a estandarizarse insertada en piezas y en teclas —la tipografía—, y más tarde en códigos informáticos accionados por teclados o incluso por la propia voz, volviéndose tipografía digital.

La caligrafía manual lo admitió todo —letras rectas e inclinadas, mayúsculas y minúsculas, signos de todo tipo, variantes de forma en un mismo texto…—, y la tipografía también lo acabó permitiendo, anticipando del todo la decisión clave, previa a la escritura: la elección del tipo de fuente, del tamaño y de otros rasgos de forma y estilo.

Pero, pensando en los recursos que existen para destacar unos textos de otros, que es lo que examino aquí, no sucede lo mismo en la escritura manual, la impresión clásica de linotipias e imprentas, la escritura con máquina portátil y la impresión digital con dispositivos matriciales, de inyección de tinta o con rodillos de tóner.

Muchas ideas destinadas a destacar texto son mentalmente caligrafía, pero otras son más bien tipografía, o fruto de diseños que no afectan directamente al texto, porque hay bastantes diferencias entre la escritura manual y la mecanizada y entre esta y la dominante en la era digital.

Veamos ahora unos cuantos recursos que permiten destacar texto, sin diferenciar modos de escritura (manual, en máquinas de escribir, en impresión clásica o en tipografía digital), antes de finalizar la reflexión.

Recursos para destacar fragmentos de texto

Como he dicho, el destacado puede ser un resaltado (que llama la atención sobre el fragmento), un enmarcado (que de algún modo caracteriza ese fragmento) o un enfoque (que da un cierto significado o sugiere un criterio interpretativo).

Los principales recursos son los siguientes:


MAYÚSCULAS

Además de la utilización de letra MAYÚSCULA para iniciar frases (enunciados), la mayúscula (o letra de caja alta) puede servir para destacar una letra, palabra, oración, grupo gramatical o frase completa.

Así, no solo se utiliza para títulos, sino que también tiene usos dentro de un texto ordinario. Es un recurso válido tanto para la escritura manual como para la tipográfica. En cuanto a la tipografía, hay fuentes que solo contienen mayúsculas— por ejemplo, algerian, orbitron, castellar, stencil, goudy stout o Perpetua Titling MT—, pero, en general, las más utilizadas para la redacción y la edición contienen ambos tipos de formato y es el redactor el que elige cuál utiliza en cada momento (para iniciar frases o para destacar letras, palabras, oraciones…).


NEGRITAS

También conocidas como negrillas. El término no alude al color negro, sino al grosor del trazo de la letra. La letra negrita es más gruesa y por eso destaca sobre las demás. Puede ser negrita una letra en color negro, gris, rojo, azul, verde

Como recurso, se utiliza más para palabras o expresiones cortas que para enunciados o párrafos. Sí es frecuente que se marquen en negrita ciertos títulos, para destacarlos junto a un tamaño mayor de fuente o incluso a una fuente distinta al resto del texto, pero en tal caso el efecto negrita se diluye en el cambio de estilo y ya no destaca como negrita, sino por la distinción del estilo conjunto elegido.

Con la tipografía, algunas fuentes presentan variantes en trazo grueso (bold o extrabold), e incluso pueden incluir también versiones con el trazo más fino que en la letra ordinaria (light o extralight), o versiones más o menos condensadas.


CURSIVAS

La letra cursiva, también llamada itálica o bastardilla, es también, desde la aparición de la tipografía, una modalidad de fuente (dentro de algunas familias), y supone que la letra aparezca ligeramente inclinada hacia la derecha. Existen así versiones itálicas de algunas fuentes, como también hay otras en negrita (bold) o en trazos finos (light).

Pero, como recurso de destacado, la cursiva es utilizada para marcar palabras, expresiones o frases dentro de textos en letra redonda. En algunos casos, este resalte es alternativo a las comillas, mientras que en otros se prefiere elegir estas (a veces incluso lo recomienda la propia RAE).


REDONDAS

La letra redonda es la ordinaria, no inclinada, que se utiliza con preferencia en todos los escritos (con la fuente que se haya elegido). No obstante, en fragmentos de texto que se presenten en cursiva la letra redonda toma la función de la cursiva para crear el destacado (resaltado, enmarcado o enfoque).


COMILLAS

Son fundamentalmente un signo de «enmarcado de un fragmento de texto» para presentarlo con alguna característica, como tratarse de la “cita de una obra o de un comentario”, del reflejo de un pensamiento, de una ‘expresión habitual’, de un sobrenombre…

En los textos editados más formales se suele respetar la ortodoxia sobre lo que debe presentarse entre comillas o en cursiva, pero en la redacción periodística —sobre todo de prensa impresa, pero también en la digital— las comillas suelen conquistar posiciones y, por ejemplo, cubren la función de las cursivas en los titulares y subtítulos, e incluso, aunque no esté tan generalizado, en los textos de los artículos.

En cambio, en textos soportados en espacios digitales (sitios web de empresas, blogs…), la cursiva suplanta a menudo a las comillas cuando se pretende el enfoque y no el enmarcado. (A este recurso le dedico el post siguiente a este).


SUBRAYADOS

El subrayado simple es un recurso poco utilizado en la redacción, pero que puede resultar útil ocasionalmente para destacar palabras, especialmente si hay otros destacados cercanos (negritas, MAYÚSCULAS, cursivas…) o cuando en un escrito funcional en el que no es prioritaria la sobriedad y la elegancia se precisa un destacado visualmente muy marcado (por ejemplo, en dosieres, notas técnicas, hojas informativas…). Puede optarse por el subrayado de palabras o por el que incluya también espacios entre palabras.

También existe el doble subrayado, pero se utiliza mucho menos (queda dentro del conjunto de efectos visuales adicionales que pueden aplicarse excepcionalmente en un texto).


VERSALITAS

Es una modalidad de mayúscula que tiene menor dimensión que esas letras de caja alta y por ello destacan menos en la línea respecto de las minúsculas. Su uso habitual es interno dentro de párrafos (por ejemplo, para indicar los acrónimos o abreviaturas de monedas junto a las cantidades), aunque también se utiliza como recurso de estilo para títulos jerárquicos cuando hay tablas de contenidos con muchos niveles y precisamente por ello la diferenciación entre niveles se diluye si solo se aplica el descenso de tamaño de fuente o se vuelve cansina si se abusa de las cursivas.


TACHADO

Es un recurso que tiene utilidad especialmente en comentarios sobre redacción, corrección de textos, para indicar la palabra o expresión que se elimina, o se sustituye o presenta problemas. También es un resalte que se utiliza en los sistemas de revisión de textos con control de cambios.

Generalmente al texto tachado fragmento de texto tachado le sigue el alternativo, a veces con otro destacado.


SANGRÍAS

La presentación de una frase o de un párrafo con varios enunciados con un espacio de sangría permite diferenciarlo del resto del texto. Ello puede hacerse, por ejemplo:

Cuando se trata de una cita (por ejemplo, una frase célebre o del fragmento de una obra).

Cuando es un ejemplo que refuerza una explicación.


VIÑETAS DE LISTA

Las enumeraciones pueden presentarse en listados en los que no solo se utilice una sangría y un alineado, sino que cada ítem vaya precedido por un signo, que puede ser:

  • En la escritura tipográfica, un guión [ ], un punto [ · ], un triángulo [ — ], un circulito macizo [ ] o hueco [ š ], un cuadrito [ ], un ángulo [ ], una flecha [ ]…
  • … o cualquier otra marca icónica sencilla [por ejemplo, , , , , , … ].

VIÑETAS DE LISTA NUMERADA

Responde al mismo criterio anterior de presentar un listado, pero creando una numeración con varias intenciones posibles:

  1. Destacar el número total de ítems.
  2. Crear una enumeración ordenada (etapas, fases, pasos…)
  3. Mostrar una tabla de contenidos (con títulos de primer nivel)…

VIÑETAS JERÁRQUICAS

De nuevo el resurso responde al mismo criterio, pero ahora aplicable cuando hay que mostrar grupos y subgrupos. Los objetivos más habituales son:

  1. Mostrar tablas de contenidos compactas con varios niveles de títulos
    • Con varios niveles numerados
    • Con combinaciones de números y letras (1. — A — a)
  • Diferenciar niveles en presentaciones de ítems con viñetas
    • Con combinaciones de signos:
      • Guiones
      • Círculos
      • Recuadros…)
    • Con combinaciones de números, letras y signos

FLECHAS E ICONOS DE SEÑALIZACIÓN

En este caso, se utiliza el signo señalizador no para destacar ítems de una lista, sino para enfocar un solo ítem que tiene una característica vinculada a lo indicado en el párrafo anterior:

Es un ejemplo, un caso, un supuesto, una excepción…


ALINEACIONES

Cuando se utilizan sangrías sin viñetas, la alineación sangrada alineada a párrafos previos también sangrados orienta sobre a qué nivel pertenece cada fragmento de texto. Cada sangría sugiere un nivel y una dependencia, pero también contribuye a destacar de ideas.

Enunciado 1

Enunciado 2

Enunciado 3

Enunciado 4


RAYAS (GUIONES LARGOS)

Permiten caracterizar un fragmento del texto como:

—Diálogo (lo que dice un personaje)

Inciso de diálogo —o sea, acotación o comentario sobre un diálogo.

Inciso de frase —recurso equivalente al inciso entre comas o entre paréntesis— que permite aclaraciones, detalles y matices en las explicaciones, descripciones y narraciones.


PARÉNTESIS Y CORCHETES

Son recursos — ( … ) y [ … ] — que se utilizan normalmente dentro de un enunciado, para separar incisos (ver las entradas Cómo se usan los paréntesis y los corchetes y Paréntesis y cursivas: roces, espacios, criterios y coherencia, dedicadas a estos signos).


RECUADROS DE TEXTO

Son cajas (boxes) de texto, es decir, espacios contenidos por un borde más o emnos grueso, normalmente cuadrados o rectangulares (aunque pueden revestir otras formas), dentro de los cuales se ubica el texto. Pueden tener fondo blanco o de algún otro color.

Permiten destacados en la página y sirven para romper la rutina visual, y también aportan flexibilidad, ya que dan oportunidad al lector a anticipar la lectura de ideas fuerza, detalles, incisos o resúmenes.



FONDOS DE COLOR

Son destacados similares a los recuadros de texto, pero con color diferente al blanco (o al ordinario de la página o pantalla), sin contorno.

Permiten también destacar texto, romper la rutina visual y flexibilizar el orden de lectura del texto.

TABLAS

Aunque son un recurso muy específico para colocar textos alineados en celdas que se vinculan (creando filas o columnas que responden a un tipo de contenido), por lo que trasciende a la mera intención de destacar texto, la tabla también puede utilizarse únicamente como recuadros seguidos (filas), para mostrar ideas de modo más llamativo u ordenado (en una columna o en varias):

Pueden ser listados
También puede tratarse de simples encadenados de explicaciones breves
Explicación 1 Explicación 2 Explicación 3

IMÁGENES CON TEXTO

El soporte de un fragmento de texto puede ser también una imagen que permita la ubicación asegurando la legibilidad.

En cuanto a la imagen, tanto puede tratarse de una fotografía como de un icono o pictograma o de una silueta, y funcionaría de hecho como un recuadro de texto.

Y respecto del texto, se pueden ubicar en la imagen palabras o ideas breves o un texto más largo si la imagen es adecuada para contenerlo manteniendo la legibilidad.


CAMBIOS DE FUENTE Y DE TAMAÑO DE FUENTE

Los textos elegantes no combinan muchas fuentes distintas (salvo que se busque algún efecto llamativo en diseño gráfico), pero sí es habitual que se altere el tipo de fuente en títulos y subtítulos, e incluso, aunque es muy poco frecuente, en palabras o expresiones.

Título (arial black)

Subtítulo (arial)

Texto ordinario (open sans)


CAMBIOS DE TAMAÑO DE FUENTE EN EL TEXTO

Es habitual para títulos y subtítulos, tanto en tablas de contenido como en los propios encabezamientos de esas secciones, pero en el texto ordinario es raro que se varíe el tamaño a uno mayor, aunque sí es frecuente que algunos párrafos, a menudo sangrados, tengan un tamaño menor con la misma fuente.

Por ejemplo, explicaciones o comentarios de detalle que no se consideran prioritarios en una lectura rápida del texto, o ejemplos, referencias laterales, citas…


CAMBIOS DE COLOR DE FUENTE

Es un recurso poco utilizado en textos ordinarios, aunque puede servir para destacar algún título o alguna palabra que quiera enfocarse para comentar algo sobre ella.

No suele utilizarse en medios de comunicación, aunque sí en blogs o sitios temáticos.


VARIANTES DE ESTILO DE LÍNEA O TRAZO EN LA LETRA

En la tipografía digital, sin necesidad de cambiar la fuente, es posible aplicar a las letras algunos estilos para destacarla.

Estos son algunos estilos habituales en los procesadores de texto más utilizados. Obviamente, en diseño gráfico hay infinitas posibilidades para destacar texto con variaciones de grosor de línea, trazo, sombra, degradados, huecos, dimensiones, torsiones…


SINGULARIDAD DE LETRAS INICIALES

Con reminiscencias de la letra capital de los escritos religiosos medievales, en la edición impresa actual (tanto de libros como de prensa) también se usa a veces la letra inicial diferenciada (de tamaño grande y en ocasiones diferente tipo de fuente) para iniciar un texto. No tiene otra utilidad que la estética, por lo que en función de destacado apenas tiene aplicación (más allá de lo ya dicho en lo relativo a las mayúsculas).

COMO variante, puede utiizarse una palabra completa en letra mayúscula para iniciar capítulos.

EJEMPLO: podríamos imaginar un escrito en el que que esa idea destacada fiuera siempre la clave de la explicación que sigue.

REQUISITO: que ese criterio se repita en párrafos o capítulos seguidos.


No he mencionado aquí signos como la barra, el guión bajo, el signo igual, el signo de párrafo, el calderón o el asterisco porque no son propiamente elementos que tengan como objetivo caracterizar el texto, aunque, con creatividad o en algunos textos lingüisticos puedan utilizarse algunos en ciertos casos (por ejemplo, como iconos en listas o señalando ideas separadas, para indicar un error, para iniciar un comentario o aclaración…).

El siguiente post incluye una reflexión breve sobre algunas disciplinas relacionadas con la comunicación, la lingüistica y la edición.